Los fascinantes chibchas en dos partes

Los muiscas del altiplano cundiboyacense

Cuando mi querido padrastro estaba hospitalizado en Engativá, luego de que se auto-atropelló en diciembre del 2021, me recorrí la totalidad del centro comercial Portal 80 varias veces mientras esperaba noticias. Tiene 17 tiendas que venden zapatos, y una librería. Ni siquiera era tienda, más un “stand” con dos mesas en el extremo norte del corredor principal. Ahí compré “Los Muiscas: la historia milenaria de un pueblo chibcha” por Carl Henrik Langebaek. El libro es un ladrillo, escrito con un lenguaje académico denso y a veces confuso para una que no sabe de esas cosas. Pero lo que cuenta es maravilloso, y aquí les hago un pequeño resumen.

Resulta que la palabra muisca es muy posiblemente una malinterpretación de los colonos que no representaba un pueblo unido. Los grupos a los que se les llamó muiscas eran chibchas, término que recoge tanto genética como idioma (por ejemplo, los kogui son chibchas también). Pero no eran una sola tribu con un solo sistema social. Eran una gente que compartía un territorio, y sus lenguas eran tan diferentes que no se entendieran entre ellos, como nosotros no le entendemos a los brasileros ni a los franceses.

De igual forma los indios de Bogotá, Tunja, Sogamoso y Duitama (no exclusivamente, pero son los más mencionados en el texto) tenían mucho en común: intercambiaban bienes en mercados, se reconocían unos a otros, y peleaban contra los panches de los llanos, a quienes sacrificaban con crueldad, y contaban con un canutillos de oro en las orejas cada panche muerto en batalla.

Los muiscas también compartían entre ellos el ritual de la guerra, que le da origen a la palabra guasábara. Explica el texto que los muiscas de ambos lados se ponían todas sus joyas, plumas, pieles, maquillaje y demás adornos para encontrarse con su enemigo en una fiesta que suena monumental. Días y noches de trago, comida, música y baile, hombres y mujeres, donde el que más fornicara era el más “santo”. Era un ritual político más que una batalla física, una ceremonia de reconocimiento en vez de dominación, a la que incluso llevaban las momias de sus guerreros caídos.

Tristemente es fácil entender cómo los españoles ganaron las batallas, proyectando sus conceptos y creencias sobre una sociedad que no entendían porque no funcionaba como la suya. Los muiscas no eran una sociedad belicosa ni puramente capitalista: Langebaek refuerza constantemente la idea que los caciques eran reconocidos por sus súbditos, quienes ofrecían tributos a sus líderes. No les cobraban impuestos ni los amenazaban con violencia, sino que intercambiaban regalos. El poder del cacique no se medía por su dominio del territorio, sino que posiblemente se ayudaban entre todos. Lo que sí nos queda imposible es entender la sociedad música antes de la llegada de los españoles, quienes registraron todo lo que vieron bajo su propio sesgo.  

No es que los muiscas fueran la sociedad ideal tampoco: al construir sus casas, de una manera que representaba sus deidades y sociedad espacialmente, se sacrificaba una niña bajo cada poste para “alimentar la casa”.

Los chibchas se inventaron el maíz como lo conocemos

La historia de las poblaciones en Colombia y el resto de Latinoamérica se conoce poco no solo porque se estudia poco, sino porque es más difícil que se preserven sus restos en el calor y la humedad tropical. Pero a veces se encuentran tesoros.

El mes pasado se publicó un artículo (Kennett et al 2022) que analizó el ADN de 20 momias encontradas en Belice. Las más viejas, de unos estimados 9 mil años de edad, corresponded a poblaciones nativas del holoceno temprano, que no están muy emparentadas con los mayas actuales. Interesante, pero no tan raro. Las momias más jóvenes, de hace unos 3 mil años, están relacionadas con los mismos chibchas que hoy habitan poblaciones aisladas desde Costa Rica hasta Colombia.

Además, antes de 4 mil años atrás, los habitantes de Mesoamérica comían poco maíz. Aunque el maíz fue domesticado en el sur del actual México hace unos 9 mil años, no tenía las características que le permiten ser el alimento básico que es hoy. Era chiquito, debilucho, y seguramente no tan dulce y delicioso. Pero migró con los humanos hacia Sur América, hasta llegar a las costas del Perú, de donde se tiene la evidencia más temprana de mazorcas parecidas a las actuales. Y si se miran los dientes de las momias peruanas de la época, se puede ver que cambiaron su alimentación y empezaron a comer más maíz.

Aquí vuelven a llegar las momias de Belice. Mirando los isótopos estables de carbono en los dientes, se puede ver que las momias más viejas (~9 mil años) no comían mucho maíz, pero las más recientes (~3 mil años) sí comían mucho maíz. Entonces la teoría que proponen los autores es que los chibchas migraron hacia el norte, llevando su maíz mejorado, sus prácticas agrícolas, y su ADN, en poblaciones chiquitas, y se mezclaron con los habitantes de la región que luego sería el imperio Maya. Adoptaron el idioma, pero les dejaron su agricultura y sus genes.

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Por: Juana Muñoz Ucros
Twitter: JuanaMUcros


2 respuestas a “Los fascinantes chibchas en dos partes

  1. Muy muy interesante Cucharada. La verdad es que no hay cosa rica que comerse una mazorca asada en la tierra de los Chibchas. Asi que con razón les quedó gustando ese grano a los Maya!

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  2. Recientemente en un debate, Petro dijo que “la primera mata de maíz que la humanidad encontró fue en Momil, Córdoba, Colombia.” Repetía lo que ya había dicho en un trino el 25 de abril de 2022.

    Me parece un poco raro que el profesor Carl Langebaek Rueda no lo haya mencionado en su libro. Lo consulté con alguien que sabe bastante sobre las excavaciones arqueológicas de Momil I y Momil II, y me dice que la afirmación de Petro no es del todo correcta. Es un ejemplo de los muchos en donde Petro se jacta de sabelotodo. En el país de los ciegos, el tuerto es rey.

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