
Se va aclarando el panorama. Este fin de semana se logró el acuerdo que establece las condiciones de base de la Coalición Centro Esperanza, (ese nombre no me gusta materile rile ro). Un par de días antes por medio de una cuestionada encuesta el Centro Democrático, es decir el mesías del Ubérrimo había escogido un candidato, a Oscar Iván Zuluaga y otro grupo de precandidatos anunció la formación de una cosa que primero llamaron la coalición de la experiencia que luego rebautizaron con el pomposo nombre de Equipo Colombia. Las dos coaliciones definirán un candidato cada una en las consultas que tendrán lugar el día de las elecciones parlamentarias en marzo. Dos consultas de verdad, en las que los participantes, todos, o casi todos, tienen la posibilidad de ganar. De esas consultas saldrán dos candidatos que tendrían la posibilidad de obtener un resultado positivo en la primera vuelta de las presidenciales y si las encuestas no se equivocan competir con el mesías de la Colombia Humana en la segunda vuelta. Queda por saberse si la candidatura de Oscar Iván Zuluaga es para ir hasta la primera vuelta o si es para medir las aguas y definir si se mete en la consulta del Equipo Colombia, si es que lo reciben. La mayoría de los comentaristas y opinadores, comentan y opinan que lo de Oscar Iván no va a cuajar y que en realidad el mesías del Ubérrimo ya tiene su candidato escogido, que es Federico Gutiérrez.
Si lo que comentan y opinan es lo que es, entonces tendremos tres grandes corrientes peleando la primera vuelta, el que diga el mesías del Ubérrimo que sería Fico con una agenda de derecha, el mesías de la Colombia Humana con una agenda mesiánica, demagógica y plagada de inconsistencias, a imagen y semejanza de su lamentable gestión como alcalde de Bogotá; y un candidato verdaderamente escogido por los votantes con un programa construido por los firmantes del acuerdo de la Coalición de Centro Esperanza.
Enciendo el opinador.
Empiezo por el principio, la gran mentira de esa cosa que han dado el llamar el Pacto Histórico. Por meses me burlé del tal pacto porque de histórico no tenía nada, pero me demostraron que estaba equivocado. Es histórico que un pacto que se anunció como una opción de oposición, de cambio, de renovación haya terminado pactando con tres o cuatro o cinco personajes que ejemplifican toda la corruptela, todo el clientelismo y todo el descaro del quehacer político que ha llevado a Colombia a niveles intolerables de corrupción y de violencia. Los “duros” del pacto histórico que no dudan un minuto en condenar a los miembros de la Coalición Centro Esperanza se toman fotos, orgullosos, posando con Luis Pérez y con Alfredo Saade. El mesías con su sueldo de senador y sin asistir a una sola sesión recorre el país llenando plazas en manifestaciones de campaña, pese a que las campañas no deberían empezar sino tres meses antes de la elección. Pero como lo demostró en Bogotá a Petro no le importa la institucionalidad ni la ley, se las pasa por la faja. Se inventó el tal pacto histórico y quien sabe a cambio de qué prebendas organizó una “consulta” con otros precandidatos de mentiras, a quienes les debería dar vergüenza prestarse para semejante sainete. Yo esperaba más de Francia Márquez, una mujer seria, respetable, que no debería estar en compañía de seres tan poca cosa como Roy Barreras, Camilo Romero y el pastor Saade. Como será el montaje que hasta sus supuestos “rivales” hablan de un triunfo de su candidato en primera vuelta.
Sigamos con el Equipo Colombia. En este grupo están los grandes electores de la política tradicional. El clan Char que controla el voto en la costa, Dilian Francisca Toro que maneja los hilos del partido de la U, untado de mermelada hasta los tuétanos por el gobierno de Duque y el partido conservador que se ha especializado en mover una maquinaria electorera en las parlamentarias para luego canjear el poder obtenido por las lentejas que quiera tirarle el gobierno de turno. Da pena ver a gente preparada y seria con Juan Carlos Echeverry o Enrique Peñalosa codeándose con David Barguil, con Alex Char y con Dilian Francisca. Queda por verse si Cesar Gaviria, decepcionado por haber perdido el control de una candidatura que puede ser exitosa como la de Alejandro Gaviria se va a pegar a esta coalición o si el partido liberal irá con candidato propio a la primera vuelta. Quien gane esta consulta saldrá fortalecido con los votos que le sumen las maquinarias mencionadas. Tendrá en su contra el absoluto desprestigio del gobierno de Duque que tendrán que administrar y tendrá la amenaza de los zarpazos que se lanzarán desde el Ubérrimo por el presidente fundador del Centro Democrático si es que decide que Fico es su candidato, como todo parece indicar.
Y queda la Coalición del Centro Esperanza. Esperanza es la última que se pierde dice Esperanza que es muy orientada. Tienen que demostrarlo. Mientras Petro recorre el país desnudando problemas y proponiendo soluciones con frecuencia absurdas, que parecen sacadas del decálogo de un eterno candidato presidencial de la segunda parte del siglo XX que se llamaba Goyeneche, antes de hacer el acuerdo del “cónclave” con Gaviria, los precandidatos del centro se paseaban por el país haciendo unas reuniones desabridas que más parecían una sentada de pensionados tomando café y comentando la situación del país. La Coalición del Centro Esperanza tiene que meterle perrenque a su o sus campañas. Los partidos que la conforman tienen que lograr un resultado importante en las elecciones parlamentarias que los muestre competitivos y que establezca condiciones de gobernabilidad para un gobierno del candidato que sea elegido en la consulta. El reto del Nuevo Liberalismo, de los Verdes que están con la coalición, del movimiento que ha consolidado Sergio Fajardo y del que está consolidando Alejandro Gaviria es definitivo, tienen que producir un resultado electoral en las parlamentarias que despierte la pasión de los colombianos que no queremos más polarización y que no queremos más violencia verbal. Para ser opción real, la CCE tiene que mover y conmover a un electorado que lleva años esperando no tener que votar por el menos malo. Yo no le tengo miedo a Petro ni a Fico, le tengo miedo a un gobierno populista, extremista y excluyente que podría dar nacimiento a un régimen totalitario.
Por: Juan Manuel Urrutia
Twitter: @JuanMaUrrutiaV1
