
Hay lugares que adquieren un especial significado. El Masai Mara en Kenia, tal vez uno de los más reconocidos “santuarios” de animales salvajes de África es uno de esos. Al Mara fui tres veces, la primera vez, sólo, en 2004, a ver la gran migración en las que millones de Ñus y de Cebras, seguidos de cerca por predadores de todos pelambres atraviesan el rio Mara, en una travesía en busca de mejores pastos; la segunda vez con mi hija Carolina un en maravilloso viaje a Kenia que hicimos los dos y la tercera con Mónica en otra suntuosa visita a un país que siempre me sedujo. De cada uno de esos viajes quedaron recuerdos y anécdotas que todavía recordamos a veces sentados al lado de la chimenea y que siempre dan para que el grupo familiar aproveche para burlarse del protagonista que casi siempre es este cuerpito.
Una de esas anécdotas es de la dotora Carolina. En el Mara siempre me alojé en un “glamping” que es ese tiempo no se llamaba así. Se trata del “Little Governors Tented Camp”, que se sitúa al borde de uno de los ríos del parque, justamente en una curva del río donde hay un vado en el que permanece una manada grande de hipopótamos. Cuenta Carolina que la primera noche antes de irnos a acosar estuvimos sentados en el espacio frente a nuestra carpa tomando ginebra con tónico y escuchando las “conversaciones” entre los hipopótamos que estaban en el río. Luego nos fuimos a dormir y dice Carolina que se despertó con unos muy asustadores gruñidos muy cerca. Entendió que eran mis ronquidos, pero pensó aterrorizada, “un hipopótamo va a creer que es el llamado de una hipopótama en calor y se nos va a meter a la carpa”. Cuando fuimos con Mónica, ella se pasaba el atardecer, sentada en el límite de parque, observando la dinámica que se desarrollaba en el vado del río. La oí aconsejando a un hipopótamo pequeño para que evitara atravesarse en el espacio de una bestia de proporciones impresionantes. Entre las muchas cosas que le cuentan a uno en la primera charla en el parque es que el hipopótamo es el animal salvaje que más humanos mata en esas tierras.
Es pues el hipo uno de los animales insignia del Serengueti, la enorme reserva que se ha establecido a lado y lado del río Mara en la frontera de Tanzanía y Kenia. Es su habita natural y como tal es protegido por dos Estados en un santuario que ocupa miles de kilómetros.
Llega la campaña electoral 2020 a Colombia y como resultado surgen a diestra y siniestra propuestas, planes plataformas. Entre 1958 y 1974, en Colombia se presentaba en cada elección presidencial un pintoresco candidato, don Gabriel Antonio Goyeneche. Su candidatura le daba a las elecciones un matiz especial por lo pintoresco de sus propuestas.
Recuerdo tres. La primera era pavimentar el río Magdalena para mejorar la conectividad entre las dos costas, problema que Colombia no ha resuelto. La segunda era construir una marquesina para techar a Bogotá y convertirla en un enorme invernadero, lo que de pronto le hubiera hecho la vida más fácil a la dotora Carolina en la secretaría de ambiente. La tercera, que podría competir con alguna de las propuestas de Petro, consistía en organizar un esquema para acabar la pobreza, haciendo rico a un ciudadano cada día en cada manzana; la idea era escoger entre los pobres de “la cuadra” uno al que cada uno de los demás habitantes de la cuadra le daría un peso.
En la campaña 2022 está presente el espíritu de Goyeneche. Candidatas y candidatos de diversos partidos, movimientos, pactos y coaliciones presentan tantas propuestas que por obvias razones algunas acaban siendo “goyenechadas” como el tren de Cúcuta a Maracaibo o los doce millones de turistas del pacto histérico.
Tal vez la más absurda “goyenechada”, sobre todo porque se la toman en serio un grupo de “animalistas” es la de establecer un santuario ecológico para 133 hipopótamos que rondan el Magdalena Medio, causando toda clase de estragos al medio ambiente y la ecología local.
En efecto, el candidato de la alianza verde a la cámara de representantes, Luis Domingo Gómez Maldonado quien se pretende ecologista y animalista sale todo emocionado a anunciar:
Hoy nos juntamos, porque tenemos que comentarle al país que nace la iniciativa ‘un santuario para los hipopótamos en Colombia’, es un megaproblema que debe resolverlo el país. Todos tenemos que estar del lado de la vida, necesitamos ser empáticos con los animales, es por eso que Andrea de Second Chance nos acompaña, también, Miguel de la Fundación Santuario Animal Namigni y Juan de La Voz de Goyo. País andamos en una solución”.
Ni por la pomposidad del anuncio, ni por la de los compañeros de aventura del candidato, la idea de crear un santuario para una especie invasiva y que está haciendo un daño irreversible al ecosistema invadido deja de ser una estupidez digna de Goyeche.
No vale la pena hacerle perder el tiempo al lector presentando todos los argumentos científicos que desvirtúan la “goyenechada” del candidato de la alianza verde.
Qué vergüenza la que me produce a mi que apoyo la coalición de la que forma parte la alianza verde. Afortunadamente para cámara puedo votar por otra persona.
Por: Juan Manuel Urrutia
Twitter: @JuanMaUrrutiaV1
