
Sin mucha razón, o con, ya ni sé, un sector de esa cosa que llaman la oposición anda convocando para un ¿paro nacional? el 14 de febrero. En redes sociales circula un video que convoca a dicha movilización con un mensaje que raya en el absurdo, mezclando noticias falsas, rumores y una que otra critica concreta. Otras convocatorias son algo más serias, concretas y, más que a un paro nacional indefinido, invitan a una serie de marchas de protesta.
Desde el vamos, en 2023, parece irresponsable, como lo fue en su momento la convocatoria de las centrales obreras en 2019, convocar a un paro nacional.
En 2021 el país entero se alzó enardecido para protestar contra una inconsulta reforma tributaria, el “paro cogió” fuerza y todavía estamos viviendo las consecuencias, entre ellas, se debe decir, la consolidación de la propuesta política del Pacto Histórico que jugó sus cartas en forma brillante, aprovechando el fragor de la protesta, apoyando e incentivando grupos como la tristemente famosa “primera línea” y deslindándose olímpica e hipócritamente de los actos de vandalismo y terrorismo que tuvimos que sufrir los colombianos y las colombianas entonces. Esa “protesta social” pareció “justificable” por la soberbia con que el presentador presidente la enfrentó.
2023 es un momento diferente. Ya la tributaria, para bien o para mal, nos la clavaron, de poco o nada sirve la protesta, o el paro en este caso. Todos, absolutamente todos, los analistas internacionales en materia económica anuncian que este año nos figuró una recesión. Colombia enfrenta esa crisis internacional mejor parada de lo que parece. En materia tributaria, o sea de ingresos de la Nación, se debe sumar a lo que permitirá recaudar la reforma que entró en vigencia el 1 de enero, un sostenido e interesante aumento del recaudo resultante de la formalización de miles de transacciones por la vía de uso masificado de la factura electrónica, lo que ha dificultado la elusión y la evasión. Este año será sin duda difícil, un paro nacional poco o nada soluciona o ayuda.
El presidente Petro y su guardia pretoriana saben cuán efectivo es sacar a la gente a la calle, sobre todo a protestar. Lo hicieron durante años. Y por eso le tienen terror a la protesta. Y claro, siguiendo el ejemplo de su admirado Hugo Chávez, la protesta en la calle no se enfrenta corrigiendo la plana, se enfrenta en la calle, sacando a los “amigos del gobierno” a defender las reformas sociales. Dicho y hecho, el gobierno y el pacto histórico proceden a convocar a sus “huestes” a un amplio “diálogo social”, a que salgan a defender el cambio social por el que votaron, en la calle, el 14 de febrero.
¿Nos preparamos entonces para enfrentar jornadas de protestas y contra protestas como las que se vieron en Caracas en tiempos de Hugo Chávez? Jornadas que estarían “acompañadas” por una primera línea fortalecida con las liberaciones en las que el gobierno de Petro trabaja intensamente, con poco éxito, por cierto.
Razones para protestar, claro que las hay, siempre las habrá. Temas y reformas que defender, claro que los hay, siempre los habrá.
¿Cuánta gente tiene que salir a la calle a protestar para que el gobierno se dé cuenta que toca cambiar a la directora del ICBF o al ministro plagiador?
¿Cuánta gente tiene que ir a las plazas al “diálogo social” convocado por Petro para justificar la reforma a la salud que pretende eliminar las EPS y crear un sistema centralizado público que tantas veces ha fracasado en otros lugares?
Se me ocurre que por ahí no es la cosa. Si, la salud requiere una reforma de fondo, el régimen de pensiones también y el gobierno de izquierda tiene la obligación moral de intentar una reforma laboral a gusto de los sindicatos. No nos digamos mentiras, para eso eligieron a Gustavo Petro y a una sólida bancada parlamentaria, para que tramitara las grandes reformas sociales.
Tampoco nos digamos mentiras la derecha, derrotada en las elecciones de 2022, les tiene terror a esas reformas, imagina un escenario de caos total y no ve otra salida que la de un “paro nacional”. Sabe la oposición que en el congreso actual la “coalición de Roy” sacará adelante las “reformas” así toque echar mano del tarroemermelada y del bulldozer.
Lástima, un debate ordenado y juicioso contribuiría a una reforma que reforme. Lo que he visto por ahora apesta a una propuesta ideológica construida sobre una de esas frases lapidarias que poco dicen y mucho justifican, “la salud es un derecho, no un negocio”.
Hace exactamente una semana, en una clínica privada de altísimos estándares, me hicieron un reemplazo total de la rodilla derecha. No se afane querido lector no le voy a echar el cuento. Mi vecino en la sala de recuperación, Carlos, salía de una apendicectomía de urgencia con comienzos de peritonitis, atendida por su EPS. Carlos quedó en la habitación 408 y yo en la 406. Las dos miran a los cerros del nororiente de la sábana de Bogotá. Las dos atendidas por el mismo cuerpo de enfermeras profesionales, sonrientes alegres y serviciales. Mi cirugía la pagó un seguro médico, la de él el sistema. Eso es igualdad, eso es equidad. La reforma debería generalizar esa situación, no eliminar lo bueno, pero ideológicamente inaceptable. Y eso se va a resolver en la calle. Chuchito nos guarde.
El cuento de las reservas de gas.
La ministra de minas y energía repite y repite. La corrigen, la comentan y ella…repite. Se fue a Davos a contarle a los participantes en el foro económico mundial que definitivamente Colombia no firmará nuevos contratos de exploración de gas o de petróleo. La transición energética se hace porque se hace porque el presidente lo prometió en campaña. ¿Qué hay de nuevo viejo? ¿nada? Siii, mucho. Resulta que el presidente y su ministra de minas han resuelto aplicar la ley de Charles para el cálculo de las reservas de gas. E-charles machete a los números.
Anuncian que han determinado que Colombia tiene reservas de gas hasta 2042, lo que hace la necesaria transición energética posible. Los aguacates y los turistas irán llegando de aquí a allá.
Machete ventiao. Resulta que se han inventado que están usando un modelo que confunde las reservas probadas, las reservas probables y las reservas posibles. Y nos quieren vender que todas cuentan. Mentira y mentira poco piadosa. Nuevamente, los cambios motivados por la ideología son por lo menos muy peligrosos. Las únicas reservas que se deben contabilizar son las reservas probadas y esas dan para siete años en el mejor de los casos.
Súmele al machete que la tramitocracia colombiana le pone obstáculos y más obstáculos al licenciamiento de los proyectos de generación de energías alternativas y el gobierno que está al tanto de las trabas, poco o nada hace.
Cucharaditas
En lo que va de año ya se presentaron dos matanzas en California. Los gringos siguen armados hasta los dientes y luego de la demostración de fuerza de la extrema derecha en el senado de los Estados Unidos, los asesinos seguirán protegidos por la segunda enmienda.
Finalmente, tras mucha duda y mucho culillo, el gobierno alemán anuncia que no se opondrá a que otros socios de OTAN exporten tanques alemanes a Ucrania. Un año tarde. ¿Cuántos muertos se hubieran evitado si ese apoyo les hubiera llegado a las víctimas del genocida hace un año?
Por: Juan Manuel Urrutia
Twitter: @Juanmaurrutiav1
