
Cada año, cada medio de comunicación, cada analista, comentarista, especialista, blogguero o requesonista se dedica durante estas últimas semanas a hacer el “balance del año”. Idealmente uno debería esperar hasta la primera semana de enero para hacer el inventario ya que uno nunca sabe. En un divertido proceso, el equipo de la Cucharada hicimos una selección de temas, hubiéramos podido seleccionar otros. Camila coordinó y escribió con algunas contribuciones de otros la sección internacional que está organizada como lo bueno, lo malo, lo feo y lo raro.
A mí, me asignaron la sección colombiana, he preferido no hacer clasificación de bueno, malo y feo porque uff. Tenía una lista larga. Pero toca restringir por espacio. Decidí entonces en una primera entrega concentrarme en tres temas; elecciones, protestas y vandalismos y gobierno Duque. Me quedan dos pendientes difíciles, Bogotá y corrupción. Me comprometo a meterles la cucharada en la primera semana del año entrante.
En el 2022 tendremos tres jornadas electorales, las legislativas y las consultas para candidatos presidenciales en marzo, la primera vuelta presidencial en mayo y si se requiere, la segunda vuelta en junio. Cuando se hace un balance del año que pasó debe evitarse caer en el error de incluir en el análisis algún intento de predicción, la bola de cristal se desempaca en enero.
Tenemos un resto de candidatos que no van a ninguna parte y uno que otro que si. Las más recientes encuestas muestran que las preferencias de voto para una hipotética primera vuelta la encabezan Gustavo Petro el voto en blanco y Rodolfo Hernández. A nivel individual ningún otro candidato supera el 10% de la intención de voto. Pero, palabra que se debe usar con cuidado, aquí si hay un pero. Petro engaña a la gente inventando una consulta que de consulta nada tiene, en la que compite con unos payasos que se le han prestado para hacer el show y claro sus huestes, que son más un culto, siempre muestran una clara intención de voto que siempre supera el 20% y casi nunca el 35%. Rodolfo Hernández se presenta como un candidato independiente, con un discurso populista, anticorrupción y anti política tradicional, y registra, porque dice cosas que la gente quiere oír. Oscar Iván Zuluaga, que se supone ser el candidato del partido del mesías del Ubérrimo no registra, esta candidatura parece haber nacido muerta.
Los demás candidatos individuales si están participando honestamente en consultas en dos coaliciones que representan claramente dos sectores del abanico, el centro y el centro derecha. Y claro, como en las encuestas se divide la intención de voto de quienes apoyan a las coaliciones de verdad, ninguno, ni Fajardo, ni Gaviria, ni Juan M Galán en el centro, y ni Fico Gutierrez ni Juan Carlos Echeverry y mucho menos David Barguil en la derecha marcan por encima de 10%. Varios de ellos ni siquiera llegan al 5%.
En el balance, Petro ha consolidado un séquito que lo acompaña en todas, que defiende sus más alocadas propuestas, que son muy alocadas, apoya sus más antiéticas alianzas y ataca con alevosía a quien critique o cuestione al mesías del Pacto Histórico. A Petro ya no le importan las formas, el tío quiere ser presidente y lo demás, ideas, ética, moral, no cuenta y a sus barras bravas eso los mantienen arrechos.
Rodolfo Hernández no es muy diferente, dice lo que cree que la gente quiere oír y por ahora le ha sonado la flauta. Ahí está. Zuluaga es el gran sacrificado por el otro mesías el del Ubérrimo que anda agazapado esperando a ver con qué candidato se la juega.
Las coaliciones andan más ocupadas buscando pegante para mantenerse unidas hasta las consultas que proponiéndole programas, soluciones, ideas al electorado. Siguen muy tibias.
El 28 de abril, estalló una ola de protesta social sin precedentes en la Colombia que me ha tocado a mi. Convocada por un comité nacional de paro al que el gobierno de Duque le incumplió en 2019, la protesta cogió su propia dinámica. La reacción inicial del gobierno, la represión violenta, el resultado el asesinato de cientos de jóvenes por parte de las fuerzas del orden. Y en esa perdieron pues se quedaron con el pecado y sin el género. Durante más de un mes, el país se vio paralizado, no por el paro propiamente sino por los bloqueos, organizados por grupos violentos cuyas prácticas se parecieron más a acciones de terrorismo urbano que a manifestaciones de protesta pacífica.
Culpando la ola represiva desatada por el gobierno, los promotores del caos, impulsaron y articularon la aparición de “las primeras líneas”, de los bloqueos violentos, de los “puntos de resistencia” y de acciones de terrorismo. Culpando la violencia de los manifestantes el gobierno justificó la respuesta violenta y desproporcionada de una policía que de tiempo atrás había perdido el norte ante la falta de liderazgo de sus comandantes.
Así, durante meses, las calles fueron el escenario de un constante enfrentamiento entre jóvenes con uniforme del ESMAD y jóvenes con palos, escudos y machetes. Todos jóvenes, todos pobres, todos colombianos.
Las protestas mostraron esas violencias, pero también mostraron la inmensa frustración de miles de jóvenes que salieron a exigir que se les tenga en cuenta, que se les den oportunidades. Los vimos en los Héroes en Bogotá, los vimos en Cali, en Medellín , en Barranquilla, y en Faca y en Madrid y en El Rosal. En muchas ocasiones desbordados por los vándalos organizados y financiados por quienes promueven el caos y por pescadores en río revuelto, como los Gustavos, Petro y Bolívar.
No queda duda, el gobierno de Duque termina el año con un lamentable bajo nivel de aceptación. Si hay un consenso es que el tipo lo ha hecho muy mal, consenso en el que no participan ni el presidente ni su círculo cercano.
Gastarse el tiempo del lector y el espacio de la columna para describir lo que más del 70% de los colombianos piensan es una perdida de tiempo. El gobierno de Duque es percibido como un desastre.
Los hechos son tozudos. Los aciertos, que ha habido, quedan siempre en entredicho por las mentiras del presidente.
A mi, por ejemplo, me parece que el plan de vacunación ha sido exitoso. Durante el primer trimestre de este año, basado en una página de internet que se llama timetoherd.com, fui duramente critico del plan de vacunación que entre fanfarria y osos descomunales del gobierno había comenzado a paso de tortuga. Me equivoqué. Se han aplicado más de 64 millones de dosis. La meta inicial era de completar el esquema de dos dosis para 35 millones de colombianos, es decir algo menos de 70 millones de dosis ya que uno de los biológicos escogidos es de una sola dosis. Lo que pasa es que, a la vacunación, como al virus, le surgió su variante. Se amplió la base, es ahora hay que vacunar a menores de 18 años y el esquema completo requiere de una tercera dosis. Pero cuando hicieron el pan de vacunación se trataba de lograr una cobertura de 70% de la población adulta. A mi me parece que la reactivación de la economía ha sido exitosa, las cifras así lo muestran.
Pero a un presidente que dice que su ministra de TIC fue la que destapó el escándalo del contrato de los centros poblados cuando tirio y troyanos sabemos que fueron los medios, en especial la W, y más precisamente Paola Herrera que anunció el “torcido” desde diciembre de 2020, la gente no le cree ni las buenas nuevas.
¿De qué le sirve al gobierno decir que capturaron a un criminal que se entregó? Lo único que lograr es poner un manto de duda sobre el operativo y sobre la transparencia de las autoridades.
Y ahí aterrizamos en el talante del presidente y de su gobierno. Mienten, manipulan la información, se esconden detrás de adjetivos rimbombantes y se escudan en una coalición parlamentaria al borde del coma diabético causado por la constante repartija de mermelada que además han aprovechado para tomar el control absoluto de los entes de control, es decir se autocontrolan.
Por: Juan Manuel Urrutia
Twitter: JaunMaUrrutiaV1
