
Del Final
A escasos 27 días del final del gobierno de Duque, mi balance.
Se oye de todo. La mayoría, esa que eligió a Gustavo Petro y que marcó el fin de la dominación del escenario político colombiano por el Centro Democrático y el patrón del Ubérrimo, usa casi siempre términos desobligantes para referirse a la gestión del presidente saliente, los más decentes sostienen que el gobierno de Duque ha sido desastroso. Ni tanto, al césar lo que es del césar y adiós que te vaya bien.
No se puede llamar desastre a un gobierno que ha logrado entregar al país en una situación económica mejor que la mayoría de otros países similares. Colombia muestra resultados muy positivos en materia de crecimiento económico y de disminución del desempleo. Si, estamos sumidos en una ola inflacionaria mundial que afectará enormemente los bolsillos de los colombianos, y si, como resultado de las tendencias de la economía mundial y de la falta de confianza de inversionistas, no todos, en el nuevo gobierno, el peso se ha devaluado exageradamente. Ni lo uno es todo resultado de una brillante gestión como lo quisieran las barras bravas del duquismo, si es que todavía existen, ni lo otro el resultado de una gestión desastrosa como lo quisieran las otras barras bravas, que esas si son muchas.
No se debe llamar desastre a un gobierno que tuvo que enfrentar y, con errores y cagadas, logró superar la crisis sin que se hubiera presentado un desastre en la salud de los colombianos. Si hubo muchos enfermos y hubo muchos muertos que causan mucho dolor. Pero la respuesta fue correcta. No vimos escenas macabras como en Italia o España o Nueva York o en Ecuador y Perú, de personas muriéndose sin atención en las calles o en los ancianatos. La gran mayoría de los colombianos y colombianas tenemos un esquema de vacunación básico y muchos completo. El gran lunar del manejo de la pandemia fue la prolongación del programa de televisión, muy útil en un comienzo, totalmente innecesario y contra productivo a partir del cuarto y por muchos meses más.
Hay que reconocer, eso sí, que el gobierno de Duque deja enormes sinsabores. Empecemos con el talante. Soberbio, amparado o apoyado en una coalición clientelista que le permitió montar uno de los regímenes más complacientes con la corrupción y con la ineptitud de los miembros del gobierno. El apoyo de la coalición clientelista le permitió hacer uno de los más terribles daños que se le pueda hacer a la institucionalidad al nombrar en los entes de control a amigos íntimos del gobierno con claras agendas de defender lo indefensable. Coalición clientelista que le permitió actos de monumental hipocresía como el de salir a anunciar que apoyaba dos proyectos de ley fundamentales, la ley anticorrupción y la ratificación del tratado de Escazú, mientras sus huestes clientelistas y untadas de mermelada los enterraban sin sonrojarse.
Cientos de líderes sociales asesinados, totalmente superado por las bandas criminales, el ELN y las disidencias de las FARC. El presidente Duque entrega el país con unas fuerzas armadas y una policía sumidas en escándalos de corrupción, de violación de los derechos humanos y de contubernio con la delincuencia. Su clientelista coalición permitió que el ministro de guerra no tuviera que responder por ninguno de estos escándalos ni por dudosas contrataciones con amigotas que fueron el sello de la gestión del señor Molano.
En las últimas semanas de la gestión de Duque el país descubre que corruptos funcionarios, con pleno conocimiento de la fiscalía, de la contraloría y de la procuraduría de bolsillo saquearon las arcas del Fondo Paz, el que está destinado a la implementación de uno de los puntos fundamentales de los acuerdos de paz. A esta denuncia se suma la que hace Valeria Santos en Cambio sobre El caso de la familia Quiroz, revelado por la periodista Juliana Ramírez en Noticias Uno.
https://cambiocolombia.com/opinion/puntos-de-vista/es-hora-de-enderezar
De remache, Daniel Coronell denuncia hoy en Cambio que la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres fue saqueada por el consorcio delincuencial encabezado por el senador Mario Castaño.
https://cambiocolombia.com/columnista/daniel-coronell
El presidente no ha abierto la boca ni para decir ¿de qué me hablas viejo? Y ni hablar de la procuradora, el fiscal y el contralor, comiendo calladitos.
En lugar de asistir a la entrega del informe de la Comisión de la Verdad, se lleva al gran beneficiario de la corrupción y de la impunidad, Luis Carlos Sarmiento Ángulo, a inaugurar, con bombo y platillo una obra que tiene años de retraso y de sobrecostos para la Nación, que es el eufemismo que se usa para decir que se robaron nuestros impuestos. Y el descarado banquero se atreve a amenazar al gobierno recientemente elegido por la mayoría de los colombianos. Se mandan cáscara dirían mis amigos cartageneros.
La cereza del pastel de la soberbia es el decreto por el cual el presentador le otorga beneficios ilegales e inmorales a su más cercano séquito, incluida su acompañante permanente, canciller en la sombra, portadora de sandalias y recogedora de los restos del mandatario. Horror.
Al comienzo
En la última columna dedicada al devenir nacional hice un elogio de los primeros diez días del mandato Petro. Aterrizo.
A esta hora el presidente electo ha anunciado los nombres de siete personas que ocuparán a partir del 7 de agosto siete cargos ministeriales.
Cuatro mujeres, dos fervientes petristas, una militante de la masacrada UP y tal vez la economista más contestataria, lo que para los economistas es una herejía, del país. De las cuatro tres no han tenido cuestionamiento alguno, nadie niega las credenciales de Cecilia López Montaño, ni las de Susana Mohamad y menos de las de Patricia Ariza. Si, las tres han sido radicales, pero eso fue lo que eligieron los colombianos el 29 de junio. La cuarta si ha levantado ampolla y mucha. Carolina Corcho ha sido más que todo una radical vocera de las asociaciones médicas en constante pelea con las EPS, que son las principales empleadoras que tienen los médicos en Colombia; además la señora Corcho ha defendido una impopular tesis según la cual la prestación de los servicios de salud debería estar en manos de las secretarías de salud de los entes territoriales.
Tres hombres. El canciller Álvaro Leyva es demasiado amigo para que yo pueda emitir un juicio objetivo. Creo, eso sí, que hará una buena gestión. Su nombramiento ha sido muy mal recibido por la extrema derecha que lo acusa de ser un enclosetado miembro de las FARC, eso habla más bien que mal de Leyva. Difícil encontrar un nombramiento mejor recibido que el anunciado ministro de hacienda José Antonio Ocampo, aunque parece que al dólar no le gustó. En cuanto a Alejandro Gaviria, cuya hoja de vida es ejemplar, cuya lucha contra el cáncer nos dejó grandes enseñanzas y cuya gestión al frente de la Universidad de los Andes no tuvo grandes críticas, ni elogios, a este requesonero le queda una sensación de una volteada de arepa de gigantes proporciones, a menos que su paso por la coalición Centro Esperanza hubiese sido en calidad de caballo de troya.
En pocas palabras los anuncios ministeriales vienen bien aspectados.
Preocupa el unanimismo parlamentario que está tratando de montar Roy Barreras y el anuncio que diseñarán un mecanismo de fast track para los proyectos de ley más importantes del gobierno entrante. Que suto, el tal fast track puede inhibir toda discusión y debate. Mal nos ha ido con la coalición actual, preocupa que la que está montando Barreras agarre el mismo rumbo. Ojalá el petrismo no resuelva usar la coalición para colocar, nuevamente, a sus amigotes en los entes de control. En ese campo el cambio que se requiere es proponer candidatos independientes o de la oposición para esos cargos.
Por: Juan Manuel Urrutia
Twitter: @Juanmaurrutiav1
