
“Sergio Jaramillo y Héctor Abad ilesos en ¿atentado? en Ucrania”. Las redes sociales se calentaron. La noticia encabezó lo que Caracol TV llama el noticiero central, un programa de una hora de la que 25 minutos se van en comerciales. El presidente Petro está en la Guajira y ayer hizo anuncios importantes, nadie le puso bolas, ni siquiera las bodegas petristas.
Veamos
Sorprende que de la periodista Catalina Gómez que estaba con las dos “celebridades” colombianas casi que ni pío. Catalina Gómez estaba haciendo una nota periodística en Ucrania y fue víctima, como las dos figuras públicas colombianas y cientos de miles de civiles, de un desalmado ataque ordenado por el genocida Putin. Pero esa noticia como que en Colombia no pega, el rating de celebridad de Catalina no está a la altura de Jaramillo y Abad. Ellos mencionaron a Catalina en su comunicado conjunto, yo no entiendo por qué lo de Catalina Gómez ha sido “ignorado”, mencionada a penas “en passant” en los medios. Raro.
Sorprende la ingenuidad de muchos que califican lo que sucedió en Kramatorsk como un atentado. Nada más alejado de la realidad. Lo que sucedió en Kramatorsk, ciudad atacada por segunda vez desde que comenzó el genocidio, es un acto terrorista intencional cometido por un Estado que debería atenerse a la Convención de Ginebra; bombardearon con drones, que es de por si un acto de infinita cobardía, un centro comercial, con el objetivo único e innegable de “castigar” a la población civil ucraniana.
No sorprende el tibio comunicado del Gobierno de Colombia, firmado por el comisionado de paz, que expresa su solidaridad con Jaramillo, Abad y Gómez y se refiere “a los hechos ocurridos en el día de hoy en Ucrania durante el curso de sus actividades”, pero no condena la violación al derecho internacional humanitario por parte del régimen del genocida Putin. Y no sorprende porque ya sabemos que el Gobierno de Colombia, bajo el mandato de Gustavo Petro, simpatiza con el genocida. Ya lo decía el Economist hace apenas una semana, Colombia es el país que más radicalmente ha cambiado su posición con respecto al régimen del genocida. Hasta agosto de 2022 condenaba firmemente la invasión, ahora, no sabe uno con qué objetivo, se ha ido moviendo hacia la “neutralidad” y subrepticiamente hacia el apoyo, adoptando la posición de los líderes de los derechos humanos en la región, Nicaragua y Venezuela.
Afortunadamente la Cancillería interpretó el sentir de una mayoría de colombianos y expresó “su más enérgica protesta por el inaceptable ataque por parte de fuerzas rusas a un blanco civil”.
Tampoco sorprende que las bodegas petristas se apresuren a tratar de lavarle la cara al bombardeo de un objetivo civil por parte de un Estado terrorista. Lo califican de un “acto de guerra” e insinúan que Gómez, Jaramillo y Abad merecían su suerte por “tomar partido” en lo que ellos califican como “esta guerra”.
Ahora bien, tratemos de entender en realidad lo que pasó.
La ofensiva ucraniana comenzó, más no con la dinámica que occidente desearía, sin embargo las tropas de Kiyv han logrado algunos pequeños avances, pero sobre todo no ha habido operaciones militares en tierra exitosas por parte de las tropas regulares rusas. Todos los logros, lentos y costosos de los ejércitos del genocida los ha obtenido el grupo Wagner. Yevgeny Prigozhin, el líder del grupo Wagner, ha tenido agrios enfrentamientos con el establecimiento militar ruso al que ha calificado de corrupto e ineficiente. Sus violentas críticas al ministro de defensa y al comandante de la “operación especial” llevan meses. La semana pasada, aviones rusos bombardearon un campamento de Wagner. Prigozhyn enfurecido se tomó Rostov e inició su avance hacia Moscú con muy poca resistencia en tierra, prueba nuevamente de que el ejército ruso es disfuncional. Los rusos trataron de detener al convoy de Wagner enviando un ataque aéreo con el que deberían haber derrotado a los mercenarios, pero no, como toda operación de combate, que no sea el cobarde uso de bombas y drones contra la población civil y la infraestructura en Ucrania, los rusos fueron derrotados, por lo menos un avión y varios helicópteros fueron derribados.
Y si no es por Lukashenko, quién sabe hasta dónde hubiera llegado Prigoshin.
De todo esto salió Putin debilitado y mal librado y claro, como cada vez que las cosas le salen mal, lo que sucede con mucha frecuencia en esta guerra que iba a ganar en semanas y que parece estar perdiendo o por lo menos empatando, el genocida manda a “castigar” a la población civil ucraniana. No es la primera acción directa en contra de instalaciones civiles y no será la última, desgraciadamente. Esta vez tres colombianos sucumbieron lo que millones de ucranianos viven día a día, con valentía y con resiliencia. Tuvieron suerte. A esta hora se reportan once muertos y más de sesenta heridos graves como resultado del aleve ataque.
La Cucharada se solidariza con Catalina Gómez, con Sergio Jaramillo y con Héctor Abad. Queda un efecto colateral menos terrible y es que el movimiento “Aguanta Ucrania” ha logrado una visibilidad que no tenía y es muy posible que esa visibilidad ayude a que el mundo decente, de izquierda, derecha o de centro, entienda la violación constante de los derechos humanos a que el genocida tiene sometida a la población civil de Ucrania.
Aguanta Ucrania dicen, y Ucrania aguanta.
Preguntas de la semana:
- ¿Por qué extraña razón le extendieron la chanfa a Benedetti hasta el 20 de julio?
- ¿Qué opina el canciller?
- ¿Cómo es el cuento del aeropuerto en el norte de la Guajira?
- ¿Conectará con el tren elevado a Buenaventura?
- ¿Qué fue lo que pasó en Paris que tanto chisme ha desatado, por qué demoró su regreso el presidente?
Y ya para terminar:
- ¿Cuánta fue finalmente la plata que se perdió en la casa de la ex segunda dama de la nación, más o menos de lo que se le quedó en un maletín a un asesor del ministro Velasco cuando era director de UNGRD?
- ¿Por qué razón de seguridad en el DAPRE se negaron a entregarle a la Procuraduría los videos y documentos solicitados en el marco de la investigación del polígrafo de la niñera de la segunda dama?
- ¿Cómo así que el jefe de seguridad de presidencia miente cuando le echa la culpa del polígrafo al coronel Dávila?
Por: Juan Manuel Urrutia
Twitter: @juanmaurrutiav1
