Por lo menos sorprende

El presidente electo anuncia que el ex magistrado Iván Velázquez será el nuevo ministro de defensa. Nombramiento sorprendente que inmediatamente dispara la furia de los seguidores del patrón del Ubérrimo. Iván Velázquez ha sido un actor importante del entramado del enfrentamiento de Álvaro Uribe y de sus secuaces, con todo el que pregunte ¿Cómo fue que fue?

Mi autor favorito de filosofía de la vida Quino pone en boca de Susanita, la amiga de Mafalda, una frase demoledora “esa situación mal vista es apasionante”.

Las peleas del patrón del Ubérrimo y de sus seguidores contra todo el que algo cuestione, mal vistas, son apasionantes.  Apestan a un infinito rabo de paja ante el que la única posible alternativa es tapen y si no tapan, tápenlos.

Resulta que Iván Velázquez destapó el entramado de la parapolítica lo que en su momento fue considerado por el entonces presidente Uribe como una afrenta.  Se dedicó con su aparato de policía política, el DAS, a intentar desprestigiar al entonces magistrado auxiliar de la Corte Suprema.  Rumores, chuzadas, falsas acusaciones, falsos testigos, le aplicaron la parafernalia completa que ha caracterizado los enfrentamientos del patrón de Ubérrimo con sus críticos, todos por él calificados como terroristas, castro chavistas y otros epítetos.  A final del día la justicia le dio la razón a Velázquez. 

El presidente electo toma una decisión valiente y de pronto arriesgada.  El mensaje es claro, desde el ministerio de defensa se atenderán dos asuntos que son prioritarios para el cambio: la corrupción y el respeto de los derechos humanos en el seno de las fuerzas armadas y de policía.  El riesgo radica en el nombramiento como ministro de defensa de una persona que despierta resistencia entre la derecha, que seguirá, sin duda, teniendo influencia sobre muchos miembros de la alta oficialidad de las diferentes fuerzas y de la policía.  Por tradición y disciplina los mandos militares, en Colombia, han respetado a los ministros y ministras de defensa civiles; y a eso le apuesta el presidente electo Petro al anunciar la designación de Iván Velázquez.  Si Velázquez logra erradicar las prácticas corruptas e instaurar una doctrina de respeto a los derechos humanos, si logra convencer a los mandos militares que la doctrina de la seguridad nacional basada en el concepto del enemigo interno está mandada a recoger, su nombramiento habrá sido uno de los grandes logros de Gustavo Petro.

Y siguen los anuncios que lo dejan a uno algo perplejo.  Ayer el canciller designado, cargo que no existe, decidió fungir de canciller sin la D y anunció un acuerdo con el canciller, ese si canciller sin D, de la República Bolivariana de Venezuela para iniciar el restablecimiento de plenas relaciones diplomáticas entre los dos países desde el 7 de agosto.  Valiente el doctor Leyva.  En nombre de la paz total está dispuesto a tragarse el sapo de la protección que le ha ofrecido el gobierno del maduro a los dos tipos que lo traicionaron a él.  Recordemos que el canciller D fue efectivamente uno de los autores de la JEP proceso en el que trabajó de la mano de Raúl Santrich y de Iván Márquez quienes estarían pudriéndose (como decía Pacho Santos) si se les hubiera podido aplicar lo acordado por el Doctor Leyva y otros en La Habana, lo que no fue posible por la venturosa protección que les ofreció el régimen venezolano.  Claro que Colombia y Venezuela tienen que tener relaciones diplomáticas, claro que era un duquismo (estupidez cargada de soberbia), pretender que un baboso como Guaidó podía ser interlocutor para algo diferente a un costurero en casa de martuchis.  Pero uno hubiese esperado que el presidente electo y el canciller designado se hubieran esperado hasta le 7 de agosto para anunciar actos de gobierno en materia de relaciones internacionales y que el anuncio de la normalización, necesaria y suficiente, de las relaciones con Venezuela hubiera pasado por una entrega de los delincuentes colombianos refugiados en Venezuela bajo la protección del régimen.  Se pierde una oportunidad, ojalá la ganancia que espera obtener el gobierno de Petro justifique semejante sacrificio.

La aplanadora de Roy en su primera intervención sacó adelante la aprobación de la ley que ratifica el acuerdo de Escazú.  La sola pataleta de la senadora Cabal justificó el acto.  El acuerdo de Escazú es el segundo ejemplo de lo que he dado en llamar un duquismo, acto estúpido y a la vez soberbio de gobernante.  En efecto el presidente que ya casi se vuelve ex y pronto espero convicto, firmó el acuerdo de Escazú y pa’ no quedar mal con el patrón del Ubérrimo se hizo el pendejo, nunca le costó trabajo, con la ratificación en el congreso y puso su enmermelada maquinaria a evitarla creyendo que nadie se daría cuenta.

Pero acto seguido la aplanadora tropezó cuando se encontró con el populismo y la demagogia de los candidatos del Pacto Histórico, Catherine Juvinao, Gustavo Bolívar e Iván Cepeda que se hicieron elegir proponiendo una reforma INMEDIATA del congreso que incluiría una rebaja de sueldos de los congresistas.  Los demagogos le han puesto un conejo monumental a sus electores pues seguramente como resultado del gran acuerdo nacional que le proporciona el combustible a la aplanadora (esperemos que no sea mermelada) tuvieron que ceder a las condiciones de la clase política tradicional y presentar la reforma pero a partir de 2026, o sea no tan ya merito como habían prometido.  La cereza del pastel está en la explicación de Gustavo Bolívar, resulta que a los pobres congresistas no se les puede bajar el salario porque ya se lo gastaron y quedaron endeudados y va y de pronto los prestamistas los demandan. 

Va uno perdiendo la esperanza.

Por: Juan Manuel Urrutia
Twitter: @Juanmaurrutiav1


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