
Con los días contados, Duque sigue paseando, ahora se va a Miami a participar en una reunión de amigos que han bautizado la Cumbre Concordia de las Américas 2022. Sigue paseando y seguramente lo acompañarán el primer hermano y la fiel jefa de gabinete, me pregunto ¿quién ocupa el cargo de portador de sandalias y quién el de recoger de los restos?
Mientras el presidente pasea los colombianos orgullosos porque su mandatario será premiado por sus amigos organizadores de la cumbre, “como reconocimiento a su ‘liderazgo excepcional y contribuciones inconmensurables’ en favor de los migrantes venezolanos, la sostenibilidad ambiental y la protección de la población vulnerable en Colombia”.
Ah caray carambas, los colombianos si somos bien desagradecidos, más del 70% consideramos que no ha habido ni liderazgo excepcional ni contribuciones inconmensurables. Inconmensurable la podredumbre de la corrupción que se ha ido destapando en todas las instancias del gobierno de Duque. En temas de lideres y liderazgo, lo más notorio es el asesinato de cientos de líderes sociales bajo el ojo “vigilante” del gobierno de Duque y de su ministro de guerra.
En vez de andar persiguiendo premios insulsos y honores inmerecidos, el presentador presidente debería encabezar un esfuerzo del Gobierno para frenar la galopante devaluación del peso que Duque ha atizado con desatinados comentarios sobre los planes del gobierno elegido por los colombianos el 29 de junio. También debería convocar a su procuradora y a su fiscal de bolsillo y ordenarles que encuentren sancionen y procesen a los culpables los fondos de la Paz y de la Unidad Nacional de Gestión del Riesgo. Ante el rechazo general el presentador presidente debería revocar el decreto por el que le otorga inmerecidos e ilegales beneficios y gabelas a sus fieles escuderos, portadores de sandalias y recogedores de sus restos.
Agricultura y revueltas
Desde los tiempos de la pandemia, mi esposa Mónica y yo nos vinimos a vivir a una finca que ella tiene con sus hijas y de cierta forma no dedicamos a “mejorarla”. Logramos buenos resultados, de los que nos sentimos bastante satisfechos. Llegó el genocidio en Ucrania, los abonos químicos escasean y sus precios suben, el peso de descula (pardon my french) y en tres meses el modelo de gestión del hato queda bastante vulnerable. Llegan las torrenciales lluvias de junio, un mes que debería ser el comienzo de la época seca en la sabana de Bogotá y la situación se torna bastante dramática. Que no panda el cúnico. Contamos, afortunadamente, con el apoyo de los conocimientos de una de las hijas de Mónica y de su marido y empezamos a mirar un futuro diferente basado en una visión de ganadería sostenible, buscando desarrollos silvopastoriles, sustitución de abonos químicos por abonos orgánicos y otras medidas que permitan enfrentar mejor situaciones extremas, como las que hemos vivido los últimos meses. Conversando con diferentes expertos y viendo experiencias muy positivas empezamos a pensar en una transición bien planeada. Todas nuestras reflexiones nos llevan a pensar que no se puede cambiar el modelos de la noche a la mañana, el proceso es lento y se debe llevar paso a paso.
En lo que estamos en estas pensaderas, llegan las noticias de las revueltas en Sri Lanka y aparecen los analistas que pretenden culpar de semejante caos a una decisión del derrocado gobierno de Gotsabaya Rajapasksa forzar la sustitución de los fertilizantes sintéticos y los herbicidas por productos orgánicos. Sin sonrojarse, Sergio Sarmiento, en el diario mexicano Reforma dice “Fueron muchas las faltas de Rajapaksa y su gobierno, pero el error fundamental el que ha hecho que se disparen los precios de los alimentos más que en otros países, es una medida impulsada por ambientalistas y gobiernos ricos.” Joder que descaro. Procede Sarmiento a echarle la culpa del desastre a la agricultura orgánica cuando obviamente la causa de la debacle fue la populista medida de prohibir de un tajo el uso los fertilizantes sintéticos y de los pesticidas. Esa transición tiene que ser lenta y planeada. Utilizar el ejemplo de Sri Lanka para decir que “la agricultura orgánica no es una forma responsable de alimentar al mundo” es una barbaridad que sólo se explica si uno entiende que quien lo dice está al servicio del lobby de las multinacionales productoras de agroquímicos y del os fabricantes de maquinaria agrícola que destruye los suelos.
Lo que nos debe enseñar la crisis de Sri Lanka es que la imposición de modelos agrícolas y pecuarios “populistas” no es una forma responsable de gobernar. Prohibir de la noche a la mañana el uso de fertilizantes químicos o de pesticidas es tan peligroso como resolver de la noche a la mañana que la única salida para aumentar la productividad de los llanos orientales de Colombia es abonándolos masivamente con urea, ejemplo de propuso en su momento el presidente electo.
Por: Juan Manuel Urrutia
Twitter: @Juanmaurrutiav1
