
En esta columna he sido extremadamente crítico de lo que considero criticable. En primera lectura me parece que el traslado del Gobierno a la Guajira ha tenido resultados positivos. Casi que me atrevería a decir que es esta la primera vez que el gobierno de Petro, gobierna. Es una apuesta que se articula con lo que busca el gobierno regional, dice la gobernadora. Se trata de gobernar, la Guajira no ha sido gobernada, a ver si ahora sí. Por ahora los anuncios del presidente son, eso, anuncios. Toca ejecutar e implementar.
El sur de la Guajira es una despensa de alimentos y la fuente de agua para el norte el departamento, y parte del esfuerzo inmediato es reactivar y completar la represa del Ranchería. Ahí si se debe, y puede, aplicar la máxima que promueve Petro que el agua debe ser primero para le gente y luego para los cultivos. Dijo Petro, en la Guajira hay suficiente agua, lo que pasa es que es mal utilizada y sus predecesores no han hecho nada, a ver si él sí.
La historia de la represa del río Ranchería es uno de los ejemplos más contundentes de la incapacidad del Estado colombiano. Elefante blanco de mayores proporciones, la construcción de la represa inició en 2005 y quedó parada en 2010. Y ahí está. Ojalá los decretos de emergencia que anuncia Petro puedan establecer condiciones para que se complete esa obra. Puede que sea tarde. Es triste pensar que pasamos una temporada de lluvias intensas de tres años seguidos y que es agüita podría estar almacenada en un sistema alimentado por la represa y que a la población de la Guajira y del norte de Cesar tendrá que enfrentar el fenómeno del niño, y la escases de agua, a palo seco.
La ministra de trabajo, no sé por qué ese ministerio, anuncia el desarrollo de un alimento enriquecido con productos autóctonos que reemplazará la bienestarina. Imagino que el alimento fue desarrollado por algún grupo de ingenieros de alimentos y nutricionistas y que tendrá las mismas calidades nutricionales de la bienestarina y que su producción tendrá las condiciones de seguridad y sanidad que demanda un proyecto de este tipo. No basta con anunciarlo, hay que producirlo, distribuirlo y asegurar que niños y niñas sean quienes lo consumen.
Agua, alimentación y nutrición son los problemas fundamentales que enfrentan los niños y las niñas de las comunidades de la Guajira. Es bien importante que el presidente y su gobierno convenzan a las comunidades que por años han puesto toda clase de trabas.
Ya se aseguró el gran proyecto de transmisión de energía que permitiría llevar a los demás departamentos de la costa caribe las energías limpias que se deberían producir en la Guajira. Esa autopista para el transporte de las energías que podrían, nuevamente, mitigar los efectos del fenómeno del niño, por ahora no tiene energía para transportar porque las comunidades se han opuesto a la construcción de las “granjas” eólicas y solares que podrían llegar a producir suficiente energía limpia para que Colombia se enrutara en la vía de la transición energética que tanto cacarean la ministra de minas y el presidente. De nuevo, ojalá la ministra de ambiente, una de las mejores del gobierno y la de minas logren las concertaciones que destraben los proyectos que beneficiarían a las comunidades en donde se asienten las “granjas” y a la población de los departamentos de la Costa Cariba, eso que llaman un “gana-gana”.
No se cuál sería la razón de hacer una universidad wayuu, pero malo no puede ser. Esperemos que el anuncio de Petro no acabe como el de los colegios durante su alcaldía. Y ni hablar del aeropuerto wayuu, ese si que me suena a demagogia venteada, a menos que simultáneamente sea la estación terminal del tren elevado que va de Buenaventura a la costa Caribe.
La problemática de la Guajira es compleja porque es estructural, histórica y cultural. Recordemos el vallenato de Escalona “allá en la Guajira arriba donde nació el contrabando”. Históricamente, la articulación de las comunidades del departamento se construye desde las economías paralelas y desde unas cosmovisiones diferentes. La construcción de políticas públicas en esas condiciones requiere de enormes esfuerzos de concertación y de convencimiento. Baste con pensar que el avance de eso que en nuestra cosmovisión “occidental” llamamos desarrollo, puede ser amenazante para los líderes tradicionales de las diferentes comunidades.
Es de esperar que los decretos de la “emergencia económica y social” que el presidente está por declarar desde el lunes, tengan en cuenta esa situación.
Eso sí, no entiendo de qué sirve para la solución de la problemática guajira el discurso de Petro, embistiendo contra “los privilegiados” como él, esos que viven en Santa Ana de Chía, que puede ser el barrio de más alto estrato de la zona conurbada de Bogotá y los municipios colindantes. Tampoco sirve de nada que Petro compare las asonadas que se presentan en Paris con esa vaina que ellos llaman la protesta social y trate de establecer una hiperbólica conexión con los falsos positivos. Pero bueno así es él, al que invitan reyes y reinas a que los visite y al que reciben filas de empresarios que quieren invertir en Colombia y a quienes como los de Madrid o los de Dassault Industries en París deja plantados.
Internacionales
Con frecuencia he utilizado la crisis del NHS de Gran Bretaña como ejemplo para criticar el deseo de estatizar la salud de Petro. Se ha dicho que Petro desea estatizar otros servicios que considera públicos. Hay un ejemplo, británico también, que le daría la razón en cuanto a los servicios de agua potable. La empresa Thames (Támesis) Water, que surgió de las privatizaciones de la era Thatcher hace 32 años, está que se quiebra, y si no consigue los fondos para cubrir una deuda de 14 billones de libras esterlinas, será el estado quien tendrá que intervenir para prevenir el colapso que dejaría sin agua a 15 millones de ingleses. No siempre los privados son mejores, y cuando no lo son, son mucho peores. Valdría la pena conocer las prácticas y los salarios, seguramente exorbitantes, de los administradores de la empresa que la llevaron a semejante fracaso. La renuncia inesperada de Sarah Bentley su CEO no es buena señal.
Con el voto a favor de los magistrados conservadores, liderados por John G Roberts y claro, por Clarence Thomas, ambos cuestionados por sus poco éticas prácticas de recibir dádivas de donantes, la Corte Suprema de Justicia de los Estados Unidos acaba de “tumbar” los programas de las universidades de Harvard y de Carolina del Norte, basados en lo que llaman conciencia de raza, es decir los programas que se inscribían dentro de lo que se llamó la “acción afirmativa” que buscaba corregir la inequidad en el accesos a la educación superior para las minorías, especialmente los afroamericanos y los latinos. La sentencia se limita a los programas de las universidades arriba mencionadas, pero establece una jurisprudencia que seguramente dará al trasto con la acción afirmativa en muchas otras instituciones de educación superior. Representando a una minoría liberal, en la que la acompañaron Elena Kajan y Ketanji Brown Jackson, la primera mujer afroamericana, la magistrada Sonia Sotomayor, la primera magistrada latina en la Corte, leyó una ponencia negativa, disentimiento lo llaman en EEUU, en la que sostiene que “La visión de la mayoría (los 4 magistrados conservadores) sobre la neutralidad racial atrincherará la segregación racial en la educación superior porque la desigualdad social persistirá mientras se siga ignorando”. The Washington Post 30 de junio.
Para rematar esa misma corte dominada por la mayoría conservadora, acaba de “tumbarle” al presidente Biden su plan para perdonar cerca de 400 millones de dólares en créditos educativos.
Las imágenes son aterradoras, arden Nanterre y Bobigny y casi todo el departamento de Seine Saint Dennis. Saqueos en varias ciudades francesas a comercios tan populares como Zara o tan elitistas como Louis Vuitton. Eso ya no es una protesta de una comunidad por el aleve asesinato de un joven. Hay un grupo social muy desesperado en Francia y las explosiones son cada vez más frecuentes. El discurso de que se trata de unos desadaptados truhanes terroristas no explica lo que los franceses están viviendo. La juventud, sobre todo de origen magrebí y de otros países africanos se siente discriminada y maltratada por la sociedad y especialmente por las fuerzas del orden. Esos jóvenes no ven oportunidades y con cualquier chispa salen a reventar sus frustraciones contra lo que para ellos son los símbolos de una sociedad que no les responde.
Rusia acabó “regañando” a Colombia, aduciendo que las víctimas civiles, entre ellos tres colombianos, deberían saber que la zona donde estaban es una zona de guerra, y que Rusia considera que tiene derecho a bombardear a la población civil en centros urbanos en donde “descansan” los militares ucranianos. Cinismo ventiado.
Por: Juan Manuel Urrutia
Twitter: @juanmaurrutiav1
