
En febrero de 2020, todavía en El Molino, escribí la primera columna sobre el COVID 19, el virus de Wuhan le decíamos entonces en una aproximación racista y anti China. Asaltados por las aberrantes imágenes de muerte y desolación que nos llegaban del norte de Italia, primero, de España luego y más adelante de New York culpábamos al régimen chino de no haber avisado a tiempo, a la OMS de haber ayudado a China a esconder el monstruo.
Llegaron las cuarentenas, los encierros, la escuela online, la caída en picada de las economías, los muertos, la escasez de UCIs, las fosas comunes de New York y luego las vacunas, las reaperturas, la reactivación y aceleración de las economías y la inflación. La mayoría de los países superaron mal que bien la pandemia.
China no.
En abril de 2020 el mundo empezaba a sufrir las consecuencias de la pandemia, los colombianos estábamos encerrados y torturados diariamente por el programa del presentador presidente. Así estuvo buena parte de la población mundial hasta el cuarto trimestre de 2020 cuando empezaron a administrase las primeras vacunas. Los países ricos y los ricos de los países se vacunaron rápidamente. Nosotros nos demoramos un tantico y recibimos nuestra primera dosis en la EPS el 19 de abril de 2021. Levábamos un año básicamente encerrados. Un alto porcentaje de la población de América Latina se puso las vacunas chinas de Sinovac. Con la llegada de las vacunas y la inmunidad resultante de las infecciones del 2020, la mayoría de los países europeos, de las américas, y de parte de África y Asia lograron superar la pandemia. En el verano de 2021 se volvía a la “normalidad”. La recuperación de la mayoría de las economías era evidente, con cifras de crecimiento alentadoras, claro en muchos casos los gobiernos encendieron la máquina de imprimir billete y otros, como nosotros, aumentaron su endeudamiento, y ahora estamos viendo inflaciones de dos dígitos.
China no
En el mismo abril de 2020 el mundo veía entre sorprendido y admirado cómo China con su política de Cero COVID tenía indicadores envidiables, menos contagios, muchos menos casos graves, menos ocupación de UCIS y menos muertos. Durante meses epidemiólogos de todos los pelambres defendían las medidas extremas. China confiaba en su capacidad de hacer pruebas masivas y de aislar a quienes resultaran positivos y a todos quienes los rodeaban. Y el gobierno de Xi Jinping feliz apretando el control de la población, ampliando el rango de injerencia del partido en la vida diaria y empoderando a los “big whites” que es el nombre que le han dado a los funcionarios encargados de forzar las cuarentenas y los encierros.
Hasta bien entrado el 2021 China se enorgullecía del positivo efecto de la política Cero COVID, consistente en detectar TODOS los casos de COVID y en aislar a los portadores y a TODOS sus contactos cercanos en el transcurso de pocas horas y por largos períodos. Así llegaron a testear a cientos de millones de personas en un solo día y a poner en cuarentena a ciudades entreras. Las autoridades chinas se vanagloriaban de los resultados de su política, arguyendo que China había tenido tan sólo 5.233 muertes mientras Estados Unidos había tenido más de un millón. En vísperas del XXI congreso del partido comunista, los medios oficiales y los oficiales del partido se enorgullecían de la política contra el COVID inspirada y dirigida por el líder máximo XI Jinping a quien catalogaban de héroe nacional por haber vencido la pandemia y estabilizado la economía.
Ni lo uno ni lo otro, sino todo lo contrario.
En los últimos días de noviembre se desarrollaron en varias ciudades chinas inusuales protestas. Si, inusuales por su magnitud. Como siempre el grueso de los manifestantes son jóvenes, estudiantes, todos cansados con la tan mentada política de Cero COVID, con los encierros, con las cuarentenas, con los abusos de los “big whites”. Mientras ello ocurría, el 28 de noviembre el diario oficial “China Daily” todavía sostenía en un editorial sobre los diez años en el poder de Xi Jinping que el gran líder había derrotado al COVID.
Todo parece indicar que no ha sido así. Mi profesor de matemáticas en el Liceo nos decía que estas son como el queso gruyere, entre más huecos, menos queso. Parece que los resultados de la política Cero COVID empiezan a parecerse a un gruyere con muchos huecos.
OMICROM y sus nuevas variantes, como la que han bautizado Perro del Infierno, son mucho más contagiosas, y están derrotando la política de Cero COVID, los contagios en China se multiplican y por ende las cuarentenas y aislamientos son más frecuentes. Los estragos que esas medidas producen en una economía de por si maltrecha son cada vez más notorios. La gente está cansada y asustada. El incendio de un edificio cuyas salidas de emergencia habían sido selladas por los “big whites” fue esta vez el florero de Llorente”. Se reportan también incidentes con personas que se atreven a confrontar las restricciones para ir a trabajar. Para el régimen de Xi la salida parece ser la de amainar las restricciones, una nueva etapa según el zar del COVID Sun Chunlan.
Pero, ese ablandamiento puede tener consecuencias nefastas. Las vacunas chinas, recordemos que China no permite la importación de otras vacunas, tienen una eficiencia que no llega al 70%. Además, por el enfoque Cero Contagios, la cobertura de la vacunación está también por debajo del 70% y dramáticamente las poblaciones mayores que son las que están en más alto riesgo no han sido vacunadas. Súmele que los “buenos” resultados de control de los contagios han llevado a que, en China, a diferencia del resto del mundo, hay mucho menos personas que tuvieron el virus y que tienen como resultado algún nivel de inmunidad. La tormenta perfecta. La combinación de la virulencia de OMICROM y la fata de inmunidad con un relajamiento de las medidas fundamentales de la política Cero COVID pueden llevar a contagios masivos, mucho de ellos entre población de alto riesgo. Ello puede resultar en un colapso del sistema de salud que no contaría con las UCIs necesarias para atender un brote como el que los modelos dicen que resultaría. Se calcula que en un plazo muy corto podrían haber más de seiscientos mil muertos, y posiblemente el doble de esa cifra.
EL recién reelegido, por el congreso del partido, Xi Jinping se encuentra entre la espada y la pared. Cuenta con el sistema para mantener un estricto control de la población que se basa en un fortalecido partido comunista, que se ha metido en todos los aspectos de la vida cotidiana; combinado con una avanzada tecnología que les permite a las autoridades vigilar de cerca la mayoría de la población, con mecanismos de reconocimiento facial y de seguimiento por medio de los teléfonos móviles. Los vigilantes sanitarios, vestido de blanco, los “big whites” son los vigías de primera línea luego están los cuadros locales del partido que son como los “fumuguan” que traduce “padre madre oficial”, una figura de la China imperial, basada en el concepto confuciano de la autoridad y la lealtad y que define que el Estado debe ejercer la autoridad como unos padres estrictos.
Si, el presidente Xi se encuentra entre la rubia y la morena como dicen los comentaristas beisboleros de la costa caribe, si aprieta la gente se le puede revolver y la figura del “fumuguan” puede perder el respeto, y si afloja la pandemia se le puede salir de las manos. Lo peor, es que por una u otra vía, la economía china tiene un alto riesgo de salir maltrecha.