
El viernes 24 de febrero se cumplió un año desde que Rusia invadió Ucrania, iniciándose así lo que llaman «la guerra de Ucrania» que ha sido fundamentalmente un genocidio planeado y ordenado por Vladimir Putin a quien siempre llamaré “el genocida del siglo XXI» o simplemente «el Genocida”.
La construcción de las Cucharadas internacionales siempre se basa en la lectura de cuatro medios, The Economist, BBC World News, The Washington Post y The Guardian, complementado con algún otro artículo de publicaciones más especializadas como Foreign Affairs. La idea es recoger la información para tratar de hacer un resumen y, si es posible, un análisis de las noticias internacionales más relevantes o interesantes. Nada más relevante hoy que la guerra de Ucrania. Interesantes me han parecido las elecciones en Nigeria y otras noticias comentadas en las últimas semanas.
La guerra de Ucrania ocupa por obvias razones los titulares de todos los medios. Durante la semana que termina, los líderes de los países que dominan la agenda y la política internacional, cada uno desde su ángulo, le han dedicado tiempo a la guerra. El mundo está pendiente de lo que digan, primero que todo Zelenskyy y Putin, luego Biden y los chinos y la OTAN y los alemanes y el Papa y el secretario general de la ONU y hasta el gato. Se multiplican entrevistas, análisis de expertos de todas las corrientes y cada quien tiene una opinión que compartir.
Y a estas alturas del partido La Cucharada, sobre el aniversario del inicio del genocidio en Ucrania, corre el riesgo de ser una mala imitación del trabajo de los que saben.
De todo lo que se ha publicado, puede uno sacar unas ideas marco. La primera pregunta que uno puede plantear es ¿por qué lo que hubiera podido ser una escaramuza fronteriza entre habitantes de las regiones orientales de Ucrania, apoyados por el Kremlin y las fuerzas del orden del Estado Ucraniano, se convirtió en LA GUERRA?
La respuesta aparece en un conjunto de análisis de diferentes medios y de diferentes expertos que explican qué es lo que está en juego con esta guerra y concluyen que todo está en juego.
Básicamente el genocida y su Rusia necesitan ganar esta guerra para consolidar el régimen imperial, Putin ha llegado a comparar esta guerra con las grandes batallas libradas por Pedro el Grande y por Catalina la Grande para consolidar el imperio de la Rusia de los zares. En pocas palabras el imperio ruso que pretende construir el Genocida no es nada sin una Ucrania dominada y sometida.
Del otro lado están los ucranianos para quienes la derrota total de la Rusia del genocida se ha convertido en un asunto vital, porque saben que cualquier otro resultado dejará pendiendo sobre sus cabezas la espada de Damocles de las tentaciones imperiales de los rusos, despertadas por el Genocida.
Luego aparecen los Estados Unidos para quienes una paz negociada rápida sería la solución ideal, porque mientras dure la guerra genocida tendrán que involucrarse cada vez más en la defensa de Ucrania, lo que conlleva el riesgo de escalar el conflicto a una confrontación entre la OTAN y Rusia y sus aliados, que mientras sean Bielorusia, Eritrea, Corea del Norte, Siria, Venezuela y Nicaragua, no espantan a nadie, pero si se les suman China e Irán aparece la amenaza de la tercera guerra mundial.
Generalmente se asume que la posición de Estados Unidos cuenta con el irrestricto apoyo de sus aliados de la OTAN que son 29. Pos que le diré licenciado, hubiera contestado Cantinflas, el apoyo de la OTAN a la posición norteamericana no es tan sólido como quisieran. Los países miembros de la alianza tienen reservas de diversa índole, entre otras cosas porque la estabilidad de sus gobiernos, muchos de los cuales son regímenes parlamentarios, depende de la veleidad del electorado que generalmente prefiere que no haya guerra, que haya petróleo para calentarse y comida abundante y barata, nada de lo cual sucede mientras dure la guerra. Hay países muy amenazados como Polonia que lidera una posición casi que más radical que la de los Estados Unidos y quisiera ver a Ucrania armada con suficiente capacidad para derrotar al Genocida, eso significa tanques, aviones y misiles. Al otro lado de la balanza están los “pragmáticos” como Alemania Francia, Italia y Hungría que prefieren petróleo y gas baratos así haya que ceder en algunos principios.
¿Y la China? Es obviamente el fiel de la balanza y los chinos lo saben demasiado bien. China ha manifestado que mantiene una posición neutral con respecto al conflicto, pero ha dado señales de favorecer su relación con Rusia. De hecho, Estados Unidos ha advertido recientemente que se temen que China está suministrando “ayuda letal” a Rusia. Por otra parte, China ha propuesto un plan de paz que el presidente Zelensky ha manifestado estar interesado en discutir con Xi Jinping. Wang Yi, el jefe de la diplomacia china, acaba de completar un “tour” en el que visitó varios países de la OTAN y que culminó con una cálida recepción por parte de Putin en Moscú.
China ha propuesto un plan para terminar la guerra que tiene tres bases fundamentales: 1) el respeto a la soberanía de Ucrania; 2) la protección de los legítimos intereses de seguridad nacional de Rusia y 3) el rechazo a las sanciones unilaterales. Más claro no canta un gallo, la propuesta de China se aparta de la posición de Estados Unidos y sus aliados. China se posiciona como Roy Barreras, quiere ser la tercera vía. Asume un papel de pacificador del mundo que se le había otorgado a Estados Unidos e invita a África, a Latinoamérica y a los países de sureste asiático a conformar el bloque del Sur Global que China espera liderar, impulsando así su visión de una geopolítica internacional multicéntrica que incluiría a algunos países europeos como lo explica la visita del Wang Yi a Francia, Alemania, Italia y Hungría.
Todo este rollo geo político se desarrolla en los escenarios de la diplomacia internacional mientras los muertos y el terror lo ponen los ucranianos y los conscriptos, ciento de miles, rusos.
¿Por qué Ucrania?
Darakhiv es una aldea en Galicia de los Cárpatos una importante región del territorio de Ucrania. A comienzos del siglo XX quedaba en Polonia. El abuelo de mi esposa, de apellido Skibinski, polaco, nació en Darakhiv en 1896 y emigró a los Estados Unidos en 1912. Su esposa Anastasia Mazur, polaca, nació en Darakhiv en 1897 y emigró a Estados Unidos, en 1912 también. Ambos se establecieron en New Jersey, a donde llegaron los emigrantes polacos pobres de comienzos del siglo XX. Se casaron en 1916. Tuvieron seis hijas, las hermanas Skibinski cuyas anécdotas un día serán objeto de una cucharada. Las Skibinski siempre se pensaron y sintieron polacas, nunca ucranianas. Esta historia familiar ilustra en cierta forma la historia de Ucrania, un país que hoy en día no deja de estar en los titulares de los medios y en los comentarios en las redes sociales, pero un país que no lo es sino desde finales del siglo XX. Ucrania ha sido más concepto que un Estado Nación.
En el siglo IX, emigrantes escandinavos establecieron en Kiev (Kyiv) el primer Estado Eslavo llamado Kyivan Rus, un gran estado medieval que es el origen de Ucrania y de Rusia. Moscú se estableció en el siglo XII y era una ciudad o aldea fronteriza, el centro estaba en Kiev. En el siglo XIII territorio del estado Rus fue invadido y controlado por los mongoles. Ante el declive del imperio Mongol, en el siglo XIV el territorio de Ucrania pasó a ser ocupado por el principado de Moscú y el Gran Ducado de Lituania al que luego se uniría Polonia.
En el siglo XVIII Catalina la Grande expandió la frontera del imperio de los zares e incorporó buena parte de los territorios de Ucrania e invadió Crimea.
Entre 1853 a 1856 tuvo lugar la guerra de Crimea que enfrentó a Rusia y Grecia contra una alianza del imperio Turco-otomano, Francia, Gran Bretaña y Sardinia. Tras la caída de Sebastopol a manos del ejercito aliado encabezado por las tropas francesas de Napoleón III, el zar acepto su derrota y la paz se firmó con el tratado d París
Para el doctor Andrew Wilson, profesor de estudios ucranianos en la University College London, es importante ver a Ucrania, tanto su territorio como su identidad, más como un «rompecabezas cambiante» que como unidad coherente.
El occidente y el oriente de Ucrania tienen historias bien diferentes y culturas diferentes. En el oriente influido por Rusia, la religión es la ortodoxa y la lengua prevalente el ruso. En el occidente influido por Polonia y por el Imperio Austro Húngaro la religión es católica y la lengua el ucraniano. El concepto de la nacionalidad ucraniana surgió durante la dominación astro húngara y fue adoptado por patriotas que se querían diferenciar de los rusos.
Al final de la revolución rusa se crea la República Soviética Socialista de Ucrania, básicamente un nombre que esconde la dominación soviética, pero que recupera el concepto de la nacionalidad ucraniana. Durante la segunda guerra mundial Stalin ocupó los territorios controlados por Polonia, esencialmente Galicia de los Cárpatos y los anexó a la RSS de Ucrania.
La hambruna promovida por Stalin para obligar a los campesinos a unirse a las granjas colectivas mató cerca de siete millones de ucranianos que luego Stalin reemplazaría llevando rusos de religión ortodoxa y que no hablaban ni jota de ucraniano.
A los territorios occidentales y orientales de Ucrania se suma Crimea que fue conquistada por Alejandro Magno, dominada por los griegos y luego por los otomanos hasta que fue invadida por la Rusia de Catalina la grande. Crimea se volvió parte de Ucrania cuando Nikita Jrushev, en la década de 1950 la transfirió a la RSS de Ucrania para facilitar su administración.
La importancia estratégica de Crimea está en la raíz de muchos enfrentamientos por ser la entrada de Rusia y de Europa noroccidental al mar negro y al comercio por el mediterráneo. Para Rusia tiene una importancia militar fundamental pues el puerto de Sebastopol es el único acceso que tiene al mar Negro.
A la caída de la Unión Soviética, en 1991, surge la República de Ucrania y en 1997 se firma un tratado entre Rusia y Ucrania en el que se afirma la integridad de las fronteras ucranianas. Se terminan así nueve siglos de dominación del territorio ucraniano y se consolida una identidad nacional y una cultura que sobrevivieron nueve siglos de dominación.
En 2013 tiene lugar lo que fue bautizado como el Euromadian que culminaría con la destitución y exilio del último líder pro ruso Viktor Yanukovich y generaría protestas significativas en las regiones del sur y del oriente de Ucrania que denunciaron el hecho como un golpe de estado de corte fascista.
En 2014 ante la mirada pasiva de la comunidad internacional, Vladimir Putin aduciendo que Ucrania y Rusia son uno sólo, decide la anexión de Crimea y promueve levantamientos “populares” en las zonas orientales de Ucrania. Ese sería el primer paso del proyecto expansionista de Putin.
Y llegamos al 24 de febrero de 2022. Putin lanza su “operación especial” convencido que Ucrania es un estado débil fundamentalmente porque una parte importante de la población es pro rusa. La operación especial debería terminar en unos meses. El año 2023 sería el de la consolidación de la expansión del nuevo imperio ruso y el año 2024 el de la reelección del salvador de la patria Vladirmir Putin por 16 años más.
Pero el genocida no contaba con el heroísmo de los ucranianos que no están dispuestos a regresar a la dominación padecida durante nueve siglos, y tampoco contaba con la reacción de los países que se habían quedado impávidos mirando como anexaba a Crimea en 2014.
Lo que era una operación especial expedita se ha convertido en una guerra que puede extenderse indefinidamente y que ya ha alterado la geopolítica internacional de manera significativa. A partir de ahora Rusia será diferente, la OTAN será diferente, la relación de EEUU con varios aliados en el seno de la OTAN será diferente y el temor a una confrontación nuclear que llegamos a soñar eliminado al comienzo del siglo XXI regresa con toda su fuerza.
No entiende uno por qué, con toda esta información, a nadie se le ocurrió que había que detener los arrestos imperiales del Genocida en 2014 o cómo no se les ocurrió a los miembros de la OTAN que era importante preparar a los ucranianos para que pudieran derrotar la anunciada invasión de 2021.
Por: Juan Manuel Urrutia
Twitter: @Juanmaurrutiav1
