Talante y pa’lante

El presidente no madruga, a menos que sea para trinar y cazar peleas o publicar mentiras y medias verdades.

El miércoles le madrugó, a media tarde, a los que estaban coordinando una delicada operación de búsqueda y rescate de cuatro niños que fueron víctimas de un accidente de una avioneta y sobre los que hay indicios que sobrevivieron por las diferentes pistas que los grupos de rescate han ido encontrando.  Sin confirmar con el puesto de mando unificado que opera desde que se perdió la avioneta y que coordina la operación de búsqueda y rescate; el presidente Petro trinó que los niños habían aparecido sanos y salvos.  Y resulta que no.  Nada estaba confirmado.

El jueves la directora del ICBF confirma mis mayores dudas.  No tienen ni idea.  La explicación de la directora parece un queso de esos llenos de huecos.  Qué falta de respeto.

Se apresuró el presidente.

En realidad, el episodio es menor, pero los medios de comunicación en su afán de explotar la miseria de las gentes le dan una dimensión innecesaria.  El accidente de la avioneta es una tragedia terrible.  La dificultad para encontrar el sitio del siniestro acentúa la angustia de las familias de quienes iban en el avión, y da paso para que los medios de comunicación inicien la escalada en busca de rating.  Aparecen los cadáveres de los adultos, pero los niños no.  Pistas y más pistas.  Reportes y más reportes, especulaciones y más especulaciones, y los medios haciendo fiestas de rating.

Desafortunadamente llegamos al final de la semana en medio de toda clase de especulaciones y se teme que, como dicen por ahí, en esta historia haya “gato encerrado” y que los niños estén en poder de algún grupo de no muy buenas intenciones, ojalá que no.

Sea lo que fuere, y aceptando que el presidente ofreció disculpas por su error, el episodio de trino desinformado y tremendamente inoportuno, nos muestra un trazo del carácter del presidente que lo pone a uno a dudar sobre su estilo de liderazgo.

El episodio se suma a una serie de “síntomas”.

La total y absoluta falta de seriedad en el cumplimiento de la agenda del presidente, dejó de ser anécdota, “Uy el tipo llegó tres horas tarde” o “caramba, el presidente no llegó a la reunión o al congreso, porque estaba atendiendo otros asuntos” a ser paisaje “otra vez el presidente dejó metidos a los empresarios” y “de nuevo el presidente dejó metidos al expresidente Samper y a otros miembros de la comisión asesora de relaciones exteriores”.  Gustavo Petro no cumple su agenda cuando no se le da la regalada gana.  Como quien dice, al presidente le avisan que tiene que salir para una reunión y contesta “no voy ¿y qué?”.  ¿Y qué? pues que en la casa militar y en la oficina de la segunda dama de la nación, doña Laura, a saltar matones.  Las disculpas son de toda índole.  La campeona mundial universal fue la que esgrimieron en Madrid cuando el presidente dejó metidos a un grupo de empresarios, entre ellos, los CEOs de empresas españolas que habían viajado desde Bogotá, para un desayuno que se había programado.  El presidente no fue al desayuno porque “EL PRESIDENTE NO MADRUGA”.  Y punto.  Si el pisco no madruga, pues sumercecita segunda dama, no le cuadre citas ni reuniones a la hora del desayuno, déjelo que se coma su pandeyuquita o su changüita que le da la primera dama, tranquilo en la camita mirando la tele.  Que se levante tarde no importa, lo que importa es que se levante a gobernar, no a tuitear.

Y ahí engranamos con la tercera.  El señor presidente tuitea y retuitea sin verificar.  Los colombianos nos hemos acostumbrado a que de la Casa de Nariño salen más trinos que actos de gobierno.  Y cuando no está tuiteando el presidente, con frecuencia se despacha con lo que hemos bautizado la petroretórica, otros le dicen las petrupideces.  De esas, el inventario en tan solo nueve meses de gestión ya es sorprendente.  La sensación que producen las imprecisiones y las frases descabelladas que aparecen en los discursos presidenciales, es que, al jefe de estado, le importa más la forma que el contenido, “que suene bonito y que tenga resonancia” no importa si no es tan cierto.  Así se le ocurrió, en medio de una intervención televisada, en donde apareció menos enardecido que en los balconazos, decir que para controlar la inflación iba a “subir los aranceles”.  ¿Que qué?  O salir a decir que el ELN con quienes su gobierno está desarrollando un proceso de negociación lleno de obstáculos, ya perdió su carácter político y se dedicó al narcotráfico, de milagro no se le pararon de la mesa.  En esos mismos días dijo que “esa vaina de la paz total era invento de los periodistas, que a él ese nombre no le gusta”.  Perdón, ¿qué fue lo que dijo?

El 7 de junio se cumplen diez meses de gobierno, el 20 de junio terminan las sesiones ordinarias del Congreso.

¿Qué ha mostrado la gestión presidencial en 10 meses?

Quedando cuatro semanas y dos días para que se termine el segundo período legislativo, los resultados son más bien pobres.  Pese a contar con la coalición que le organizó Roy Barreras y que se suponía sólida, el gobierno Petro ha tenido un performance por debajo de los esperado en materia de aprobación de proyectos de ley trascendentales.  Lograron sacar a delante a trancazos la ley del Plan de Desarrollo.

Ya parece que la ley de sometimiento, una de las columnas fundamentales de la Paz Total, quedó para la próxima legislación.  No entiende uno qué negocia el comisionado de paz con las bandas de delincuentes si no tiene una ley que le permita ofrecer condiciones para el sometimiento y amenazas para quien no se someta.  La famosa táctica de la zanahoria y el garrote.  No, el gobierno de Petro negocia sin zanahoria, ni garrote, pura labia.

La reforma a la salud avanza salpicada de sopa de lentejas y en un proceso que va dejando a cada paso una cascarita para que la Corte Constitucional se soslaye declarándola inexequible.  Lo que no han podido la oposición, ni la indignación de los jefes de los partidos que trataron de descoalicionarse, ni el gremio médico, ni los exministros de salud en gavilla; lo está logrando el presidente de la comisión séptima de la cámara, el muy experimentado actor, primíparo en las lides parlamentarias, Agmeth Escaf, la forma en que ha llevado el debate deja serias dudas sobre el apego a la norma del proceso.  Nada más fácil que declarar una ley inexequible por “vicios de trámite”.  En eso el gobierno y su bancada deberían cuidarse, pero no se les nota.

Las otras dos reformas esenciales para consolidar el Cambio, son la laboral y la pensional, y ambas parecen tener un camino tan culebrero como el de la de la salud.

Uno podría pensar que son asuntos diferentes, episodios aislados.  No.  La falta de rigor en lo que se trina, el exceso de trinos, la impuntualidad y el importaculismo que muestra el manejo de la agenda presidencial, la falta, nuevamente de rigor y de contenido serio en el discurso y los pobres resultados en la gestión parlamentaria, muestran serias fallas en el estilo de liderazgo del jefe del Estado.

No verifica, no consulta, no escucha, no sigue reglas mínimas de protocolo, en una palabra, hace lo que se le da la gana.  Así fue en la alcaldía de Bogotá ¿qué más podíamos esperar?

Y claro, este tipo de liderazgo se apoya en la obsecuencia del subalterno.  No en vano el presidente ha escogido como su escudera permanente a una mujer sin experiencia, muy inteligente, muy organizada y todo, pero sin experiencia, y esta escudera se ha convertido, según los medios, en la persona más influyente del gobierno.  El domingo pasado la segunda dama de la Nación, Laura Sarabia mostró cuán inmadura e inexperimentada es en una entrevista al diario El Tiempo. 

No en vano el presidente sacó de su equipo a quienes se atrevían a decirle “por ahí no es la cosa señor presidente” como los exministros de hacienda, agricultura y educación.

Ese es el talante.

Una pensadera final

Dos tendencias en la educación superior a nivel nacional colisionan en la Universidad de Maryland: un aumento explosivo en la matricula en ciencias de la computación y una demanda, para el área de humanidades, que se cae vertiginosamente; titula el Washington Post este domingo un artículo sobre la educación superior en los Estados Unidos.

A mi me asusta la tendencia.  Si algo necesita la humanidad para enfrentar las crisis como el cambio climático, que pueden destruirla, es más humanismo y menos tecnología, creo yo.

Por: Juan Manuel Urrutia
Twitter: @Juanmaurrutiav1


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