Normalidad

Se fueron los pastores, se acabó la navidad.  Ya pasadas las fiestas navideñas, en Colombia hace una semana, se regresaba a la normalidad.

¿Normalidad? Pues como que sí.

En Colombia la normalidad es, por decir lo menos dolorosa, tal vez apestosa.  Empezamos el año con matanzas y masacres en Arauca, y el gobierno sin saber como responder.  Empezamos el año con escándalo de conflicto de intereses en la oficina de repartición de mermelada en la Casa de Nariño y el gobierno con el cinismo de siempre, explica que fueron asaltados, abudineados en su buena fe.  Una pensadera sencilla.  Al señor Mayorquín lo contrataron para que repartiera mermelada, eso es lo que hacía.  Con la plena confianza y el pleno apoyo de sus superiores, más precisamente la flamante Jefa de Gabinete.  Mayorquín repartía o “articulaba” la repartición en otras instancias del Gobierno de la mermelada a diestra y siniestra y claro a veces a diestra, a veces a siniestra estaba su adorada esposa a quien le tocaba su ración.  Nadie preguntó, nadie supervisó.

Pendejos no somos, puede que la flamante Jefa de Gabinete crea que decir que la asaltaron en su buena fe es explicación suficiente.  No, una persona con el poder y la influencia que tiene la señora Correa, no puede pretender que no sabía que el funcionario que desempeñaba una función absolutamente esencial, la de hacer seguimiento a la agenda legislativa del Gobierno, al final de un período legislativo, en diciembre, cuando estaban en juego la aprobación en unos casos y el hundimiento en otros de proyectos clave para el gobierno; estaba siendo investigado desde octubre porque había hecho trampa para darle dos contratos a su esposa. 

En Bogotá siguen siendo pan de cada día los asaltos violentos por doquier.  Mal de muchos, consuelo de tontos, The Economist trae esta semana un artículo sobre la dificultad para lidiar con el crimen violento que están viendo las grandes ciudades.

Mientras la ciudad se preparaba para un año de caos vial anunciado, en un esfuerzo pedagógico para explicar la radical medida de poner la restricción vehicular, “el pico y placa” para todo el día, la alcaldesa aprovechó para dar papaya y la oposición para aplicar la máxima “papaya partida, papaya comida”.  Hay que aceptar que los memes resultantes han sido muy divertidos.

Más normalidad, el brazo armado del Pacto Histórico, la Primera Línea despidió el año con más actos de vandalismo en el Portal de las Américas, en Suba y en Usme.  Y saludó el año, organizando una “colatón” en Trasnmilenio en protesta por un necesario e inevitable aumento de la tarifa. La respuesta de las autoridades muestra una vez más la falta de coordinación entre el gobierno nacional y el distrital.  Y mientras cada quien tira para su lado, los habitantes de los sectores afectados por los vándalos se sienten desamparados.

Más normalidad; Fecode, que estuvo calladita rumbeando todo el fin de año, en su eterno oportunismo, trata de aprovechar la ola de Omicron para cuestionar la incuestionable presencialidad en los colegios.  Con las niñas, los niños y sus maestros vacunados la cuestión que plantea Fecode es puramente político-electorera.

Y hablando de normalidad, el tsunami de contagios que vivieron lo europeos primero y los Estados Unidos después no cedía terrenos por esos lados y en cambio, inexorablemente iba cubriendo al resto de las Américas.  Desde hace tres años vivir con el COVID es la nueva normalidad.  El tapabocas, el lavado de manos, el distanciamiento y el temor del contagio son lo normal.  Todavía no tengo una bibliografía suficientemente precisa para afirmarlo, pero si he leído suficientes comentarios que lo hacen, con la aparición de la cepa o variante Omicron, parecería que ha llegado el final de la pandemia como la conocimos.  El Omicron no respeta ni vacunas ni inmunidades adquiridas.  Le da igual al vacunado que al que ya tuvo Covid en alguna de sus variantes anteriores.  Como resultado los niveles de contagio son altísimos, más sin embargo la letalidad de la enfermedad es mucho menor y casi insignificante para las personas que estén vacunadas.  La buena nueva es que, en el Reino Unido, en Francia, en España y en New York la tendencia muestra que la tasa de contagios está disminuyendo, como disminuyó en Suráfrica.  Todo parecería indicar que este cuarto pico va a ser más alto, menos letal y más corto.  Y se confirma la vacuna si sirve, salva vidas.

Hablando de COVID, se cerró hoy la telenovela “Nole, vacúnate mate”.  El gobierno de Australia marcó la pauta.  Después de una semana de “que si, que no, que en casa mando yo”, el ministro de inmigración australiano le canceló la visa al tenista por la razón por la que se la deberían haber cancelado desde el principio.  Una celebridad antivacunas pone en riesgo las políticas de salud pública de Estado, punto.  Si Nole no se quiere vacunar, allá él, pero no se le puede exigir al gobierno de Australia, ni a ningún gobierno, que les exige vacunas a sus ciudadanos, que le dé una exención al tenista serbio porque es muy buen tenista.

La telenovela que no termina es la de Boris Johnson.  El titular de The Economist en una de sus columnas de esta semana habla por sí solo “Boris Johnson’s drinking problem” (el problema de Boris Johnson con el trago- traduzco yo).  Una fiestecita en 2020 y un par de rumbas la víspera del entierro del príncipe Felipe pueden que le cuesten el puesto a Johnson. 

Finalmente, Joe Biden tuvo un mal año en 2021 y el 22 no pinta nada bueno.  Al paso que vamos este año en las elecciones de noviembre podrían cambiar las mayorías tanto en el senado como en la cámara en los Estados Unidos.  Y a ese paso en dos años es cada vez más probable que se vuelva a montar Trump.  ¡Qué suto!

Por: Juan Manuel Urrutia
Twitter: @JuanMaUrrutiaV1


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