Pandoreando andan

Salieron los papeles de Pandora.  Y, en Colombia, salieron casi igual de rápido los fariseos.

No hay que confundirse.  Es escandaloso que la gente más rica del mundo, que algunos jefes y ex jefes de Estado, políticos y una que otra estrella o deportista, tengan por costumbre esconder la platica.  Se pasan la vida en esas y cada cierto tiempo aparece una filtración que los deja “expuestos”.  Viven siguiendo las recomendaciones de asesores legales que les cobran fortunas por “manejar sus fortunas”.  Algunas de las historias son verdaderamente horripilantes. Para quien quiera internarse en el tema recomiendo el informe de BBC News sobre las inversiones secretas en finca raíz en Londres y un informe del Washington Post sobre una empresa llamada Trident Trust de Sioux Falls South Dakota en los Estados Unidos.

Pero no se pueden confundir las almas tibias con las almojábanas o como decía el gran Pacho Vergas, mijo no confunda la mierda con la pomada.

Por ejemplo, no le veo mucho sentido a que Gustavo Bolívar que se jacta de su mansión en Miami y de su yatecito, se vaya lanza en ristre contra el director de la DIAN porque el pobre tipo tiene una sociedad que a su vez tiene una cuenta con diez mil dólares y que el señor ha declarado como consta.   Ridículo. 

Yo soy relativamente acomodado, pero no tengo con qué hacer grandes inversiones, ni aquí ni puallá.  Pero sobre todo no entiendo para qué se mete un expresidente de la República en el bollo de crear una sociedad en Panamá para que le maneje sus ahorritos o su inmensa fortuna a menos que quiera mantener cierto nivel de secreto.  “Es que me aburre que se sepa cuánta lana tengo”, diría alguno.  Lo malo es que igual se acaba sabiendo, pero con el manto de duda de falta de transparencia sumado a la suspicacia del ¿y porqué tenía esa plata escondida?   ¿Vale la pena?  Uno entiende que el oligarca ucraniano Gennadiy Bogolyubov, investigado por el FBI por lavado de activos necesite de un entramado de sociedades algunas de ellas creadas en algún paraíso fiscal para comprar una colección de inmuebles en Londres avaluados en 400 millones de libras esterlinas.  Volviendo a la sociedad en Panamá, lo peor de todo es que acaba uno en una lista acompañado por la joyita del señor Bogolyubov y otras aves del mismo pelaje. 

En este país de fariseos, los medios de comunicación concentran sus titulares en los expresidentes Pastrana y Gaviria, en la vicepresidenta y la ministra de transporte y en el director de la DIAN que sí por algo tendría que renunciar, es por ingenuo.  Ninguno de esos cinco casos parece tener los visos escandalosos que se les ha querido dar.  En cambio, el país sí debería saber cuánta lana les encontraron escondida en la caja de pandora a los billonarios mencionados en la lista. 

Me molesta el fariseo discurso y el demagógico dedo acusador contra todo el que tenga un centavo o un millón de dólares en el exterior.  Eso no es ilegal ni antiético, ni antipatriótico, como sugieren algunos.  Lo que es ilegal y antiético es esconder la plata usando los mecanismos que salen a relucir cada vez que se destapa una de estas cajas de pandora.  Cuando uno mira con cuidado entre más secreta la cuenta y más enredado el entramado de sociedades más mal habida la plata.

Ahí les dejo una lista de colombianos para que Ustedes queridos lectores saquen sus propias conclusiones.  

https://www.infobae.com/america/colombia/2021/10/04/los-colombianos-involucrados-en-los-pandora-papers-desde-shakira-hasta-expresidentes/

Purrundún

El lunes 4 de octubre yo andaba muy embarbascado poniendo al día la contabilidad del negocio, si a eso se le puede decir negocio, de la lechería.  Temprano, le mandé un mensaje a mi adorada Caro deseándole feliz semana.  Más tarde Mónica se fue a Bogotá con otra hija, Juana, a una cita y la tercera Cami generalmente se reporta con un mensaje que me parece amoroso en el que me manda los titulares de la prensa internacional para que yo empiece a pensar cuál será la columna del miércoles.  Hacia las 10:30 hice una pausa y me di de cuenta como decimos en estos medios veredales que Caro no había contestado, que Mónica no se había reportado y que Cami no había aparecido.  Abrí el guasap y el pinche relojito ese que da vueltas.  Le eché la culpa a la interné veredal y seguí moliendo cifras y recibos.  A medio día volví a checar, como dicen los mexicanos, el guasá y nada.  Me pareció raro.  Para revisar la interné me metí e BBC News y suás la noticia el guasá, el feis y el insta caídos.  Mire el tuiter y ese sí.  Y la mayoría de los tuits comentaban la caída de las redes.  Yo no soy my guasapero, salvo con mis tres niñas, mis hermanos y dos o tres grupos de amigos, entro al feisbuc una vez al día y eso cuando me acuerdo, puedo pasar días sin revisar y el Instagram, aunque lo tengo, ni lo entiendo ni el me entiende a mí.  A juzgar por las reacciones de tuiteros, comentaristas de radio, noticieros y medios internacionales, la caída de la red de Facebook demostró la dependencia de la mayoría de la población con accesos a telefonía celular de las redes sociales y la enorme tajada del ponqué que se lleva el señor Zuckerberg.  No sé de qué cantidad de noticias e informes me perdí.  Yo al final del día estaba en las mismas que un día con redes.  Sabía que mis seres queridos, mis amigos, nuestras vacas y los árboles de Vegas de Fute estaban bien.  Mirando el tuiter si me percaté que a otros la caída de las redes los había impactado sensiblemente.  Negocios perdidos, oportunidades fallidas, amores enredados, pero también mucha gente que si no puede estar viendo las redes a ver qué influencian los influenciadores se sienten vacíos.  Y hoy en la mañana tanta gente diciendo que la caída de las redes fue una bendición que les permitió redescubrir otros placeres a la vez que están otra vez pegados y pegadas del guasá, del feis y del insta.  Así somos.

Por: Juan Manuel Urrutia
Twitter: @JuanMaUrrutiaV1

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