
La libertad de expresión
¿Sodomiza Usted a su esposa? le preguntó un estudiante de derecho, al magistrado de la Corte Suprema de Justicia de los Estados Unidos, Antonin Scalia, en la sección de preguntas y respuestas en una conferencia en la Universidad de Nueva York, en 2005. La audiencia quedó anonadada. El magistrado no se inmutó, el evento continuó. La impertinente pregunta tenía sus orígenes, el ultraconservador magistrado había escrito un virulento disentimiento defendiendo la constitucionalidad de las leyes que prohibían la sodomía. Dieciocho años después, en la prestigiosa universidad de Stanford, un estudiante de derecho interrumpió al juez de la corte de apelaciones (equivale al tribunal superior de un departamento) del Quinto Circuito en California, Kyle Duncan preguntándole ¿Usted por qué no encuentra el clítoris? El juez Duncan trató infructuosamente de continuar su conferencia, pero abandonó sus intentos después de 10 minutos de improperios lanzados por estudiantes que le gritaban “esperamos que sus hijas sean violadas” y “le odiamos”. La razón, si razón puede haber, es que el juez Duncan ha producido sentencias que permiten restricciones al aborto y que favorecen reglas más estrictas para la votación, sentencias que favorecen la ideología de la extrema derecha y en una ocasión se negó a reconocer la identidad de una persona trans. A diferencia del juez Scalia que luego de mirar fijamente a su interlocutor, continuó con su charla, Duncan enfurecido expresó “los internos han tomado control del reclusorio”.
Dos episodios, separados por 18 años durante los cuales uno esperaría que el respeto por la libertad de opinión y por el sano debate en la academia hubiese avanzado. Pero no, retrocedió. En el caso de la Universidad de Nueva York, el hecho no pasó a mayores, los estudiantes atendieron a la conferencia de Scalia quién contestó las preguntas pertinentes y no le dio mayor importancia a la impertinencia del estudiante, pasó lo que debe pasar en una universidad. En el caso de Stanford, la decana de diversidad e inclusión, Tirien Steinbach tomó partido, como el Chavo del Ocho, sin querer queriendo, y aunque dijo que Duncan era bienvenido en la Universidad, entendía las razones que llevaron a los estudiantes a sabotearlo y que era posiblemente necesario que la Universidad reconsiderara sus reglas de libertad de expresión. La decana de derecho y el presidente de la Universidad le escribieron al juez Duncan ofreciendo disculpas e hicieron llegar a todos los miembros de la escuela de leyes una carta de diez páginas confirmando el compromiso de la Universidad con la libertad de expresión, informando que la decana Steinbach estaba en una licencia y condenando el acto de acallar a un conferencista como un acto incompatible con el espíritu de la Universidad. El debate ha continuado, ahora a nivel nacional. El hecho es que, cada vez con más frecuencia, quienes se dicen defensores de los derechos de las “minorías” se sienten que tienen el derecho a agredir y a acallar a quienes no comulgan enteramente con sus “principios”. No es extraño que a quien cuestione lo excesos de ciertos discursos extremos de grupos feministas se le califique de misógino, y el que se atreva a decir que no le parece que las personas transgénero que se identifican como mujeres tengan derecho a participar en las competencias deportivas como mujeres, acaba clasificado como transfóbico. No puede alguien estar en desacuerdo con la adopción por parte de parejas homosexuales sin ser tildado de homofóbico. El activismo a favor de las causas de las minorías ha pasado de la defensa de sus derechos a la supresión de cualquier idea que no comulgue con ese pensamiento, a veces extremista.
Y claro la reacción del otro extremo no se ha hecho esperar. Jueces conservadores en varios estados han anunciado e implementado boicots a la contratación de internos y personal de apoyo provenientes de las escuelas de leyes de las universidades de Stanford y Yale en donde se han presentado incidentes. Y claro están los ejemplos de Tennessee, de la Florida y de otros estados en donde las mayorías conservadoras se han dedicado a legislar para frenar el avance de las ideas progresistas. Y en medio de semejante polarización, quedan, por ejemplo, los niños y niñas que se forman en los extremos, creyendo que el David de Miguel Ángel es pornografía, o siendo tratados o tratadas por “disforia de género” simplemente porque están algo confundidos o confundidas, como lo explica el artículo de The Economist sobre la medicina de género en los EEUU. Y los que pensamos que ambos extremos son una locura, calladitos para evitar que nos acusen de toda clase de bajezas.
Cucharaditas
Chuzados. El pentágono, ni más ni menos, chuzado. Como resultado se filtraron documentos que confirman lo que todo mundo sabe, la inteligencia militar se construye espiando, a amigos y enemigos. Lo que impresiona es la magnitud de la filtración que incluye mucha “inteligencia” sobre aliados de los norteamericanos, y más específicamente sobre Ucrania que claro, mucho daño le puede hacer al país sometido a las veleidades bélicas del genocida. Según The Economist esta puede ser la peor filtración de información de inteligencia sufrida por los Estados Unidos en décadas
Matanza: Una más, esta vez en Louisville, Kentucky, un empleado de un banco asesinó, con un rifle de asalto a cinco personas, uno de ellos un vicepresidente del banco y otro un amigo cercano del gobernador de Kentucky. Otras ocho personas resultaron heridas de las cuales dos de gravedad. Las matanzas en los EEUU se están volviendo paisaje mientras los legisladores financiados por la NRA se dedican a expulsar afroamericanos y a perseguir a las minorías. Y del control de los fusiles de asalto, nada de nada.
Cuando el Dalai “llama”, salga a perderse chino. La imagen del líder del budismo tibetano desaforado pidiéndole a un niño que le chupe la lengua no tiene más adjetivo posible que intolerable y el intento de disculpa es un insulto a la inteligencia. En mi caso este hecho confirma que las religiones oficiales son todas, una cochinada. “Deja que Namaste lama” el mejor trino, de Cristina Carrizosa @CCarrizosaC .
Colombianas
Hollman Morris, acusado por lo menos por cuatro mujeres de violencia sexual y abuso laboral, y cuyo paso por Canal Capital, cuando Petro era alcalde, fue bastante opaco, aparece nuevamente como el candidato del presidente para dirigir RTVC; y quien fuera gerente de la campaña presidencial de Petro, Ricardo Roa, sobre quien hay un manto de dudas por el manejo de las finanzas de la campaña es el candidato del gobierno para ocupar, ni más ni menos, que la presidencia de Ecopetrol.
Hablando de libertad de opinión, Alejandro Gaviria, quien sonó, dentro del gabinete y luego públicamente las alarmas sobre las cargas ideológicas en contra del sector privado de la reforma a la salud, se ha convertido en blanco de las acusaciones del gobierno desde la oficina de transparencia de la presidencia y, obviamente, por parte de la ministra Corcho quien soterradamente lo culpa de la crisis del sistema.
¿Por qué no están presos los representantes legales de Viva Air y Ultra? Las dos aerolíneas se convirtieron en ilegales captadoras de fondos al vender tiquetes aéreos a sabiendas de que estaban a punto de cerrar.
Mauricio Lizcano, el otrora poderoso director del DAPRE, ha caído en desgracia con las dos mujeres más poderosas del gobierno Petro, la primera dama y la secretaria privada del presidente. Se rumora que lo tienen en el ostracismo y que no llega a finales del mes de abril en su cargo.
Por: Juan Manuel Urrutia
Twitter: @Juanmaurrutiav1
