COP26 – resultados

Ni tanto que queme el santo ni tan poco que no lo alumbre.

Esa parece ser la posición de los países ricos en la COP 26 que se termina hoy, en principio, y cuyo presidente aún cuando escribo esta columna espera lograr la firma de un documento que él ha descrito como un paquete balanceado.  Al otro lado de la calle está el columnista George Monbiot de The Guardian que en su cuenta de tweeter @COP26_tv simple y llanamente dice que el documento propuesto es patético y mustio (“This pathetic limp rag of a document”) y remata diciendo que la COP26 no se realizó para proteger la vida en la tierra sino para proteger a la industria de los combustibles fósiles.  El trino de Monbiot ha sido retuiteado por la celebridad/activista Greta Thurnberg quien lleva días diciendo que la COP26 es un fiasco.

Dejémonos de vainas: para salvar el planeta el objetivo central y definitivo es disminuir la temperatura global a un nivel no superior a 1.5 grados Celsius por encima de las temperaturas de la era preindustrial. 

Entre otras medidas, para ello se requiere eliminar totalmente la extracción y utilización de combustibles fósiles para el año 2030.  ¡Eso no está ni tibio!

En la noche del sábado se cerró la COP26, su presidente el ministro del Reino Unido, Alok Sharma trató de presentar un panorama alentador.  Dijo que el acuerdo logrado era un triunfo frágil.  Un triunfo frágil es cuando tu equipo de futbol va ganado el partido uno a cero, tiene un triunfo frágil, le zampan dos goles en el tiempo de adición y quedas como Maturana, diciendo “perder es ganar un poco”. 

Uno de los goles del minuto 91 de la cumbre, lo anotaron India y China, los dos países más poblados del mundo y tal vez los dos países que más daño individual pueden hacer en materia de calentamiento global.  Lograron hacer cambiar el lenguaje final del documento en lo que al carbón se refiere.  El borrador proponía “eliminar (phase out) el carbón para el año 2030”; la redacción quedó “disminuir (phase down) el carbón para el año 2030.  ¡Goooooooooooooooooooooool!

Pero Maturana puede tener algo de razón.  Se perdió la oportunidad de acabar con el carbón en esta década. 

Sin embargo, aunque con observaciones y teniendo en cuenta el efecto del gol de último minuto, el texto acordado envía un mensaje claro sobre la necesidad de acelerar la transición energética en la década que termina en 2030.  En un típico lenguaje de la comunidad internacional el texto “invita” a considerar acciones adicionales sobre las emisiones que no son de CO₂, como el metano.  Llama a las partes a acelerar la transición hacia sistemas de energía de bajas emisiones, incrementar la generación de energías limpias y eficientes.  Finalmente, el texto invita a las partes o hace un llamado a las partes a acelerar esfuerzos hacia el desfase del carbón, y de los subsidios ineficientes para los combustibles fósiles.  Es la primera vez que el documento acordado en una COP contiene lenguaje específico en estos asuntos.  Los que están obligados a ver el vaso medio lleno ven esto como una oportunidad para promover acciones y compromisos más concretos. 

Patricia Espinoza, la secretaria ejecutiva de la Convención Marco de Naciones Unidas sobre Cambio Climático, o sea la jefa, dijo: “Me gustaría subrayar que el gran salto hacia adelante en nuestras negociaciones es el hecho que por primera vez en este contexto hemos hablado de carbón y de combustibles fósiles”.  Esas palabras resumen la visión de los diplomáticos, convencidos que los grandes cambios en la comunidad internacional se logran acumulando pequeños pasos. 

Los que estaban en la calle, los activistas ven este texto como la reafirmación de una oportunidad perdida.  En palabras de Greta Thurnberg, el COP26 acabó siendo puro Bla,bla,bla.  El activismo es así, y debe serlo, pero gobernar es aceptar compromisos y buscar salidas, no siempre al gusto de los activistas. 

Ahora bien, el daño ya está hecho.  Y el daño es el resultado de 200 años de economías carbono dependientes.  Este asunto merece un capítulo especial en las discusiones de las COP.  El nombre que se le ha dado es “pérdida y daño”.  Fundamentalmente consiste en que los países que lograron altos niveles de desarrollo y bienestar, eso que llaman el norte, paguen la factura mediante compensaciones por pérdida y daño a los países más afectados por el cambio climático que son los menos desarrollados.  Y en esta materia, la COP26 salió con un chorro de babas.  El texto final incluye algún lenguaje sobre solidaridad y sobre mitigación, pero nada que se acerque a los compromisos requeridos y a las expectativas de los países que se verán más afectados por el cambio climático.

Otro pendiente que quedó sin definición es el muy importante asunto del mercado de carbono que es el mecanismo por el cual los pequeños emisores pueden vender parte de su cuota de emisiones a los grandes emisores que así podrían cumplir su cuota restando lo adquirido.  No se si me explico, pero es lo mejor que puedo hacer.  En este tema la COP26 también salió con un chorro de babas.

Lo acordado en la COP26 era indudablemente necesario, pero todo parece indicar que no va a ser suficiente.

Por: Juan Manuel Urrutia
Twitter: @JuanMaUrrutiaV1

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