
El 19 de junio a las 5:15 de la tarde, Gustavo Petro supo que había ganado la elección presidencial que lo llevará a la Casa de Nariño a partir del 7 de agosto. El 29 de junio a las 5:00 de la tarde Gustavo Petro se embarcó en un vuelo internacional con destino a un merecido y urgente descanso en Europa.
Las barras bravas petrosas andan con el cuento que Colombia cambió más en una semana que en los últimos doscientos años. Las otras barras bravas andan con el otro cuento que todo lo malo que ha pasado en el mundo y en Colombia desde el 19 de junio es causado por la elección de Petro.
Joder, ni tanto que queme el santo ni tan poco que no lo alumbre.
Empecemos por el principio. Realmente Colombia no ha cambiado tanto que uno diga ¡qué bestialidad!
Duque, su hermano y su fiel compañera, la jefe de gabinete (En Perú le decían El Recogedor de lo Restos del Inca al servidor más cercano del Inca y los egipcios El Portador de Sandalias al del Faraón) siguen de paseo por el mundo.
Ahora se fue a recibir un premio ambiental que habla más mal de la organización que se lo otorgó que bien del presidente que se pasó por la faja el acuerdo Escazú y el respeto de los páramos, que negoció aletas de tiburón, que promovió el fracking y que trató a toda costa de fumigar a los campesinos cocaleros con glifosato. Y de paso se pegó una rodadita a Portugal con 15 invitados, todo por cuenta nuestra. La fiel compañera regresó a Colombia con una amplia sonrisa, su jefecito acababa de firmar el decreto que le confiere un esquema de seguridad de por vida, como a cualquier expresidente. Y así de acto de soberbia en acto de soberbia, Iván Duque termina su funesto mandato desconociendo, por ejemplo, la importancia de la Comisión de la Verdad.
Yo no he votado por Petro. Lo llamé ególatra, soberbio, mentiroso. Y el Petro de los diez días que siguieron su elección ha demostrado cuán equivocado estaba yo. Cero y van dos, en 2018 voté por Duque y en 2022 voté en blanco, de pronto me equivoqué dos veces.
Como dije, a mí el discurso de la victoria de Petro el 19 de junio no me entusiasmó. Pero desde el martes 21, el 20 fue festivo “San Emiliani Mártir”, el presidente electo empezó a mostrarse presidencial, desapareció el candidato y eso ha gustado.
Rápidamente el presidente electo se deshizo de la investidura de candidato pugnaz, sus más radicales propuestas fueron suavizándose. Dedicó buena parte, si no todo, su esfuerzo a la construcción del Gran Acuerdo Nacional que se había anunciado en la semana que terminó el día de la elección. Yo debo confesar que tuve dudas sobre el verdadero propósito del acuerdo, pensé que lo que se buscaba era un acuerdo alrededor de las tesis del candidato del pacto y así se lo expresé a Álvaro Leyva, que terminaría siendo presentado como el canciller del nuevo gobierno. Otra equivocación mía. Dice La Silla Vacía, Petro puso “todo su programa en negociación para calmar al establecimiento”. Pienso que va más allá. Efectivamente Petro ha puesto en negociación, si se quiere, el término no me encanta, todo su programa, pero no para calmar al establecimiento, sino para asegurar una gobernabilidad que él sabe es fundamental para hacer los cambios que Colombia necesita con urgencia.
Y claro, como de gobernabilidad se trata, con mucha habilidad, Petro organizó que la bancada parlamentaria del pacto escogiera como candidato a la presidencia del Senado a Roy Barreras. Papayaso a los críticos, que sin embargo salió mejor de lo esperado. La postulación de Barreras ha sido evaluada positivamente por la gran mayoría de los comentaristas. Uso el término postulación porque hasta donde tengo entendido al presidente del Senado no lo nombra el presidente, sino que es elegido por el propio Senado, claro el presidente, si tiene las mayorías del congreso postula su candidato. Si hay en el entorno de Gustavo Petro alguien que tiene las capacidades de coordinar una coalición o un acuerdo político es el senador Barreras. No lo ha hecho sino como en cinco partidos. De hecho, anuncia Roy, que ha logrado tejer una coalición que podría sumar hasta setenta senadores.
No voy a caer en la trampa de la mermelada. Sabemos que hay políticos tradicionales a quienes lo único que los mueve es un plato de lentejas, pero lo que está en juego es demasiado importante para calificar el Acuerdo como una repartija de puestos y dádivas.
Acto seguido Petro anuncia que Álvaro Leyva será el canciller desde el 7 de agosto. Bien recibido por la mayoría. Rápidamente los furibistas se van lanza enristre contra el nombramiento, dicen que Leyva es la cuota de las FARC en el gobierno de Petro. Nada más alejado de la verdad. Álvaro Leyva, me consta, lleva 40 años, desde los tiempos del gobierno de Belisario Betancur, del que fui miembro, jugándosela por la paz. Tiene todos los pergaminos para ser un canciller de lujo y las capacidades para negociar con el régimen venezolano el regreso a la normalidad en nuestras fronteras, que es urgente.
Una semana después de su elección el presidente electo da una entrevista larga a la revista Cambio, lo entrevistaron el director Federico Gómez y Daniel Coronell. En un tono pausado, menos mesiánico, más aterrizado Petro esbozó lo que yo veo como el estilo inicial de su gobierno. Es consciente que las reformas legislativas que no haga en el primer año difícilmente podrá hacerlas más adelante. Por eso su empeño en construir un gobierno alrededor de un gran acuerdo. Sabe que no puede gobernar encerrado con la gente del pacto en palacio. El tono conciliador y propositivo contrasta con el combativo Gustavo Petro de la oposición y con el camorrero alcalde de Bogotá. Hay esperanza.
Se van sucediendo las reuniones con los líderes significativos. Y viene el encuentro con Rodolfo Hernández que dio para memes, comentarios y furia de los rodolferos que se sienten traicionados en su soberbio anti petrismo por el abrazo que Hernández le dio Petro y por el apoyo que le ofreció. Me dio mucha risa oír a periodistas serios hablando de una derrota intencional, sugiriendo que Hernández le había “vendido” la elección a Petro.
Y la cereza del pastel, la reunión con Álvaro Uribe y las posteriores declaraciones de Uribe. Se respira un aire de democracia, de desarme de los espíritus. Nadie le pide a Uribe que sea petrista, pero tranquiliza y habla bien del expresidente el tono de su rueda de prensa. Claro que un gobierno que pretende adelantar reformas en áreas tan complejas como la salud, la justicia, la educación y las pensiones necesita un apoyo parlamentario sostenido, pero también se requiere una fuerza de oposición racional que haga las preguntas que hay que hacer y que fiscalice lo que hay que fiscalizar.
Finalmente, el día de su viaje al exterior, el presidente electo confirma que el 7 de agosto nombrará como ministro de Hacienda y Crédito Público a José Antonio Ocampo, quien hasta la primera vuelta era el principal economista del equipo de Sergio Fajardo, el que le sopló a Fajardo que las cuentas de Petro no cuadraban. La confirmación de un nombramiento anunciado. Ocampo puede ser el más progresista de los economistas ortodoxos colombianos y hoy en día un referente. Tranquiliza a muchos ese nombramiento.
Ha sido tan conciliador Petro con sus rivales que los cuestionamientos están surgiendo al interior del Pacto. Las bases se han ido revelando a medida que avanza la conciliación. Y claro los medios, que agrandan la noticia aún cuando esta no es tan dramática, consideran que las protestas de algunos de los grupos sociales que participaron desde el vamos en el Pacto Histórico son alarmantes indicios de una rebelión. Recuerde querido lector que el que no llora no mama. Y claro los petristas de raca mandaca, como Gustavo Bolívar que se quedó sin la presidencia del Senado, eso lo saben de memoria. Son 18 ministerios, 6 departamentos administrativos y una tracanalada de consejerías presidenciales. Hay cupo pa mucha gente.
Veremos. El gobierno de Petro viene bien aspectado. Todavía hay dudas sobre su talante y su capacidad de ejecución, dudas que su actitud y su tono de los intensos diez días que corrieron entre su elección y su viaje a descansar han ido disipando, pero que en realidad se irán disipando a medida que progrese su gestión.
Como candidato Gustavo Petro generó inmensas expectativas, ojalá pueda cumplirle a quienes de él todo esperan, porque ellos y ellas serán quienes se lo requieran, no Dios y la Patria como dice el cursi juramento de posesión.
El primer capítulo será sin duda la prometida reforma tributaria, pero yendo más allá habrá que ponerle mucha atención al plan de desarrollo que presente el entrante gobierno.
La paz con ilegalidad
Sigue la trama de corrupción en el gobierno de Duque. Los abudineados setenta mil millones son una aguja en el pajar del robo continuado a los colombianos llevado a cabo por altos funcionarios del Gobierno. Valeria Santos y Sebastián Nohra, periodistas de Blu Radio han presentado serias y sustentadas denuncias sobre el entramado de corrupción que montaron desde el DNP y el congreso para sacar tajada de los fondos para los proyectos PDEP que son fundamentales en la construcción de la paz.
Uno entiende que Duque y sus cómplices estén contra los acuerdos de paz, esa es la doctrina del Ubérrimo, pero ¿de ahí a sacar una tajada de 12% de cada proyecto?
Por: Juan Manuel Urrutia
Twitter: @JuanMaUrrutiaV1
