
El 2021 fue un buen año para la paleontología en Colombia. Empezando en abril, Mónica Carvalho y sus colaboradores en el Instituto Smithsonian y la Universidad del Rosario entre otros, publicaron en la prestigiosa revista Science un estudio donde demuestran que el origen de los bosques tropicales se debe al catastrófico asteroide que marcó el fin del periodo Crestásico y la era de los dinosaurios.
Resulta que, hace unos 66 millones de años, las plantas que dominaban eran primordialmente coníferas, como las araucarias modernas, y crecían en ambientes que parecían más una pradera con árboles que un bosque tupido. El asteroide que cayó en México causó una gran nube de ceniza, polvo y roca que sepultó todo y bloqueó la luz solar, causando la extinción de la mitad de las especies de plantas.
Pero los fósiles de polen (ojo, el polen es más chiquito que un granito de sal) y de hojas que se encuentran en Colombia sugieren que de las cenizas surgieron las plantas angiospermas, o sea las que producen flores y hoy en día dominan el paisaje. Además formaron bosques espesos donde la luz del sol ya no llegaba al suelo, como los bosques tropicales que conocemos hoy en día.
Mirando fósiles de hojas pudieron ver también cómo cambiaron las comunidades de insectos herbívoros. Antes del impacto, había muchos especialistas ya que cada especie de planta tenía mordiscos específicos. Pero luego del impacto y con las angiospermas surgieron insectos generalistas, dejando mordiscos iguales en varias especies de hoja diferentes.
¿Por qué es tan importante? Pues aparte de ser un tema fascinante del que se sabe muy poco, porque es bien difícil encontrar fósiles tan pequeños y peor de difícil estudiarlos, este estudio explica el origen de la diversidad de plantas en un sitio megadiverso como lo es Colombia.
Además muestra que las comunidades de plantas y animales pueden cambiar dramáticamente sin que cambie el clima o la geografía. O sea, lo que tenemos hoy en día es consecuencia de un legado histórico producto del azar así como de la selección natural. Si se repiten los eventos, los resultados no serían los mismos.
Este estudio nos dice mucho sobre lo que estamos arriesgando con el cambio climático: cuando hay disturbios tan profundos los ecosistemas cambian de maneras inesperadas, no se recuperan.
Mónica hizo un video hermoso que explica la historia y se puede encontrar aquí: https://stri.si.edu/story/flowers
En noviembre, Dirley Cortés, colombiana trabajando en la Universidad McGill, describió una nueva especie de ictiosaurio que había sido colectado en Sáchica, cerca a Villa de Leyva, e incorrectamente identificado en los 70s. Cortés se dio cuenta que los dientes eran de tamaños diferentes y grandes, lo que sugiere que este animal era un feroz depredador de otros animales grandes, a diferencia de la especie que se suponía que era. El nuevo viejo animalito se llama Kyhytysuka sachicarum, que significa «el que corta con algo afilado de Sáchica».
Aquí hay un artículo chévere sobre la investigadora: https://www.forbes.com/sites/andrewwight/2021/12/19/colombian-paleontologist-studies-her-hometowns-giant-marine-reptile/?sh=c8f2f4457622
Y finalmente cerca a casa, siguen encontrando mandíbulas enormes y dientes gigantes en el sur de Bogotá. Según reporta CityTV, tres obreros cavando un pozo encontraron un montón de huesos a los que les dieron cero importancia hasta descubrir una mandíbula de mastodonte. En ese momento decidieron llamar a los medios (a quién se le ocurre llamar al servicio geológico colombiano?). Aquí se puede encontrar más info: http://lapaleontologiaencolombia.blogspot.com/2021/
Por: Juana Muñoz Ucrós
Twitter: JuanaMUcros
