
Antonio tiene cerca de setenta años, pensionado a quien no le alcanza la pensión. Cada día a las cinco de la mañana se levanta en su casa de Puente Piedra y se dirige en su moto de 125cc a una finca en El Rosal en donde atiende al ordeño y luego desarrolla trabajos variados en una jornada que va de siete de la mañana a 4 de la tarde con una hora de descanso para almorzar. Una vez por semana se ocupa en una jornada de doce horas de todas las actividades de la finca, esos días tiene que llegar a las 4am. Su salario Un Millón de pesos más los dominicales y las horas extras que su empleador le paga religiosamente el 15 y el 30 de cada mes.
Bernardo tiene 20 años. Con gran esfuerzo de su madre, cabeza de familia, logró graduarse de bachiller y ahora trabaja como jornalero en una papelería en el barrio donde vive. Le pagan por horas. Rara vez suma el millón de pesos en un mes.
Carlos llega puntualmente a una finca donde se desempeña como vigilante nocturno en jornadas de doce horas, le pagan el salario mínimo más 4 horas extras nocturnas y los dominicales cuando corresponden. Sus ingresos por pasar las noches en un “cambuche” en el potrero en donde está el ganado apenas si superan un millón y medio de pesos.
NI Carlos, ni Bernardo, ni Antonios han empuñado jamás un arma para hacerle daño a nadie. Al contrario, se han quedado impasibles ante los abusos de los policías que paran a Antonio cuando pasa en su moto y le piden papeles y más papeles para ver si logran sacarle una mordida o de los del barrio donde vive Bernardos que con frecuencia lo acosan y maltratan.
Estas personas, y los millones de colombianos y colombianas que se rompen el lomo todos los días en trabajos honestos y muchas veces mal remunerados son los verdaderos gestores de paz.
Pero el presidente cree otra cosa. Los gestores de paz son los que han tomado un arma, blanda o dura, para agredir al vecino, para robar, para atacar a la policía, o a quienes piensen diferente, para quemar buses y CAIS. A esos los quiere poner al servicio de su proyecto de paz total pagándoles un millón de pesos, ese millón de pesos por el que se desloman más de tres millones de colombianas y colombianos, ese millón de pesos al que no alcanzan a llegar los ingresos de otros millones de colombianas y colombianos que están en la informalidad.
¿Y qué van a hacer esos Gestores de Paz?
Los integrantes de la primera línea que van a salir libres y los demás jóvenes que ingresarán al programa de Petro se dedicarán a gestionar ¿cuál paz? Preocupa que su propósito sea gestionar la paz del Gobierno, conformando la primera línea de las brigadas petristas que saldrán a defender el proyecto del pacto histórico a lo que cueste.
Ya lo dijo Sergio Fajardo, hay señales que el Pacto Histórico quiere perpetuarse en el poder.
Si por un lado llueve, por el otro no escampa.
Otro elemento fundamental de la política de paz total del gobierno Petro que tiene también a muchos con los pelos de punta, es el asunto de los cultivos de uso ilícito. La propuesta de Petro suena a una fórmula para descriminalizar los cultivos de coca. En efecto dijo en El Tarra ante una asamblea de campesinos cocaleros, que los campesinos deben poder seguir sembrando coca mientras “exploran” la rentabilidad de otros cultivos. La propuesta del presidente deja entrever que se elimina cualquier forma de erradicación forzosa. Así por lo menos lo entendieron en el Departamento do Estado de los EEUU desde donde hicieron una seria advertencia recordándole a Petro que la erradicación forzosa es un compromiso de Colombia. La respuesta de los campesinos del Tarra no se dejó esperar, pidieron la liberación de los cocaleros detenidos quienes se convertirían en “gestores de sustitución” emulando a los “gestores de paz”.
El compromiso de Petro con la paz total es ese sí total y tiene razón, Colombia no resiste más violencia, que tras cuatro meses de gobierno está desatada. Preocupa la violenta rección de los grupos delictivos cuando se contrasta con el tono extremadamente conciliatorio del Gobierno.
Mientras el gobierno promueve con mucho sobresalto su paz total, desde la oficina del comisionado de paz en un comunicado muy cuestionable, se les pide a las familias y a las comunidades del Cauca que “sigan resistiendo a los embates de la guerra”; de por Dios.
Otro punto muy debatible del comunicado del comisionado de paz es que les da a los criminales de las disidencias de las FARC la categoría de actores políticos en la negociación de la paz total. No hay duda, el gobierno quiere darles a las disidencias de las FARC el estatus de insurrección política, eso si es hacer trizas el acuerdo de paz con las FARC.
Cucharaditas internacionales
La crisis peruana no cesa. Ayer, injustamente la cancillería peruana expulsó al embajador de México. Los peruanos no le perdonan al gobierno mexicano que haya criticado la destitución de Castillo y sobre todo que haya recibido a su esposa y a sus hijos en la embajada, les hayan otorgado el exilio y hayan pedido el salvoconducto para trasladar al grupo familiar a México. Se fue la familia del depuesto presidente y con ellos se tuvo que ir el embajador. Esa diplomacia no me gusta materile rile ro.
Se acaba el año. Durante todo 2022 la humanidad vio los extremos del genocida Putin y a fuerza de costumbre la masacre de Ucrania se volvió paisaje.
Lo mismo ha ido sucediendo con la arremetida de los Talibanes contra las mujeres afganas, semana tras semana aparece una nueva medida draconiana, la última les cerraron toda posibilidad de estudiar en universidades; y eso también se volvió paisaje.
Por: Juan Manuel Urrutia
Twitter: @Juanmaurrutiav1
