
A veces la preparación de la cucharada de turno se me convierte en un proceso complejo lleno de dudas. Arranco con una noticia, me atropella otra, clear all y vuelva a empezar. Y dele.
Andaba muy tranquilo revisando dos encuestas de intención de voto que se publicaron el fin de semana, y zás, aparece la primera entrega de la revista Cambio y quedé sentado en un charco, anonadado.
Incomprensiblemente, en serio ¿incompresiblemente?, aparece Aida Merlano.
Durante la semana la prófuga exsenadora había dado una versión a la Corte Suprema de Justicia. De esa versión se habían filtrado detalles. Pero en la edición de la revista Cambio, Aida se destapa y se explaya en acusaciones, esta vez contra su examante Alejandro Char. El cuento de Aida Merlano es conocido desde hace rato. Nos cuenta una historia que hemos oído por años. Desde Barranquilla, dos o tres familias con toda clase de torcidos controlan la política de buena parte de la costa caribe. Eso no es nuevo. Cuenta que fue, simultáneamente, amante de dos políticos barranquilleros, Julio Gerlein que debe ser de mi edad y Alejandro Char que debe ser de la edad de mis hijas. Eso entre la “alta sociedad” barranquillera no es novedad, se estila. Cuenta que en la costa se compran votos y explica que sus amantes, como todos los políticos costeños obtienen los recursos que usan para la compra de esos votos con las abudineadas de los contratistas que apoyan.
¿Qué hay de nuevo viejo? Preguntaría Buggs Bunny.
Poco; tal vez que Aida insinúa que Alex es, por lo menos, bi sexual y que su papá Don Fuad es un asesino.
Desde hace meses María Jimena Dussán, entre otros, vienen denunciado la mayoría de estos entuertos. Nadie les pone muchas bolas, sobre todo en la costa donde todo se sabe y todo se esconde debajo del tapete.
En esta ocasión hay unas coincidencias.
Cuando las autoridades no tienen ni idea de que fue lo que pasó y porqué les metieron una bomba hasta la sala de la casa, dicen que están por determinarse las circunstancias de tiempo, lugar y modo. En el caso del destape de Aida Merlano, las circunstancias son relativamente claras.
Tiempo: Coinciden con el inicio de la última etapa de la campaña electoral.
Lugar: Se hacen desde Caracas bajo la protección del régimen dictatorial de Maduro cuyos aliados y apoyos están claramente definidos en el Pacto Histérico.
Modo: Para realzar sus declaraciones Aida Merlano resuelve meter hasta el fondo a toda la familia Char, inicialmente se había enfocado en el otro Char, Arturo que era el candidato, entonces a la presidencia del Senado; esta vez concentra sus acusaciones en Alejandro que es ahora el candidato, a la presidencia y en el patriarca del clan, Fuad Char, con quien no se había metido.
Aparece Miguel Ángel del Río como defensor de Aida Merlano. Recordemos que el abogado aspiró a encabezar la lista de Cámara del Pacto Histérico con el lema de campaña “quitarle el poder a los Char”. Perdió con el actor y presentador de televisión Agmeth Escaf y salió decepcionado de ese proceso, pero mantiene su apoyo al Pacto.
Me huele que el Pacto Histérico quiere cooptar a Aida Merlano y presentar a la condenada y prófuga delincuente como una víctima de las familias Char y Gerlein.
¿Los pájaros tirándole a las escopetas?
Ese grupo de familias que controla la política de Atlántico, de Magdalena, del Cesar y de La Guajira siempre ha estado caminando por la cornisa. Siempre acusados, casi nunca investigados. Siempre hay presos, siempre hay fugados, siempre hay casos impunes. Tienen aviones, tienen amantes, tienen jueces, tienen contratos, todo vale.
El caso de los Char es típico de la esquizofrenia que afecta a Colombia. Se supone que son unos pillos. Al mismo tiempo las ejecutorias de su grupo político en Barranquilla son impresionantes. Para nadie es misterio el notorio avance y desarrollo de la ciudad en los últimos años en que ha estado bajo el control de la familia Char.
Sea cual sea el final de esta telenovela, lo que vemos es sintomático de la degradación del quehacer político en Colombia.
Ahí es donde están las perniciosas maquinarias. No en donde las anda buscando la dotora Ingrid en su cacería de brujas, que lo único que logra con su desacertada intervención es ponerle palos entre las ruedas a la verdadera lucha contra esas maquinarias, la de la Coalición Centro Esperanza.
Por: Juan Manuel Urrutia
Twitter: @JuanMaUrrutiaV1

Bueno JuanMa, no “todos”, pero si hay que admitir que bastantes… Pero pregunta seria sin veneno: tu crees que eso de los votos es distinto en otras partes del pais? En todo caso la cucharada estuvo muy buena.
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