
Por estos días aumenta la analítica verborrea de periodistas, columnistas y comentaristas sobre los cien días de gobierno de Gustavo Petro. En La Cucharada he ido expresando mis dudas y mis críticas a distintas acciones y omisiones del gobierno de Petro y una que otra vez mi esperanza de que esto salga bien.
Participo en un diálogo entre compañeros del liceo con los que cincuenta y dos años después de graduados sigo conversando sobre toda clase de babosadas y discutiendo sobre temas que van desde la construcción correcta de una frase hasta los orígenes del calentamiento global. Y claro está Petro, como Duque y Santos y Uribe son temas de frecuentes discusiones, a veces apasionadas.
Y claro , entre exalumnos de LFLP, en estos días el tema tenía que ser Petro porque estuvo en Sciences Po, en donde pronunció un discurso de corte académico, en el que se apartó un poco del tono demagógico de sus intervenciones en otros foros y definitivamente populista de sus intervenciones en los “diálogos vinculantes” en los que busca emular los encuentros de Uribe con las comunidades, sólo que el presidente Petro los usa como caja de resonancia para sus más radicales propuestas y apuestas y no para regañar a alguien porque dejó los escusados sucios.
Uno de mis compañeros, Ramiro, definitivamente progresista, nunca le diré progre porque me suena tan despectivo como cuando a mí me dicen tibio porque soy de extremo centro o me preguntan por mis amigos fachos que son un grupo de gente maravillosa con claras y concretas ideas de derecha que de fascistas no tienen un pelo; subió la intervención del presidente en el 5º Foro de París por la Paz, muy parecido al de Sciences Po, en el chat del grupo. Yo hice un comentario facilista que decía “gracias, querido Ramiro, los puntos que propone Petro son los que son, pero las soluciones no me encajan” o algo así. Y con razón Ramiro en una típica reacción de persona formada por profesores franchutes contestó “qué bueno Juan que un día en La Cucharada elaborara sobre cuáles son las soluciones que si encajan”.
Reto aceptado. Mi primera reacción al sentarme a escribir esta columna es “eso me pasa por sapo”. Pero en el espíritu cartesiano de los niños del francés, toca intentar.
Y cómo Ramiro me puso a pensar, pensé.
El primer pensao es que los problemas que viene planteando Petro en sus discursos “internacionales” son problemas bastante cacareados, sólo que él los presenta con un enfoque bastante mamerto-setentero, del corte de Las Venas Abiertas de América Latina al decir que todas las guerras del siglo veinte fueron causadas por el concepto de la riqueza o de la distribución de la riqueza. No. Luego procede a plantear dos estilos, dos fuentes, de las guerras del siglo XXI. Habla de las guerras fósiles que llevan al estertor de la economía fósil y de los conflictos por el control de unas riquezas, como puede ser la riqueza de las materias primas o la riqueza de la coca.
Y ahí se enreda la piola, porque el diagnóstico sesgado lleva a proponer soluciones sesgadas. Claro, hay que entender que Petro estaba hablando en un foro de paz y entonces tenía que hablar de guerras. Pero la verdad es que Petro de lo que estaba hablando era de cambio climático y de la paz total que son dos elementos claves de las políticas que quiere impulsar.
Es cierto que como dice Petro, el consumo desaforado de energía producida con los combustibles fósiles es uno de los factores que afectan el calentamiento global y que por lo tanto ese consumo es responsable en buena parte del cambio climático y sus cada vez más perniciosos o desastrosos efectos. Climas cada vez más extremos.
Hay quienes sostienen que no necesariamente la única explicación aceptable del “cambio climático y del calentamiento global” es la desaforada actividad humana y que lo que la humanidad está viviendo es un ciclo de calentamiento que terminará posiblemente en la destrucción de la vida en la tierra, como la conocemos, irremediablemente, lo que ha sucedido varias veces en los millones de años que tiene el planeta. Es esta una discusión en la que no me voy a meter, pero debo anotar que esa línea de pensamiento existe y que la soportan argumentos que no son fáciles de desechar.
Este pechito les concede el argumento a los ambientalistas. La actividad humana tiene una importante responsabilidad en el calentamiento global y por ende la humanidad puede y debe actuar para evitar sus catastróficas consecuencias. De acuerdo. Pero plantear que la única solución posible es una transición energética a las patadas, que es lo que veladamente propone Petro es un error grave y sobre todo lleva al campo ideológico que es en el Petro se siente a sus anchas, una discusión que podría darse en otros campos. Pasar de reconocer el efecto negativo del consumo de energías producidas con combustibles fósiles a desarrollar toda una teoría de la dominación del norte es un salto peligroso por decir lo menos. De nada sirve que el presidente de un país cuya contribución real a las emisiones es irrelevante anuncie que va a acabar con la producción de petróleo, carbón y gas y reemplazarlas por aguacates y turistas. Es un discurso inútil y peligroso como lo ha demostrado el efecto de la invasión de Ucrania por el genocida. Lo único que ha sucedido es que los combustibles fósiles se han encarecido exponencialmente y qué con esos precios, hay muchos estados y muchos gobiernos dispuestos a reemplazar la oferta que haya disminuido a causa de sanciones o por los efectos directos de la invasión. Los países afectados, Alemania, principalmente, buscan toda clase de soluciones, menos la más importante, reducción de la demanda. No, señor Petro, el ataque frontal a la producción de combustibles fósiles en un país cuya economía, para bien o para mal, depende de su producción, la que a su vez depende de las actividades de explotación y de exploración, es sencillamente pegarse un tiro en el pie. Más concreto y más aterrizado el discurso de la primera ministra de Barbados cuando llama a la “justicia climática”, ese es un discurso serio que propone una solución posible.
El otro eje del discurso de presidente de los colombianos es el de la paz total. Y claro, ese discurso es imposible sin referencia a la “guerra contra las drogas”. Esta vez si estoy de acuerdo con Petro y con Santos y con muchos que vienen desde hace años diciendo que esa guerra ha sido inútil. Hace 38 años, cuando asesinaron a Rodrigo Lara, el cartel de Medellín ejercía una especie de monopolio sobre el negocio de la coca. Hoy en día, no hay un cartel, hay muchos cultivando más de 200,000 hectáreas de coca a las que se suman las de marihuana y las de amapola y procesando más de 1,400 toneladas de cocaína. Matanzas, asesinatos de líderes comunitarios que se oponen a los cultivos ilícitos, son el pan de cada día. La violencia y la inseguridad que vive buena parte del territorio nacional la causan esas guerras por el control de la cocaína a las que se refiere el presidente. La solución inmediata sería, ciertamente, la legalización, pero eso no va a suceder, por lo menos en los países consumidores. Plantear una “paz total” con unos grupos que controlan el territorio, la materia prima y la producción de la cocaína que se meten los consumidores como si fueran aspiradoras de última generación es por lo menos ingenuo, pero sobre todo demagógico. No hay claridad sobre condiciones, rendiciones. Se sabe eso sí que la estrategia de negociación es ofrecer benevolencia desde el discurso y culpar enteramente al míster por los estragos de la cocaína. Los asesinos y terroristas, incluidos los reincidentes que traicionaron lo acuerdos de paz de 2016 que son quienes explotan el negocio merecerán toda la compasión del Estado y la sociedad.
No sorprende entonces que en los proyectos de ley que se presentan para cimentar la paz total, lo que sobresalgan son los micos, u orangutanes, incluidos por el partido de gobierno para amordazar la prensa y para fortalecer las brigadas petristas con el brazo armado del Pacto Histórico, la “primera línea” a cuyos más destacados terroristas pretende el gobierno de Petro liberar y seguramente subsidiar. Tampoco sorprende que los “diálogos regionales vinculantes” propuestos por el gobierno para estructurar la “paz total” y construir el plan de desarrollo se hayan convertido en el escenario de discursos extremistas e incendiarios.
Petro tiene razón, el cambio climático y la guerra en los territorios son problemas que Colombia debe enfrentar y resolver. Pero las soluciones que propone son a mi modo de ver y entender palabras que se van con los vientos como Remedios la Bella.
Dos historias diferentes para el fin de semana de puente:
El protagonista real de la historia en que se basó la película “El Terminal” con Tom Hanks murió en el aeropuerto CDG:
https://www.bbc.com/news/world-europe-63612017
A los magistrados del tribunal administrativo de Cundinamarca les deberían regalar una calculadora y algo de sentido común:
Por: Juan Manuel Urrutia
Twitter: @Juanmaurrutiav1

Esos que dices “sostienen que no necesariamente la única explicación aceptable del “cambio climático y del calentamiento global” es la desaforada actividad humana y que lo que la humanidad está viviendo es un ciclo de calentamiento”, no tienen un argumento válido. Los que sostienen eso no entienden, o no quieren entender, o desconocen, la evidencia científica. De manera que al contrario de lo que dices, SI es facil desechar ese argumento. Tal vez sea debatible si estamos o no en un ciclo natural de calentamiento. Pero aun si estuviéramos en tal ciclo, es incontrovertible que “la desaforada actividad humana” está acelerando el calentamiento en forma jamás experimentada en este mundo.
Me gustaMe gusta