
Aclaro y le recuerdo a los lectores, desde el 1 de enero de 2020, Carolina Urrutia, mi hija, es la secretaria de Ambiente de la administración de Claudia López. Así estimado lector que, si espera que esta columna sea objetiva, le sugiero que pare de leer ya. Esta es una defensa de la gestión de Claudia López y lo digo de frente.
Ha habido, sin duda tropiezos. No le tocó la más fácil.
Cuando llegué en agosto de 1998 a la oficina, nunca me gustó que le dijeran despacho, de la dirección general del ICBF, sentí que me estaba subiendo a uno de esos inmensos barcos petroleros de miles de toneladas pero que tenía que manejarlo con un remo de esos de las canoas de Barú. Luego aprendí, unas semanas después en donde quedaba la cabina de mando y el timón, también aprendí que para dar un giro de 15 grados se tomaba uno varias semanas y en alguno casos meses. Comparado con Bogotá, el ICBF es chiquito, mogollo de administrar diría mi papá. Imagínese entonces lo que significa llegar al palacio Liévano, sede de la alcaldía de Bogotá, a lidiar con una problemática monstruosa y que el día que uno encuentra finalmente el timón que está conectado a la dirección hidráulica, le revienta una pandemia de magnas proporciones y olvídese de su plan de gobierno.
Súmele que la alcaldesa es una mujer que no tiene pelos en la lengua y que habla duro. Ejerce eso que llaman en los hombres liderazgo y que cuando lo ejerce una mujer lo llaman histeria. Para completar hay que reconocer que Claudia López no rehúye una pelea cuando tiene que darla y que algunas veces la decisión de dar una pelea no es la más acertada. La alcaldesa peleó con el presidente de la república, peleó con ministros, peleó con la oposición, peleó con los militares, peleó con la policía. Si, la alcaldesa cazó muchas broncas.
Durante la pandemia del COVID las peleas de la alcaldesa con el presidente Duque y con su ministro de salud fueron frecuentes.
La atención de la pandemia del COVID le robó por lo menos catorce meses de gobierno a la alcaldesa Claudia López y su equipo. La gestión de la pandemia fue eficiente, de pronto se pecó por exceso de gobierno. Bueno es recordar que en Bogotá no se vieron las escenas de horror que se vivieron en muchísimas capitales, muertos en las calles sin haber podido llegar a un hospital, o entierros masivos en fosas comunes porque la capacidad de la ciudad estaba copada. En lo que terminaba la pandemia tuvo que enfrentar la muy compleja situación de orden público o de desorden público diría yo, causada por el total divorcio del gobierno nacional encabezado por Iván Duque, dedicado a presentar un desafortunado programa de televisión, y las angustias de la mayoría de los colombianos. La reacción inicial represiva del presidente y su ministro de guerra exacerbó los ánimos y surgieron los bloqueos y los ataques sistemáticos a la infraestructura de la ciudad. Las “primeras líneas” promovidas y en algunos casos financiadas por la oposición encabezada por la Colombia Humana de Gustavo Petro, se dedicaron a “hacerles la vida a cuadritos a la administración distrital, mientras sus promotores emprendían una campaña de desprestigio contra la alcaldesa y su equipo”.
En noviembre de 2019, las centrales obreras y la oposición de Colombia Humana (ésta a escondidas) convocan un paro nacional. El 23 de noviembre en medio de las manifestaciones es asesinado Dilan Cruz, estudiante de bachillerato, mientras participaba en una marcha, en la calle 19, cerca del parque de los periodistas. Mientras la derecha y claro, la policía, buscaban la forma de desprestigiar y estigmatizar a la víctima, Claudia López, entonces candidata a la alcaldía se va a acompañar a la madre de Dilan y critica duramente a la policía.
El 20 de marzo de 2020, ochenta días después de haber iniciado su gestión, Claudia López decreta la primera cuarentena en Bogotá, el gobierno nacional se suma unos días más tarde y se decreta la cuarentena en todo el territorio nacional. Llegó la pandemia con todos sus efectos, entre ellos el forzado cambio en las prioridades de inversión y de gasto de los entes territoriales.
Ya en plena pandemia, en la noche del 8 de septiembre de 2020, un grupo de policías asesinan en una absurda acción al abogado Javier Ordoñez. El 9 de septiembre las revueltas en Bogotá son generalizadas y la policía responde con inusitada violencia, según un informe encargado por la alcaldesa, del ex defensor del pueblo, Carlos Negret, “esa noche en Bogotá hubo una masacre policial”.
Mientras el presidente Duque y su ministro de guerra cacareaban su apoyo a las fuerzas del orden, nuevamente la alcaldesa asumió una posición crítica de las acciones de la policía, otra pelea y más “inacción” de una policía cuyos comandantes estaban “sentidos”.
Ya en abril de 2021, cuando se empezaba a superar la pandemia, no el COVID, a mí me dio en 2022, las centrales y los seguidores del ya candidato Gustavo Petro, convocan de nuevo a un paro nacional. Todos recordamos el desmadre. Promovidas y con el apoyo de miembros del Pacto Histórico, representados por Gustavo Bolívar, surgen las “primeras líneas”. Estas fueron, fundamentalmente, bandas de terroristas urbanos dedicados a destruir y a asesinar. Así lo denunció la alcaldesa Claudia López y obviamente eso el subió el tono a su enfrentamiento con el precandidato presidencial Gustavo Petro. Otra pelea.
Pero se había superado la pandemia, tocaba concentrarse en la recuperación económica y sobre todo del empleo en la ciudad. Y gobernar. Y para gobernar había que dejar atrás las peleas y concentrarse en consolidar una gestión en la que la alcaldesa viene trabajando desde el comienzo.
Gobernar a Bogotá es una constante lucha en muchos frentes. Ha sido una ciudad mal administrada, víctima de politiqueros y asaltantes. Tiene pues un monumental atraso en infraestructura. Por los vaivenes de la politiquería y por falta de decisión de varios gobernantes Bogotá se ha especializado en aplazar problemas, en “dejárselo al que llega”. Es una ciudad sin calles, sin transporte público. Bogotá refleja a Colombia, una Colombia sometida indefensa a las violencias de grupos delincuenciales que nutren y se nutren del narcotráfico que adornan con toda clase de actividades criminales. Los bogotanos pasan horas en trancones rogando para que no llegue un malandro a robarles el reloj o a poncharles la llanta. Si Bogotá es una ciudad trancada e insegura. La salida fácil es echarle la culpa a la alcaldesa porque da pereza analizar.
Claro que la alcaldesa y su secretario de seguridad deben buscar incesantemente soluciones. Pero con una ciudad con altos niveles de desempleo, con cerca de 35,000 personas viviendo en la calle, es casi que pelea de toche con curuba madura. Prevención, seguridad y policía es la fórmula. No ayuda pues estar de pelea con la policía y con el presidente de la república que tiene la capacidad de brindar apoyo a un alcalde o alcaldesa en materia de seguridad.
El título de esta columna plantea que pese a las circunstancias hasta aquí descritas la gestión de Claudia López se consolida y que va bien encaminada.
Bogotá llevaba varios años, es decir varios períodos de gobierno sin un Plan de Ordenamiento Territorial. Con toda clase de dificultades políticas, enfrentando una inusitada alianza de las fuerzas políticas “progresistas”, la extrema derecha y el lobby de los constructores, la alcaldesa logró construir un POT que establece las condiciones para un desarrollo sostenible. Se cumplieron los trámites y ante la negativa de la oposición de permitir un debate de altura, no quedó más remedio que expedir el POT por decreto. Y ahí va pese a que uno de los jefes de la oposición de extrema derecha le sigue haciendo la tarea a los enemigos del POT.
La alcaldesa enmendó la plana y dejó de cazar peleas. Al dejar de pelear con el presidente Duque ha logrado acuerdos importantes para sacar adelante proyectos fundamentales de infraestructura, el más importante, obviamente, el metro que deja contratado y financiado para la construcción de dos líneas.
También dejó de cazar peleas con la oposición y sobre todo con Gustavo Petro, presidente de Colombia. Y eso le permitirá continuar un dialogo y un esfuerzo coordinado con el gobierno nacional.
Desde el comienzo de su gestión había anunciado el “sistema de cuidado” que se ha ido consolidando, las comunidades lo comprenden y se benefician. Es una de las intervenciones más exitosas para fortificar el tejido social y ha sido enormemente beneficioso, sobre todo después de la pandemia.
La combinación de obras públicas, con los programas de apoyo a la recuperación económica ha generado una recuperación concreta y sostenida del empleo y la sensación de una ciudad en crisis se va sacudiendo.
Claro que, el ambicioso plan de obras públicas emprendido está causando un caos fenomenal, pero esa no puede ni debe ser la razón para no hacer las obras. Con carácter la alcaldesa Claudia López se ha jugado para dejar en marcha la puesta al día de la infraestructura. Si, causan caos, pero con el pasar de los días se irá sintiendo el avance y los bogotanos podremos recuperar el optimismo.
Es mi opinión totalmente subjetiva y cargada de afecto que, pese a que su imagen en las encuestas cayó significativamente, Claudia López ha hecho una alcaldía valiente y dedicada a cumplir con sus obligaciones constitucionales y que en el año larguito que le queda los resultados irán demostrando una gestión a la altura de las mejores alcaldías que ha tenido la ciudad.
Por Juan Manuel Urrutia V
