El drama de Twitter

Foto: Reuters

El surafricano Elon Musk compró Twitter por 44 mil millones de dólares. Lo que en principio parecería como una adquisición monótona de un multimillonario a una empresa, en la realidad tiene muchos más matices que llaman la atención, mucho más cuando uno analiza las acciones erráticas de Musk en el pasado.

Según el Washington Post, la plataforma fundada en el 2006 cuenta con alrededor de 330 millones de usuarios mensuales en todo el mundo, siendo utilizada por líderes políticos, periodistas, académicos, artistas, deportistas, entre muchos otros. Básicamente es utilizada por generadores de opinión, y donde muchas veces se comunican los más relevantes y actualizados movimientos políticos de los países.

El hecho que Elon Musk se convierta en el único dueño de una de las redes sociales más influyentes políticamente de la historia, si debería llamar la atención, por decir lo menos. Según Musk en su TED Talk, “Twitter se ha convertido en la Plaza del Pueblo, y tiene que poder hablar libremente dentro del margen de la ley”.

Todo comenzó cuando el hombre más rico del mundo compró 9.2% de las acciones de Twitter de manera desapercibida a inicios de abril. Según el New York Times, cuando los Directivos de Twitter Inc. se dieron cuenta que Musk ya era el mayor accionista, buscaron contenerlo. ¿Por qué? Porque temían una adquisición hostil, como lo hizo con Tesla, y pensaron que, si le ofrecían zanahoria, podrían controlarlo. Se le iba a dar voz y voto en la Junta Directiva para definir la dirección de la Empresa, a cambio de firmar un contrato en el cual se comprometía a no comprar más del 14% de las acciones de Twitter, y a respetar los parámetros establecidos para no divulgar información sensible ni poner en riesgo las acciones de la misma. Para sorpresa de todos, Musk aceptó la zanahoria y accedió a su puesto en la Junta Directiva.

El problema no es que Musk tenga el financiamiento (que lo tiene), o que haya demostrado ser un CEO exitoso y creativo (que lo es), el problema fue su forma de negociar agresiva y su reconocido carácter temperamental, impulsivo, y con muy poco filtro.  Sin haber acabado las negociaciones con los Directivos de Twitter, Musk ya estaba trinando sobre modificaciones que iba a llevar a cabo dentro de la plataforma, al igual que encuestas a sus seguidores para cambios en Twitter. Y la gente participó. Y la junta directiva se preocupó.

Pasaron pocos días, y Twitter anunció que Musk había rechazado la oferta de ser parte de su junta directiva. Luego se supo que la red social aceptó la oferta de Musk de comprar todas sus acciones por 54.20 dólares la acción. La empresa pasó de tener un CEO que le responde a una Junta Directiva, que a su vez le rinde cuentas a los accionistas, a tener un único dueño que no le responde a nadie.

Elon Musk es el hombre más rico del mundo, su fortuna proviene mayoritariamente de la valoración de sus acciones en Tesla, SpaceX, entre muchas otras. Aún así, no tiene la plata disponible en efectivo para pagar los 44 mil millones de dólares para comprar Twitter. El New York Times sostiene que Musk va a poner de su bolsillo 21 mil millones de dólares, seguramente provenientes de acciones de Tesla, sacará otros 13 mil millones provenientes de una deuda bancaria con Morgan Stanley y finalmente pondrá 12.5 mil millones resultado de  prestamos personales respaldados por sus acciones de Tesla.

Pablo Pardo del diario El Mundo sostiene que Twitter no es un gran negocio, particularmente si se compara con Facebook y con Tiktok. Musk no ha presentado un plan de negocio ni cambios organizaciones. Esto lleva a pensar que la compra ha sido impulsiva respondiendo a egos y una lucha de poder.

¿Cuál es el problema con Elon Musk?

El excéntrico sudafricano de 50 años ha encabezado varias veces los titulares por sus polémicos trinos. Tiene fama de convertir ideas en negocios supremamente exitosos, es el fundador de SpaceX, uno de los principales accionistas de PayPal, y es CEO de Tesla, posicionándose como uno de los hombres más ricos del mundo. Es un usuario frecuente de Twitter y se ha ganado la fama de ser volátil, impulsivo y pasional con trinos irresponsables ante una audiencia de casi 89 millones de seguidores.

Un ejemplo fue el caso de los doce niños futbolistas y su entrenador que en el 2018 quedaron atrapados por 18 días en la cueva Tham Luang Nang Non en Tailandia. La noticia dio la vuelta al mundo y diferentes países ofrecieron sus servicios para contribuir en el rescate. Musk no se quedó atrás, ofreció rescatar a los niños mediante la creación de un submarino miniatura diseñado por los ingenieros de sus empresas SpaceX y Boring Co. Una espectacular idea en principio, pero criticada por los expertos en la materia al ser poco práctica. El buzo británico Vernon Unsworth, quien en últimas fue el que rescató al equipo de futbol infantil, describió la oferta de Musk como un “truco publicitario”. Este comentario despertó la ira del CEO de Tesla, quien respondió acusándolo por Twitter de ser un “pedófilo” si tener ningún tipo de pruebas o respaldo a su denuncia.

Un mes después, Musk trinó “Estoy considerando privatizar Tesla por $420. Financiamiento asegurado.” Lo que muchos tomaron como un chiste (420 es una referencia coloquial en EEUU sobre la hora en la que los marihuaneros prenden su porro), otros lo tomaron en serio y causó un caos en la bolsa de valores desplomando el valor de la acción de Tesla, y generó sanciones administrativas posteriores.

Elon Musk también ha dicho públicamente que va a crear una página web para rankear a los periodistas que critican a sus empresas.

¿Por qué debería importarnos la relación de las redes sociales y la libertad de expresión?

En enero del 2021, tras la insurrección del Capitolio en Washington por extremistas, Twitter suspendió permanentemente la cuenta personal del entonces Presidente de Estados Unidos @realDonaldTrump (con más de 88.9 millones de seguidores) por contener trinos que incitaban a la violencia y a la insurrección. En su momento, Twitter justificó la decisión apelando a que los trinos del ex Presidente violaban las reglas de la empresa al glorificar la violencia.  Muchos criticaron al entonces CEO de Twitter y Co-Fundador, Jack Dorsey, por censurar la libertad de expresión, lo cual eleva una de las preguntas más relevantes y aún vigente en el debate frente al rol de las redes sociales¿deberían regir como un ente regulador de la libertad de expresión? ¿tienen el deber de hacerlo o incluso la competencia? Y de ser así, ¿quién decide cuál es la línea? En el caso del ex Presidente Trump, fue el CEO de Twitter en consenso con el Consejo Directivo de la compañía tomaron la decisión. El mismo Jack Dorsey contaba con apenas el 2.4% de las acciones de Twitter. Esté uno de acuerdo o no con la polémica medida, lo cierto es que la sanción buscó contener un estallido de violencia que llevaba hirviendo como olla a presión desde hace años en los Estados Unidos con el discurso fanático (bigoted) de los Republicanos.

Twitter es una de las plataformas más influyentes de la política global. Presidentes de diferentes partes del mundo anuncian decretos por Twitter, priorizan a la red social para comunicaciones oficiales informando sobre nombramientos, despidos, política exterior etc. Hambrientos por tener la primicia, los periodistas actualizan las noticias de Twitter para ser los primeros en compartir la información. También están los ciudadanos de a pie, opinando, participando, y consumiendo una oleada de información sin ningún tipo de filtro. Los algoritmos contribuyen para seguir alimentando las ideas extremistas dentro de los mismos círculos sin cuestionar.

La propagación de la desinformación es peligrosa, es delicada, y requiere de una regulación activa de las plataformas. La desinformación en torno a las vacunas en plena pandemia es responsable de miles de muertos a nivel global. El ataque al Capitolio de los Estados Unidos el año pasado a causa de mentiras publicadas en redes sociales, es una violación al sistema democrático de un país soberano, al igual que la desinformación publicada en Rusia justificando la cruel invasión en Ucrania. Las redes sociales importan, las utilicemos nosotros o no, son un megáfono que amplifican lo bueno y lo malo y no deberían regirse solas, o estar a manos de un solo individuo.

Por: Camila Muñoz Ucros
Twitter: @camunozu

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Una respuesta a “El drama de Twitter

  1. Le faltó mencionar en este artículo que Elon Musk a ayudado muchísimo a Ucrania con su sistema Starlink de internet por satélite a defenderse de la invasión de Rusia. Por ejemplo, gracias a Starlink, Ucrania a podido hacer funcionar su sistema de trenes. El centro de control de los trenes, conectado a Starlink, está en un vagón que se mueve por todo el territorio para evitar ser bombardeado por Rusia.

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