El cambio

Foto: Gustavo Petro y Francia Marquez celebran su triunfo. Federico Rios para The New York Times

La elección presidencial del 19 de abril de 1970, aunque no podía votar, tenía 19 años y no se podía antes de los 21, fue la primera, por razones familiares, que seguí con atención.  Este domingo se completaron 52 años y dos meses desde esa noche en que nos acostamos con un presidente electo y nos levantamos con otro.  Y como dicen los políticos enredados, “sin comentarios”.

Entre 1988 y 1998 estuve por fuera de Colombia y los resultados de las elecciones los leía la mañana siguiente, nunca se me ocurrió trasnocharme para esperar.  Desde 1998, siempre, a más tardar a las seis de la tarde del día de la elección, ya sea en primera vuelta como en el caso de Uribe o en segunda vuelta, los colombianos hemos conocido el nombre de nuestro presidente electo.  Y eso debe ser motivo de orgullo y de confianza en un sistema electoral que funciona aún cuando sus instituciones están inmersas en un mar de cuestionamientos.  Para nadie es un misterio que ni algunos de los “magistrados” del Consejo Electoral ni el Registrador Nacional del Estado Civil generan la confianza absoluta de los colombianos.  Y esa es Colombia.  Tiene unas instituciones que trascienden a quienes las dirigen o las ocupan.

El 19 de junio de 2022, un país dividido, sumido en una polarización que comenzó el 8 de agosto de 2010 cuando el ungido del patrón del Ubérrimo se salió del libreto, eligió a Gustavo Petro como presidente de Colombia y a Francia Márquez como la vicepresidenta.  Una elección que resultó de una campaña electoral que se dio en un ambiente tóxico, marcado por la exacerbación de las pasiones despertadas tras, por lo menos, doce años de polarización.  Una elección histórica, desde donde se le mire.  Para empezar, fue la participación más alta de la historia política de Colombia, 58%.  Por primera vez Colombia eligió a un presidente verdaderamente contestatario.  Colombia, duélale a quien le duela, honró sus procesos de paz exitosos eligiendo, como su presidente, a un exguerrillero amnistiado.  El presidente Petro es de izquierda, o de centro izquierda cuando lo moderan.  Los colombianos y las colombianas eligieron a una mujer líder social, afrodescendiente, más radical y más contestataria que el mismo Petro como su vicepresidenta. 

Y ya.

El discurso de la victoria, o como lo quieran llamar, de Gustavo Petro me decepcionó.  Y me preocupa.  Fue muy Gustavo Petro.  Empezó muy bien, llamando a la unidad nacional y tal pascual.  Luego se fue entusiasmando a medida que se escuchaba y se le inflaba el ego y empezó a salirse del libreto, si es que libreto había.  Llevó a la mamá de una víctima de lo que su movimiento define como los excesos de la fuerza pública a que le mandara un guadañazo a la policía nacional y al ESMAD, ¿eso como para qué?  Para calentar el espíritu vengativo de sus huestes, notorio en los tuits de la victoria del 20 y el 21 de junio.  Luego resolvió darle instrucciones al fiscal y a la procuradora, cosa que un presidente no debe hacer y mucho menos un presidente electo, también para “calentar las barras”.  Y por ese camino de la improvisación de quienes gustan de escucharse porque los hace sentir más que los demás, el presidente electo Petro perdió la primera oportunidad de mostrarse grande.  Al final del discurso lo sentí más en campaña que otra cosa.

Si por los lados de Petro llueve, por los lados de la derecha no escampa.  Los tuits, los comentarios de gente como la senadora Cabal son guerreros, anuncian un panorama tan, si no más, hostil y tóxico que el de la campaña.  Mal.

Pero como dicen por ahí, para adelante, porque para atrás ni para coger impulso.

Cada cuatro años la semana post electoral se dedica a la gabinetología.  Yo en esa no caigo.  Sólo se me ocurre plantear que es fundamental que el presidente electo anuncie dos o tres ministerios claves, hacienda, defensa y comercio, de pronto.

La frustrada candidata a la vicepresidencia de Rodolfo, Paola Ochoa goza con las noticias negativas.  Esta mañana estaba especialmente gozosa anunciando el comienzo de una “debacle económica” enmarcada en la caída del precio de las acciones de Ecopetrol y de casi todas las acciones que se negocian en la Bolsa de Colombia y con la subida del precio del dólar, feliz de subrayar que, en casas de cambio, en un lógico proceso especulativo, la divisa se llegó a negociar en 4,500 pesos colombianos.  No soy economista, me parece innecesario y sobre todo inconveniente el alarmismo de la señora Ochoa.  “Es la economía, estúpido” la frase de James Carville asesor de Bill Clinton en la campaña de 1992 toma importancia significativa porque durante la campaña presidencial los opositores de Gustavo Petro planteaban continuas y contantes críticas a las propuestas del candidato, críticas que adornaban con florecientes falsas interpretaciones o descaradas falsa noticias.  Los medios de comunicación claramente enemigos del proyecto del Pacto Histórico hicieron de caja de resonancia de la estrategia de la derecha.  Siguieron creyendo quienes se oponían a la candidatura de Gustavo Petro que el fantasma del castro chavismo y el pavor a la debacle económica les daría la victoria.  Más de once millones de colombianos y colombianas demostraron que o no estaban dispuestos a creerles o que poco les preocupaba el riesgo ante la posibilidad de un cambio real.  Derrotada la estrategia del temor, queda el manto de duda con el que sus promotores quisieron cubrir el proyecto del presidente electo.  El gran reto de Gustavo Petro será demostrar cuan equivocados estaban sus críticos.  Tendrá que demostrar, lo que no hizo como alcalde de Bogotá, que es capaz de tomar decisiones y de implementar políticas serias y responsables y obviamente conocer los nombres de los miembros de su equipo económico permitirá empezar a imaginar lo que nos espera.  Por ahora todo es especulación.

Si, Petro tiene que generar confianza en los mercados.  A este requesonero se le ocurre sin embargo que hay algo mucho más importante.  Gustavo Petro tiene la oportunidad única de demostrar, sobre todo a quienes siempre se opusieron a su visión, de que un gobierno progresista, de izquierda, si se quiere, puede consolidar los cambios por los que clama la mayoría de los colombianos.  Y para consolidar esos cambios, el prometido Gran Acuerdo Nacional tendrá que ser eso, un gran acuerdo sobre lo fundamental.  En mis noches de insomnio y angustia se me ocurre que el gran peligro es que el presidente Petro lo que busca es un gran acuerdo sobre sus propuestas, lo que no necesariamente es lo mismo.  Recuerdo en esas noches, los constantes enfrentamientos del alcalde Petro con quienes no estuvieran de acuerdo con él y me da suto, como decía mi hija cuando chiquita.

Cucharaditas

¡Sirvió la JEP!  “Ojalá la humanidad, los colombianos y en especial las víctimas nos puedan perdonar” dijo Timochenko ayer en la audiencia con las víctimas de los secuestros.  Esa frase sintetiza el sentimiento de los colombianos.  La JEP ha expuesto a victimarios de uno y de otro lado.  Los militares responsables de los falsos positivos y el secretariado responsable de los secuestros y vejámenes cometidos por las FARC han tenido que dar la cara.  Falta camino, falta verdad y sobre todo falta reparación.  Honor a la JEP, honor a sus magistrados, en especial a la magistrada Julieta Lemaitre Ripoll que encabezó el proceso y la audiencia del caso No 01.  Otra derrota para Duque, que la quería desmontar y perdió dieciocho meses de su gobierno tratando de obedecer la orden que le diera el patrón del Ubérrimo por intermedio de Ernesto Macías el 7 de agosto de 2018.

Mal parado va quedando el gobierno de Duque en materia de corrupción.  La investigación que está llevando a cabo la fiscalía sobre la empresa criminal organizada por el senador Mario Castaño empieza a mostrar como el entramado de los criminales penetró los estamentos del alto gobierno.  Caracol Radio informa que tras revisar 3535 llamadas interceptadas a los miembros de la banda criminal encabezada por Castaño, la fiscalía ha establecido que los facinerosos tenían muy frecuentes conversaciones con miembros del alto gobierno en instituciones como el Ministerio del Deporte y el Departamento para la Prosperidad Social.  ¿Más abudineadas?  Respecto del Departamento para la Prosperidad Social recordemos que su ex directora y hoy ministra de vivienda, Susana Correa fracasó estruendosamente como “gerente” de la reconstrucción de San Andrés y Providencia.  Yo recuerdo que una alta funcionaria del gobierno de Duque, me dijo un día que la señora Correa era la administradora de la mermelada en el gobierno de Duque.

https://caracol.com.co/programa/2022/06/21/6am_hoy_por_hoy/1655811848_914043.html

Una perlita final.  Si le suman los votos en blanco, todos, a la candidatura del ingeniero, tampoco le alcanza.  Así que, si Petro la “riega”, como dicen los mexicanos, no nos vengan a echar la culpa a quienes votamos en blanco.  He dicho.

Por: Juan Manuel Urrutia
Twitter: @Juanmaurrutiav1


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