Ganó Argentina (y un argumento contra el racismo)

El racismo, como cualquier otro defecto, es difícil de ver en introspectiva. Esto obedece a la sutileza con la que la violencia cultural puede habitar en nuestras mentes, en el imaginario colectivo.

Es una premisa ampliamente compartida que los negros son físicamente superiores a los blancos. Los ejemplos que se esgrimen para probarlo son los mismos atletas. A primera vista el razonamiento parece ser robusto. En la NBA la mayoría de los jugadores son negros, los brasileños son una potencia en el futbol y en la NFL hay también una enorme cantidad de atletas sobresalientes negros.

Sin embargo, el argumento no se sostiene cuando se toma en consideración que en los barrios negros de Estados Unidos el deporte es visto como medio para sobresalir y que hay muchas canchas de basquetbol en esos barrios, dos consideraciones de índole social. Tampoco vuela la idea cuando se piensa en el tenis, un deporte al que tienen acceso los más ricos, que estadísticamente son blancos. Lo mismo pasa con los atletas del golf, que son casi todos, ricos y blancos. Tiger Woods y Serena Williams son una excepción.

A veces la hipótesis tiene un componente darwiniano: la esclavitud en Estados Unidos los hizo más fuertes, pues durante años, los esclavos tenían que hacer labor manual dura, lo que los hizo evolucionar físicamente. Pero eso también sucedió en América con la figura de la encomienda, esa esclavitud disfrazada de salvación. No se ven, sin embargo, atletas indígenas de las ex colonias españolas sobresaliendo particularmente en los deportes (el ejemplo de los rarámuris ultra maratonistas es algo cultural, interesantísimo para otras reflexiones).

La explicación darwiniana no es válida desde una perspectiva biológica, pues los cambios evolutivos toman alrededor de un millón de años, esos son diez mil siglos. La esclavitud en América no duró más de cinco.

Lo peligroso de pensar que los negros son mejores atletas que los blancos es que el mismo tipo de razonamiento puede llevar a pensar que los blancos son más inteligentes porque tienen más premios Nóbel, o los hombres, porque hay más laureados que laureadas.

¡Que viva Argentina! Que sirva este triunfo, con un capitán blanco, bajo de estatura, logrado en un partido debatido a muerte a partir del minuto 80, para zanjar el debate: los humanos somos física y mentalmente iguales. Esa es una idea que nos dieron otros ganadores, los de la revolución francesa ¡Vive la France!

Por: Enrique Paredes Frías, PhD.
Twitter: @enriqueparf


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