Estado de Opinión

Llevo varios días tratando de encontrarle la comba la palo para entender por qué es que me asustan tanto muchas situaciones y procesos que se han ido presentando con el gobierno de Petro.

Erisipela, es una palabra que recuerdo.  Me produce erisipela, decía mi mamá al referirse a ciertas personas y a ciertas actitudes.  Siempre pensé que la erisipela era como una alergia o una vaina así.  Resulta que no, que es una infección cutánea severa producida por un estafilococo.  Se me dañó la frase, no me siento capaz de decir que fulano o sutana me producen erisipela, porque no me atrevo a comparar sus efectos sobre mí con los de un estafilococo, no es pa’ tanto.

Pero la reacción si existe, no será erisipela, pero en veces, como dicen por ahí, Petro y algunos de sus ministros, me producen una violenta reacción alérgica, casi anafiláctica.  En otras ocasiones, apenas una pequeña rasquiña o un estornudo.  Y en ocasiones, lástima, sencillamente lástima porque se me ocurre pensar ¿por qué lo dejan decir esas vainas?

Cuando, al presidente se le ocurre decir qué, si se logra que una serie de actividades de la sociedad colombiana que hoy se consideran crimen, no se consideren crimen más adelante, habrá por definición menos crimen en Colombia, hay personas cuya indignación es infinita y explicable.  A mi una frase de esas me da lástima, de pronto algo de vergüenza ajena, pero rabia no.  Me recuerda la película Bananas de Woddy Allen cuando el dictador de pacotilla decreta que para asegurar que la gente lave la ropa interior en adelante la portarán por encima de la ropa.  Habrá, estoy seguro, en redes sociales un grupo de fieles seguidores del mesías que nos explicarán lo profundamente ético y filosófico de semejante barbaridad.  Pero, ajá, como dicen en el Caribe colombiano.

En la misma categoría caen el tren elevado de Buenaventura a la Guajira, la eliminación de la Bienestarina porque es importada, la construcción de autopistas en el aire para que no pasen por encima de las placas teutónicas y otras barrabasadas que se le van ocurriendo a nuestro presidente cuando se la puede la prosa.

Y luego viene lo grave, lo muy grave.  Lo que me produce esa reacción alérgica anafiláctica con hinchazón de la lengua y dificultad para respirar.

Primero la primaria.  Espanta la concepción del Estado que ha ido dibujándose en el discurso y en las actuaciones del gobierno de Petro.  Esa concepción se plasma en la convocatoria presidencial para que “la gente” salga el 14 de febrero a “defender” las reformas sociales en la calle y en las plazas.  Respuesta mesiánica a las críticas que ha recibido el gobierno de Petro, no por el contenido de las famosas reformas, sino más bien por la falta de contenido.  Digo mesiánica porque lo que está invitando a sus fieles huestes a defender no son reformas concretas y estructuradas, son tres nebulosos cuentos: la reforma a la salud, la reforma a las pensiones y la reforma laboral, que la gente de Petro debe salir a defender, porque si Petro las propone es porque son las que son.  Considera Petro y su guardia pretoriana que para eso lo eligieron porque Él sabe, Él interpreta la urgencia del cambio.  No tiene por qué concertar ni mucho menos discutir las reformas, porque son urgentes.  El Estado de Opinión en su más pura expresión.  El mesías está por encima de las instituciones porque tiene el poder popular, porque lo eligió el pueblo para que haga el cambio.  Está por encima del congreso, de las cortes, de los empresarios en fin de las instituciones que estructuran una sociedad democrática liberal pluralista que es la que consagra nuestra Constitución.  A Petro le vale.  “Eso es lo que quiere la gente”.  En su sabiduría y en su profunda comprensión del sentir popular el presidente interpreta las angustias y las necesidades de la población y las traduce en reformas que no tiene por qué discutir ni mucho menos concertar.

La más fiel exponente de ese “petrismo” puro y duro es la ministra de salud Carolina Corcho, que anuncia que en la primera semana de febrero va a presentar su reforma a la salud, que nadie, exceptuando al mesías, conoce.  Dice la Silla Vacía:

“Sin embargo, la ministra, lejos de hacer un esfuerzo por explicar y concertar la reforma con sus principales dolientes para que llegue al Congreso con unos mínimos de consenso, ha escogido como estrategia reforzar el apoyo de la Cumbre Social y Política Reforma Estructural Salud, el movimiento social al que ella pertenece, y del que salen las ideas principales que nutren su reforma.»

En efecto desde el movimiento social al que pertenece la ministra Corcho, profundamente influido por una posición, fundamentalmente ideológica, que considera que la salud es un bien público y debe ser un servicio público en donde no caben “los privados” la ministra viene de años atrás sosteniendo que la reforma a la salud debe pasar por le eliminación de las EPS y su sustitución por un sistema público estatal.  Posición, como todo fundamentalismo ideológico, que no tolera discusión.

Hay que reconocerle a la ministra Corcho su verticalidad ideológica, está convencida de lo que dice y piensa y está convencida que es lo que conviene.  Y hay que entender que en el debate que se aproxima la ministra intentará imponer su visión ideológica para lo que se siente apoyada con la convocatoria presidencial.  La reforma la defenderemos en la calle.

Con menos inteligencia, parecería, y menos conocimiento, emula a la ministra Corcho la ministra Irene Vélez, quien desde su posesión se ha visto insegura y sobre todo incapaz de explicar la enunciada política pública sobre la que se basa su proyecto de descarbonización, la tristemente ya famosa decisión de no firmar nuevos contratos de exploración de hidrocarburos.  La transición energética de la ministra Vélez se limita a acabar con el gas y el petróleo y sustituirlos por aguacates y turistas.  No hay una propuesta de política pública seria que proponga la sustitución de las fuentes de energía mediante la promoción de energías “limpias”.  De hecho, pese a insistentes presentaciones y solicitudes de los actores fundamentales del sector, nada ha hecho la ministra de la descarbonización por revisar, por ejemplo, el tortuoso y kafkiano proceso burocrático que se debe seguir para el licenciamiento de nuevos proyectos  de generación de energías limpias (solar, eólica, etc).  La ministra se limita a hablar sin conocimiento de causa de la teoría del decrecimiento y cuando la cuña aprieta recurre a la mentira, al engaño como ha quedado demostrado con el cuento de las reservas de gas.

Si, los cuentos demagógicos expresados en el fragor de la campaña son asustadores.  Pero, lo que vemos en los casos comentados es una peligrosísima concepción del Estado que puede tener consecuencias desastrosas en los próximos años.

Erisipela, no, pero casi.

Por: Juan Manuel Urrutia
Twitter: @Juanmaurrutiav1


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