
En los años setenta del siglo pasado era el demonio para los blancos surafricanos. En 2013, el presidente y el partido de los negros surafricanos trataron de evitar que asistiera al funeral de Nelson Mandela. Ese fue Desmond Tutu.
El líder de la liberación.
Con el Congreso Nacional Africano declarado ilegal, con Nelson Mandela en la cárcel, con la mayoría de los líderes del movimiento anti apartheid asesinados o en el exilio, entre 1975 y 1990, Desmond Tutu fue la voz del movimiento de liberación en Suráfrica.
Mientras la iglesia católica, en los años 70s y 80s del siglo veinte apoyaba dictadores tiranos y perseguía de la mano de esos tiranos a lo que bautizaron los seguidores de la “teología de la liberación”; la Iglesia de Inglaterra, ordenaba como obispo a Tutu, el enemigo público número uno del régimen surafricano. En 1975 ordenado como obispo Tutu fue nombrado rector de la Catedral de Santa María en Johannesburgo. En 1985 fue nombrado Secretario General del Consejo Surafricano de Iglesias, poderosa organización interdenominacional que jugaría un papel definitivo en la lucha contra el apartheid.
Amparado en su notoria posición a la cabeza de la Iglesia anglicana de Suráfrica y como SG del Consejo Surafricano de Iglesias, Desmond Tutu asumió la vocería del movimiento de liberación. Su fuerza se basaba en que enfrentaba a un gobierno que se envolvía en las banderas de la iglesia desde cuyos púlpitos Desmond Tutu lanzaba sus demoledoras críticas. Les decía “¿cómo pueden ustedes llamarse cristianos cuando tratan a mi gente así?”.
Fue siempre honesto, transparente y directo. A las cosas les decía por su nombre. En medio de su lucha por la liberación y buscando apoyo para las sanciones contra el régimen del apartheid no dudó en calificar a Ronald Reagan de racista por su oposición a las sanciones.
El líder de la reconciliación
Tras la victoria de Nelson Mandela, Suráfrica necesitaba superar el pasado y encontrar la reconciliación. Nelson Mandela le encargó esa tarea a Desmond Tutu. Y el arzobispo la llevó a cabo de manera magistral como presidente de la Comisión de la Verdad y la Reconciliación. En medio de lagrimas y cantos Tutu presidía las sesiones de la comisión, en las que se vivieron momentos de intenso dramatismo por los horrores que confesaban quienes ante la comisión se presentaban.
Tutu sabía que la construcción de la Suráfrica por él soñada, a la que bautizó la “Nación del Arco Iris” (The Rainbow Nation), requería un intenso proceso de sanación; Tutu se convirtió en el sanador. Con su increíble sentido del humor y su perseverante creencia en el perdón y la reconciliación, Desmond Tutu construyó la paz de Suráfrica.
Se volvió el faro de la reconciliación de las sociedades.
Los últimos años
Figura reverenciada por unos y otros, Desmond Tutu le había dado todo a Suráfrica, pero desafortunadamente, el partido que él defendió y que ayudó a llevar al poder y a consolidarse en el poder, perdió el rumbo. El Congreso Nacional Africano se sumió en la corrupción. Tutu volvió entonces a su radical oposición a la injusticia. Se convirtió en feroz crítico de Jacob Zuma quien haría hasta lo imposible por sacarlo del medio.
En estos tiempos de polarizaciones, de absolutismos, de exclusiones, quienes creemos que las cosas se deben hacer de otra manera, incluyendo, escuchando, reconciliando y construyendo debemos volver la mirada hacia las enseñanzas de Desmond Tutu y exigirle a quienes nos gobiernen que las sigan, que las tengan en cuenta.
Por: Juan Manuel Urrutia
Twitter: @JuanMaUrrutiaV1
