
En los años 1990, entre mis responsabilidades como director regional para África del programa de mercadeo social, me correspondía supervisar los proyectos de Egipto y de Jordania. En una ocasión tuve la oportunidad de realizar una visita relámpago a Petra. El viaje que normalmente toma cerca de tres horas desde Amman hasta Wadi Musa, en nuestro caso tuvo una escala en los campos de refugiados palestino en el margen occidental, en donde el programa jordano tenía algunas intervenciones. Llegamos pues a Petra pasado el medio día y muy rápidamente nos fuimos a ver los edificios monumentales especialmente El Tesoro e hicimos un rápido recorrido. Me quedó la promesa de volver con tiempo. No he podido.
Mi compadre, hermano, amigo Rafa Lemaitre acaba de visitar Petra y nos manda a un chat de compañeros de promoción del Liceo Francés Louis Pasteur de Bogotá una muy completa crónica de esa visita que con la autorización de Rafa me he tomado la libertad de editar y completar para el disfrute, esperamos, de los lectore de La Cucharada.
Vamos pues con la crónica de Rafa
Petra (nombre de etimología griega: piedra), antigua ciudad fundada en siglo VIII a.C. por la tribu de los edomitas. Pero fueron en los nabateos, tribu beduina, quienes la ocuparon e hicieron prosperar gracias a que era un sitio estratégico en la ruta de las caravanas que llevaban el incienso, las especias y otros productos de lujo entre Egipto, Siria, Arabia y el sur del Mediterráneo. Se acabó y pasó al olvido desde el siglo VI d. C. debido al cambio de rutas comerciales y los terremotos sufridos, que condujeron al abandono de la ciudad por sus habitantes.
Occidente descubrió a Petra en 1812 por el suizo Jean Louis Burckhardt, quien en el momento andaba disfrazado de árabe bajo el alias Sheikh Ibrahim en la ruta entre Damasco y Egipto, pasando por Jordania. Escuchó decir que a las afueras del pueblo de Wadi Musa, existían en medio de una fortaleza natural, unas ruinas extraordinarias. Lo extraordinario de Petra es que las casas, los templos, los edificios y las tumbas, fueron labrados en la misma roca del valle (hemispeos), de color rojizo, siendo los edificios más impresionantes los conocidos como el Khazneh (‘el Tesoro’) y el Deir (‘el Monasterio’). Yo recuerdo haber perdido el aliento por la caminada hasta El Tesoro y por la grandiosidad de lo que veía.
Se llega a Petra, desde el puerto de Aqaba por la autopista o ruta Kings Highway. Las fotos del paisaje bien podrían pasar por fotos tomadas por el “Rover” de la NASA desde Marte. Entre los restos de las rutas y caminos usados por caravanas en la antigüedad que se pueden ver en ciertos tramos, se ven beduinos que viven en carpas, ya que no gustan de vivir en casas.
Más adelante van apareciendo las cuevas talladas y algunas tumbas. Tenían costumbre de hacer tumbas encima de las cuevas donde vivían. Por cierto, que hay algunas pocas cuevas aún habitadas por descendientes. ¡Esos sí que son raizales! No como esa parranda de sinvergüenzas que han invadido las playas de Baru.
De pronto se llega a un estrecho cañón por el cual se camina por un trecho de un medio km. Hay restos de caminos de piedra hechos por los romanos cuando estuvieron allí. Las paredes de este profundo y monumental cañón están decoradas con varios motivos, y dedicaciones a dioses o símbolos, lo que las hace fascinantes, incluyendo una con una cabeza de pene circunciso.

Hay un sitio donde se aprecia aún un gran relieve de una caravana de camellos con su carga y acompañantes. Se ven solo algunas formas como los cascos y medio cuerpo de una persona.
Rafa dice “Me dejó esto hipnotizado al imaginarme aquello hace 20 siglos”. Yo recuerdo que esa imagen me transportó a la ventana de un cuarto de hotel en Niamey en Niger desde la que al atardecer vi la llegad de una interminable caravana de camellos cargados que atravesaban el puente sobre el río Niger, que yo imaginé vendrían de Timbuktu.
Y por ahí nos topamos con un árabe tocando un instrumento con lo que debe ser un bullerengue local. Por fin se acaba el cañón y aparece el edificio del Tesoro (fue templo y otras cosas a través de la historia), hoy en medio de una escena alucinante de camellos y turistas. Se sigue caminando y hay más; como por ejemplo la huella de los romanos que ocuparon a Petra, ¡un gran teatro!
Finalmente se llega, ya ahogado por la caminada y con las rodillas crujiendo, a la ciudad donde vivieron hasta 40.000 habitantes y que debió ser un espectáculo increíble que queda al pié del famoso Monasterio. No pude físicamente, dice Rafa, yo tampoco.
Y claro, anota Rafa, había que regresar, esta vez por el mismo recorrido, pero subiendo. Siempre lo que baja, sube. Rafa lo hizo caminando, yo como estaba en visita “oficial” hice el recorrido en una carretita tirada por un burro.
Por: Rafael Lemaitre Velez
Edición de Juan Manuel Urrutia V.
