
Pasé seis años despertándome en medio de la noche con ataques de pánico. Al entregar el cargo de director general del ICBF a la directora nombrada por Álvaro Uribe, Beatriz Londoño, cuyo propósito era arrasar con lo que habían sido los pilares de mi gestión y concentrar el instituto en lo que ella consideraba era su vocación fundamental, la protección y la nutrición, nada de prevención de las violencias, ni de trabajar para la desmovilización de los niños y niña vinculados al conflicto, y mucho menos de los programas de comunicaciones y de cultura para los niños y las niñas que buscaban darles voces. En su afán destructivo y para acabar con el programa de comunicaciones de infancia, la señora Londoño resolvió denunciarme por celebración de contrato sin el cumplimiento de requisitos, ante la fiscalía y ante la procuraduría, por un contrato para la producción de un spot publicitario que atacaba el problema de la violencia de los padres y madres contra sus hijos en el marco de Haz Paz, política pública que pretendía acabar con la violencia intrafamiliar, que sigue campeando en la Colombia de hoy con monstruosos indicadores de violación de los derechos de los niños y de actos de violencia contra las mujeres. La señora Londoño logró su cometido de enterrar ese programa, la política del gobierno del que ella era parte, era la violencia. La procuraduría archivó rápidamente el caso porque consideró el procurador delegado al que le correspondió la investigación, que la acusación no tenía sustento pues el contrato en mención se había celebrado en concordancia con las normas de la ley 80. Pero la fiscal a la que le correspondió el caso resolvió que había méritos para acusarme y llevarme a juicio. Contraté un gran abogado para mi defensa y en la primera conversación me hizo un interrogatorio interminable, me pidió pruebas, documentos y testimonios. Luego de revisar todo me dijo, “esto puede ir a juicio y puede ser aburrido, o se puede enredar y demorar el proceso hasta la prescripción, «¿usted qué tan seguro está de salir inocente en un juicio?» Mi respuesta fue “la prescripción es la táctica de los culpables, yo soy inocente y necesito una sentencia que lo declare, para eso es la justicia, vamos a juicio”. Seis años después una juez de la República decretó mi inocencia y le llamó la atención al fiscal del caso por haberlo llevado a juicio. Supimos que desde la misma dirección del ICBF habían insistido en mi culpabilidad.
Todo este rollo para justificar la más absoluta repulsión que me causa la táctica dilatoria que Álvaro Uribe y sus abogados, apoyados por el fiscal Javier Cárdenas y obviamente por el corrupto abusador de poderes, el fiscal general Barbosa, y por el delegado de la vendida procuradora Margarita Cabello. Ha acudido a esa táctica dilatoria porque el expresidente no quiere ir a juicio, porque el expresidente ha preferido el vencimiento de términos a una sentencia, porque el expresidente no cree sino en una justicia y es la que él pueda manipular. No quiere correr el riesgo de que se ejerza justicia por fuera de su control. Triste espectáculo el de un Centro Democrático que clama el respeto por las decisiones judiciales cuando afectan a sus contrincantes, pero al mismo tiempo promueve y aplaude la estrategia dilatoria y tramposa del expresidente. Hace unos minutos que el expresidente se va lanza en ristre contra la juez que negó el pedido de preclusión que presentó el ente acusador ¿La justicia para los de ruana?
Hablando de justicia, debemos reconocer que la rendición de cuentas de la vicepresidenta Francia Márquez sobre su visita a África muestra resultados positivos en muchos frentes y deja muy mal paradas las críticas de una oposición sin contenido que concentró sus ataques en el costo de la gasolina y en la presencia del novio, o compañero sentimental, o como quieran decirle. Queda el sinsabor de la actitud displicente de la vicepresidenta, como funcionaria pública ella tiene que explicar y justificar sus acciones y los gastos que conllevan. Sin embargo, pienso que la actitud frentera y a veces agresiva se debe a que la señora debe estar cansada del tinte racista de los embates de la oposición. La vista a África era mala porque África es poca cosa y porque la señora Márquez es negra. Resulta que ni lo uno ni lo otro, todo lo contrario, el que nuestra vicepresidenta sea afrodescendiente nos debería llenar de orgullo, y no hay duda de que invertir esfuerzos y recursos en lograr unas mejores relaciones con países africanos traerá beneficios. Sigo sin entender por qué dejaron a Nigeria y a ECOWAS por fuera de la agenda. No me parece, por ejemplo, que sea de vital importancia que los niños y niñas de Colombia aprendan kiswahili, que es una lengua fascinante, pero tampoco me parece aceptable que se la “monten” a la vicepresidenta por proponerlo. Me gustaría, en mi ignorancia, entender de dónde sale la necesidad de aprender una lengua de África oriental cuando los orígenes de nuestra población afro vienen de etnias y tribus de África occidental o ¿estoy equivocado?
Si de esta visita resultaran tres detalles; un consulado de Suráfrica en Colombia, un vuelo directo ya sea de Dakar o de Johannesburgo a Bogotá y una oficina de Procolombia en Lagos yo me daría por bien servido. Lo de la visa de Kenia es poco importante porque los colombianos la podemos adquirir en el aeropuerto de Nairobi a la llegada. Y excelente, si por añadidura muchos niños y niñas kenianos puedan leer a Rafael Pombo y muchos colombianitos y colombianitas agregar la palabra Sana que es signo de respeto en los saludos o agradecimientos en Swahili (Asante Sana, Caribu Sana) así lo digan en español (gracias señor, de nada señora, si señor, si señora).
De serie de Netflix está el cuento del robo de la maleta llena de plata que le robaron a la Segunda Dama de la Nación. El interrogatorio a Marelbys Meza, la exniñera del hijo de la segunda dama, en el sótano del edificio Galán, adscrito a la presidencia de la República apesta a violación de derechos fundamentales y abuso de poder. Parece que eso de la separación de poderes no hace parte de la cultura organizacional de la Casa de Nariño. El presidente se cree el jefe del fiscal y ahora resuelve que su “subordinado” es el responsable de que los jueces se nieguen a dejar en libertad a los terroristas de la Primera Línea del Pacto Histórico.
Lo pone, además, a uno a pensar la falta de claridad de la señora Sarabia en cuanto a la suma que le robaron y a la razón por la cual no denunció el robo ante la fiscalía sino cuando se enteró que su exniñera había contado en Semana los vejámenes a los que dice haber sido sometida en un procedimiento absolutamente ilegal, y como dice Susanita “Mafalda, eso mal visto, es apasionante”. ¿Abuso de poder, persecución? Y ¿La plata de dónde salió?” Más aún ¿de dónde viene la costumbre del petrismo de andar con sumas absurdas de dinero en efectivo?
Internacionales
España “Los populares arrebatan a los socialistas las alcaldías de Sevilla, Murcia, Valladolid, Castellón y Palma, ganan en Valencia y arrasan con mayorías absolutas en Madrid, Cádiz, Granada y Málaga” es el encabezado del artículo del País de Madrid. Muñequera le dicen los narradores costeños de boxeo a una derrota de esas proporciones. El PSOE sufrió una caída desproporcionada en las elecciones regionales del 28 de mayo en España. Al jefe de gobierno Pedro Sánchez le tocó adelantar las parlamentarias al 23 de julio. A Podemos, el partido de Pablo Iglesias, le fue aún peor que a sus compinches del PSOE. El Partido Poplar y el derechista VOX, cantan victoria.
Contra los deseos, que se volvieron pronósticos de muchos analistas y periodistas europeos que esperaban su derrota, Erdogan volvió a ganar las elecciones en Turquía. Ya leo titulares y columnas lamentando la “derrota de la democracia”, pero el tipo ganó una elección que nadie ha tildado de antidemocrática. Y si, es una autocracia, pero a una mayoría de la gente turca parece gustarle y para eso son las elecciones para que la mayoría escoja.
La década de 2020 a 2029 seguramente será recordada como la década de los genocidas. China y un grupo no irrelevante de países han resuelto apoyar al genocida Vladimir Putin y el tipo se va saliendo con la suya. Y el viernes 19 de mayo, en Jedda, Arabia Saudita, se consolidó la impunidad del otro genocida, obviamente aliado de Putin, el dictador sirio Bashar al Assad, quien fue recibido de vuelta en la Liga Árabe. Al Assad, con apoyo ruso “ganó” la guerra civil en Siria y ahora asistimos anonadados a su rehabilitación.
La revista The Economist trae esta semana, como con frecuencia lo hace, dos portadas, una sobre Donald Trump y la otra sobre la crisis del servicio británico de salud, el NHS. Dos temas a los que la Cucharada le ha gastado tiempo.
En el caso de Trump la revista sostiene que el expresidente tiene muchas más posibilidades de volver a la Casa Blanca que las que se le otorgan y el titular es conciso, inquietante, “The Haunting”, o como decimos en esta columna “qué suto”. El artículo de portada sostiene que Trump, con una ventaja de 33 puntos sobre deSantis, tiene una ventaja inalcanzable para lograr la nominación del partido Republicano y que será un formidable rival contra Joe Biden.
Cuando en Colombia el petrismo sigue promoviendo una reforma al sistema de salud para darle un mayor, casi que exclusivo protagonismo a un sistema estatal; el modelo estatal por excelencia, el británico padece una crisis sin precedentes. El diagnóstico de la revista plantea que: “Las listas de espera en hospitales en Inglaterra suben más allá de siete millones, forzando a muchos a esperar meses y aún años para recibir tratamiento. Cerca de 300,000 adultos están esperando una evaluación para los servicios sociales. Un record de 2.5 millones de británicos están sin trabajo porque están enfermos”. Y eso es lo que quieren para Colombia.
Por: Juan Manuel Urrutia
Twitter: @Juanmaurrutiav1
