El péndulo

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El efecto del péndulo, acelerado.

Como es costumbre, el martes 2 de noviembre, primer martes del mes, en Estados Unidos se realizaron elecciones, en esta ocasión se jugaban varias sillas de gobernadores y alcaldes.  Cada cuatro años, esta elección es un indicador adelantado de lo que se espera suceda en las cruciales elecciones de la mitad del período presidencial en las que se definen todas las 435 curules de la Cámara de Representantes y un tercio del Senado.  El nombre colombiano sería mitaca.  Y cada cuatro años lo que pasa en el estado de Virginia es significativo.  Por eso la elección del republicano Glenn Youngkin como gobernador de Virginia ha tenido tanta resonancia y ha sido objeto de tanto análisis. 

Primero la primaria, Virginia ¿era? un bastión demócrata; la silla del gobernador de Virginia había sido ocupada por demócratas durante los últimos ochos años y hace un año Joe Biden le ganó la elección en Virginia a Trump por diez puntos, o sea lo barrió.

Segundo, Youngkin logró presentar un discurso suficientemente moderado para los (sic) moderados y suficientemente Trumpista para los votantes a la extrema derecha del espectro.  Los republicanos moderados que votaron por Biden hace un año encontraron en el discurso de Youngkin una buena razón para regresar al redil.  Su campaña se centró en los derechos de los padres a intervenir en los currículos que se les enseñan a sus hijos y ofreció prohibir la teoría crítica de la raza, (Critical Race Theory), desarrollada en Harvard por un grupo de profesores de derecho y que define el concepto del racismo estructural de la sociedad estadounidense.  Este tema ha sido un importante caballo de batalla de los republicanos, con los más extremistas exponentes de la derecha, como Mike Pence y Ted Cruz, llamándola una teoría tan racista como el credo de los supremacistas blancos.

Tercero la derrota de los demócratas se explica también como un resultado del efecto negativo en la popularidad del partido que controla la Casa Blanca.  Lo que los analistas llaman el efecto péndulo en la política norteamericana. La elección del gobernador de Virginia, que siempre tiene lugar  un año después de la elección presidencial, se ha volteado contra cada uno de los presidentes electos, no los reelectos, desde 1981.   Es decir, presidente nuevo pierde en Virginia.

Esto no quiere decir que la victoria de Youngkin no preocupe a los demócratas.  Su discurso a la vez trumpista y moderado es premonitorio de lo que puede lograr el partido republicano en las elecciones legislativas de mitaca, en 2022, cuando se podría voltear la mayoría que los demócratas ostentan tanto en el senado como en la cámara de representantes.

Al margen del clásico movimiento pendular de las preferencias partidistas en los Estados Unidos, preocupa el marcado descenso en la popularidad de Joe Biden que se vendió ofreciendo ser competente, centrista y experimentado en política exterior.  Fue visto como la forma de rechazar el trumpismo.  Lamentablemente la retirada de Afganistán fue una debacle y las “guerras culturales” son feroces, como nunca antes.  Como resultado, la popularidad de Biden en caída libre.  Mal puede esperar resultados electorales positivos un partido al que pertenece un presidente que enfrenta tales niveles de descontento y desaprobación.  Los resultados en las elecciones en Virginia muestran un explosivo aumento en la participación en los condados de mayoría republicana frente a una disminuida participación en los condados de mayoría demócrata.

Se suma la miopía del ala progresista del partido demócrata, un grupo de activistas con grados universitarios que consideran que la mayoría de los votantes muchos de los cuales no tienen grados universitarios, deben pensar como ellos en asuntos complejos como el racismo o la forma en que debe funcionar el gobierno.  Esa miopía ha ido alienando al electorado y ha causado innecesarias demoras en el avance de la agenda legislativa del gobierno de Biden. 

Es cierto, el movimiento pendular en la política norteamericana se la pone difícil al partido que ocupa la Casa Blanca en las elecciones de mitaca (mid term), sobre todo en la cámara de representantes.  El riesgo de perder las mayorías es alto y el resultado podría afectar en gran medida la gobernabilidad de un presidente que es buena papa, pero que ha resultado regular tirando a malo y que no ha logrado ni siquiera el apoyo del ala “progresista” de su partido. 

Como dicen “el palo no está pa cucharas”.  Esta semana Biden logró finalmente sacar adelante en la cámara un pedazo importante de su agenda legislativa, el plan de infraestructura.  Lo logró gracias a que 13 republicanos votaron a favor lo que anuló los votos en contra de 5 demócratas progresistas.  Y sin la ayuda de todo su partido, es muy difícil que Biden logre avanzar significativamente su agenda, mostrar resultados en los próximos meses y mejorar su imagen.  Con una tasa de aprobación del 42% de su presidente el partido demócrata está encaminado a perder las elecciones de mitaca.  El partido republicano controlando senado y cámara podría llevar a Trump a una nueva victoria en 2024.  El partido republicano podría mantener las mayorías legislativas en esa elección, lo que hace que el partido demócrata corre hoy el riesgo de perder las mayorías y la posibilidad de influir en la agenda legislativa de los Estados Unidos hasta 2026, si bien les va.

Biden no se ayuda, pero su partido anda empujando el péndulo como Mónica empujaba el columpió de nuestra nieta Julia mientras ella gritaba “ico ico más duro señoa Mónica”.  Si le decía a su abuela señoa Mónica. 

Si Biden fuera ruso les gritaría a sus amigos de ala progresista del partido, “oigan hermanos dejen de sacudir el andamio”.

Por: Juan Manuel Urrutia
Twitter: @JuanMaUrrutiaV1

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