De maroma y maromero

El resultado de la primera vuelta de la elección presidencial colombiana fue sorprendente.  Y como todo resultado político sorprendente también ha producido efectos sorprendentes.

Hay “de todo como en botica” decía mi mamá, reacciones de toda índole.

Asumiendo que quienes en primera vuelta votaron por uno de los dos candidatos que ahora pasan a segunda vuelta, es válido decir que Petro tiene ocho millones quinientos mil votos asegurados, mientras Hernández tiene cinco millones novecientos mil.  La participación en esta primera vuelta ha sido una de las más altas registradas 54,91%.  El potencial electoral es de alguito más de 39 millones de votos.  Si se mantuviere la participación de la primera vuelta, el total de votos estaría por los veintiún millones cuatrocientos mil.

Entonces para ganar en segunda vuelta hay que sacar diez millones setecientos mil votos más uno, mínimo.  A Petro le toca conseguir dos millones doscientos mil votos, más uno; y a Hernández cuatro millones ochocientos mil votos adicionales, más uno.

Esos votos no se consiguen en debates ni en discursos.  Ambos candidatos tienen que salir a buscar apoyos y alianzas.  Así es la política.  Y claro, siguiendo la tendencia de la campaña de primera vuelta en la que la descalificación del o de los contrincantes era un argumento de primera línea; ahora el deporte favorito es la descalificación de las alianzas, de los endosos y de los apoyos.  En respuesta los actores primordiales se ven forzados a explicar, a matizar, a legitimar, algo que no debería requerir explicación y mucho menos justificación o legitimación. 

Empecemos por el petrismo puro y duro, es decir los mesiánicos del pacto histórico.  Esa pobre gente está muy asustada.  Desde el comienzo de la campaña electoral se acostumbraron a tragar entero.  Toda propuesta demagógica y populista del mesías era recibida con un “ohhh, qué inteligencia, ohhh qué estadista” y toda critica a cada propuesta demagógica y populista del mesías era recibida con un “claro el paraco uribista ese”.  Y siguen con los mismos argumentos, pero sobre todo con la misma visión basada en el odio.  El día mismo de la primera vuelta, el gran derrotado, Federico Gutiérrez anunció su voto por la candidatura de Rodolfo Hernández.  ¿Sorpresa para le petrismo? No.  La derrota de Fico representa para el petrismo la desaparición de su razón de ser fundamental, el antiuribismo, el antiduquismo.  Petro se refería a Fico como Duque Dos.  Y sus huestes no bajaban de paraco uribista a quien apoyara las tesis de Fico, bueno si aceptamos que Fico tenía tesis.  Y ante el apoyo de Fico y de varios uribistas de pergaminos, Petro y sus seguidores de culto lanzan la formula “Hernández es el plan C de Uribe” y rápidamente proceden a descalificar como paracos uribistas a quienes se atrevan a apoyar a Hernández.  Y claro está, toda figura política, por oscura o cuestionable que sea, que apoya al mesías en un prócer, un salvador.

Con Uribe y su candidato, derrotados, parecería que Petro se ha quedado sin oxígeno.

En el Pacto Histórico tienen la esperanza que las adhesiones de gente sin votos les ayuden a contrarrestar la adhesión de Fico y sus más de cinco millones de votos anti-Petro.  Así se van anunciando con bombo y platillo adhesiones notorias, como la de Luis Humberto Murillo, la anunciada desde antes de la primera vuelta de los tibios de la coalición de Centro Esperanza, como Alejandro Gaviria, Mabel Lara, Ariel Ávila y parece que los niños Galán.  Se sumaron este find e semana la de Antanas Mockus, Rudolph Homes y Lucho Garzón.  El “santismo en pleno” también está con el Pacto.  Sin querer queriendo el Pacto Histórico ha “recogido” a muy buena parte del establecimiento político, la peor parte en algunos casos.

Comentario aparte requiere la tragicómica explicación de Alejandro Gaviria quien justifica su adhesión diciendo que tiene la esperanza de que Petro no sea Petro y de que Petro no cumpla con las promesas que ha hecho en campaña.  El pobre tipo no sabe cómo justificar que él lo que quiere es que Petro le ayude a ser alcalde de Bogotá, para tener un trampolín mejor para volver a lanzarse a la presidencia a ver si en una segunda oportunidad se le da.

La gente de Rodolfo anda más tranquila, parece ser que la adhesión de Fico y de las figuras del uribismo le bastara.  No sé.  El ingeniero tiene cuestionamientos serios y los periodistas, que son leídos y escuchados como Daniel Coronel y María Jimena Duzán, se han encargado de ventilarlos. 

El caso de Sergio Fajardo es interesante, por decir lo menos.  Él ya lo dijo, por Petro no vota.  Pero su aproximación a Hernández es…fajardista, mi mamá diría, “tiene más vericuetos que la vía a Cachipay”.  Propone don Sergio con sus ochocientos mil votos, a los que hay que descontarle los que se fueron con los miembros de su coalición para donde Petro, un acuerdo programático en el que requiere que su programa de gobierno y sus tesis prevalezcan sobre el programa y las tesis de un candidato que sacó casi seis millones de votos.  Era complejo, Hernández con el argumento anterior rechazó la oferta.

En eso se parecen Fajardo y Gaviria.  Uno pensaría que son “adhesiones vergonzantes”.

La razón de Gaviria es clara, quiero ser alcalde de Bogotá y estar en la campaña de Petro me da más votos para la alcaldía que estar en la de Hernández.  Y la de Fajardo también es clara, voto por Hernández porque no quiero que gane Petro, punto.

Y así es que está la cosa.  Hernández espera congregar a su alrededor al anti petrismo.  Petro espera graduar a Hernández de uribista para crear un anti hernandismo que lo lleve a la presidencia.

Y uno todo preocupado por el futuro del país.

Y ya para terminar, como decía don Arturo Abella, el voto en blanco merece ser reivindicado.  Dicen que votar en blanco es votar por el que gana.  En establecimiento progresista es decir los seguidore del mesías, que votó en blanco en 2010, estigmatizaron el voto en blanco durante los último cuatro años.  Resulta que votar en blanco es decir “no me convence ninguno de los candidatos y yo me mamé de votar contra alguien, que la responsabilidad de las cagadas del presidente la asuman quienes votaron por él”.

Confieso que no me he decidido, confieso que las adhesiones no influirán mi voto porque creo que tanto Petro como Rodolfo son inmanejables.  Si no voto en blanco, votaré por el candidato que me de esperanza, así sea poquita.  Le dejo la pasión a las hordas de uno y otro lado a quienes agradezco porque sus excesos tuiteros me producen mucha risa.

Por: Juan Manuel Urrutia
Twitter: @Juanmaurrutiav1


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