
El nuevo ministro de minas Omar Camacho tiene unos antecedentes académicos que lo califican para el cargo. Es ingeniero eléctrico, licenciado en física, con maestría en administración de la energía y fuentes renovables y está haciendo un doctorado. Si con esas calificaciones, Camacho hubiera estado trabajando en una petrolera o en una empresa del sector eléctrico, la reacción general hubiera sido de aceptación. Pero no, Camacho es de las entrañas del petrismo. Miembro del movimiento Marcha Patriótica, estuvo en la lista cerrada de Comunes como candidato a la Cámara por Bogotá y fue miembro de la unidad de apoyo legislativo de María José Pizarro. Descalificado pues por los medios y las bodegas de oposición. Sus ideas lo descalifican. Mal. El presidente Petro ha resuelto nombrar en el ministerio de minas y energía a una persona que represente su pensamiento en materia de cambio climático y transición energética. ¿Por qué habría de ser diferente?
Petro está convencido que Colombia debe acelerar la transición hacia una economía productiva y no extractiva y que tiene que cambiar su matriz energética para que la mayoría, si no toda, la generación sea con fuentes de energía “limpias”. Cree que el futuro de Colombia es el hidrogeno verde. Son dos muy claras líneas de acción para el sector de minas y energía.
Por una parte, el presidente quiere disminuir la participación de los hidrocarburos en los ingresos de la nación y reemplazarlos por otras fuentes de ingresos como el agro y el turismo. Suena muy bonito, quijotesco eso sí. En una semana en que las canículas extremas, las lluvias torrenciales y los incendios forestales nos muestran sin piedad los devastadores efectos del calentamiento global, para quienes aceptan que la causa primordial (hay quienes no) del cambio climático son las emisiones de gases de efecto invernadero, la idea de acelerar la transición energética tiene todo el sentido del mundo. Pero, y siempre hay uno, que dice que para que la transición energética tenga algún efecto, los que deben cambiar su “matriz” son los grandes consumidores de energía: China, Estados Unidos e India, y poco o nada contribuirá al urgente cambio global el que un país como Colombia se apresure a modificar la suya. Suena bonito.
Petro se siente importante, asunto fundamental para narcisos como él, paseándose por el mundo, lleva 23 viajes internacionales, hablando de cambio climático y de transición energética. Y trae al ministerio de minas a una persona que tiene los pergaminos para ejercer el cargo en su gobierno. Su formación profesional lo califica para el cargo y su ideología lo recalifica. Y punto. Poco importa que apresurar la desinversión en el sector minero energético sea altamente perniciosa para las finanzas públicas al no haber fuentes de ingresos que reemplacen las que generan los combustibles fósiles. Esperar los beneficios del turismo en un país sumido en la violencia es una ilusión y confiar en una acelerada recuperación de un sector agropecuario abandonado a su propia suerte y que se verá enfrentado a los devastadores efectos causados por los fenómenos climáticos que traerá el Niño es una fantasía.
El error no está en el pensao. Si, es necesario que el gobierno colombiano se prepare para hacer la transición energética. Si, es importante que Colombia aproveche su privilegiada situación para volverse líder en la producción de energías limpias. Pero del afán no queda sino el cansancio. Y tiene uno la impresión que Petro esta nombrando un ministro de minas que mantenga el afanado y errático rumbo de la saliente ministra, y que resulte, espera el presidente, menos inepto.
El nombramiento de Omar Camacho es un acierto del presidente que espera implementar su visión. La que no es necesariamente acertada es la visión.
El otro anuncio de este fin de semana es el de la designación de Salvatore Mancuso como gestor de paz. Sorprendente. No veo que pueda aportar un asesino del talante de Mancuso a la maltrecha Paz Total. No parece posible que Mancuso pueda ejercer influencia alguna sobre los grupos delincuenciales con los que Petro quiere pactar. A falta de una ley de sometimiento no hay ni siquiera un marco legal que permita que el confeso paramilitar pueda ejercer función alguna. Si veo, en cambio, que a Petro le puede servir tener a Mancuso cantando y acusando a sus enemigos para utilizarlo como cortina de humo para tapar el fracaso de una política de paz total, que, como la política minero-energética, es apresurada y mal planeada.
España
Desde una muy superficial visión, se me ocurre que el resultado de las elecciones del 23J, como les ha dado por decirle a los acontecimientos en España, tristemente copiado por los cronistas locales que se refieren a las protestas de 21N, a referirse a violenta jornada de protesta del 21 de noviembre de 2019, referencia que muchos lectores y analistas entiende como si se tratara del “levantamiento social de 2021”. Uy me desvié. Regreso, se me ocurre que el resultado de las elecciones del domingo 23 de julio de 2023 en España es interesante. No tengo ni idea como se vaya a resolver el “impase” pero me parece que se ha presentado un fenómeno muy interesante que seguramente Pacho Maturana hubiera explicado como “perder es ganar un poco” en el caso del PSOE y los progres y como “ganar es perder un poco” en el caso del PP y los “fachos” de Vox. Y si, al final del día, todos ganan o todos pierden. El PP y el PSOE que representan el pensamiento “moderado” de la derecha y de la izquierda en una España polarizada, mejoraron, sustancialmente el PP y menos el PSOE sus resultados electorales en comparación con 2019. El fracaso de Vox, estruendoso, y de SUMAR que reemplazó a Unidas Podemos y sumó (SIC) a otros 19 movimientos progresistas consolidaron la hegemonía de los dos partidos tradicionales de la política española, los votos de los extremos se desplazaron hacia la moderación.
Por el lado izquierdo, el PSOE ganó dos escaños, Sumar cedió 7 escaños y ERC cedió 6. La coalición de izquierdas que tenía, en 2019, 171 escaños (70% del PSOE) ha quedado con 160 (75,8% del PSOE). El caso es aún más marcado en el lado derecho. La coalición de derechas tenía 141 escaños en 2019 (63% del PP) ha quedado con 169 escaños (80% del PP).
La mayoría absoluta de la Cámara de Diputados que es donde se define la “investidura” del presidente del gobierno español es de 176 escaños. A la coalición de la izquierda le faltarían 14 votos para lograr la mayoría y la derecha le faltarían 8. Así, sin alianzas adicionales no habrá la posibilidad de consolidar una mayoría que permita la formación de un gobierno, habría que convocar nuevas elecciones en diciembre. Ayer escuchaba a un vocero del PP que decía que lo único que le piden a la izquierda es que los dejen gobernar ya que ellos ganaron la elección. Pedro Sánchez se declaró victorioso en la noche del 23 cuando anunciaba que la coalición de derechas había sido derrotada. Yo no tengo ni idea como funciona el cuento de las coaliciones en España. Tengo entendido que el fiel de la balanza acabaría siendo el partido Junts per Catalunya, del exiliado Carles Puigdemont.
Por ahora España se dedicará a enfrentar la canícula. A partir del 16 de agosto empieza el bailongo. Veremos.
Cucharadita
Arde el mediterráneo, Rodas, Corfú, Creta, Sicilia, Grecia, Túnez y Argelia. Se pregunta uno si se justifica sostener una discusión teórica sobre los orígenes del calentamiento global. ¿No sería mejor tomar las medidas que se pueden tomar como por ejemplo, disminuir la emisión de gases de efecto invernadero de una forma drástica, así esas emisiones no sean al única y exclusiva causa? Daño no haría.
Por: Juan Mnauel Urrutia
Twitter: @juanmaurrutiav1
