La semana que ya pasó

Foto: Presiente Iván Duque durante su intervención en las Naciones Unidas 2019

El paseo

El alud de críticas fue tomado una vez más en la Casa de Nariño por el presentador presidente y su equipo con la acostumbrada displicencia, esa que le costó al país semanas de violencia y bloqueos por su testaruda defensa de una reforma tributaria que había nacido hundida.  Mostró el presentador la misma soberbia tozudez con que defendió a la exministra de las TIC hasta la víspera de que la cocinaran en un debate en la cámara de representantes.  Se trataba esta vez de la lamentable y escandalosa forma en que el gobierno gerenció la participación de Colombia por invitado de honor en la Feria del Libro en Madrid.  Tres errores crasos y un solo culpable verdadero, la soberbia de Duque.  Como en el noticiero de televisión:

UNO, el gobierno decidió que utilizaría el pabellón de Colombia para premiar lambones y castigar críticos.  Ante la desenmascarada resultante de las críticas de escritores y demás gente del mundo del libro, sacaron a defender la selección al embajador de Colombia en España que se inventó el concepto de literatura neutral, madre mía.  A mi me pueden decir que mis columnas son malas, que son insoportables y seguiré tratando, pero si me dicen que son neutras, boto la computadora y me dedico a echar solitarios. Luego salió la vicepresentadora/canciller a explicar, y como dicen por ahí “mejor no aclare Martuchis, que oscurece”.  El resultado: el pabellón de Colombia, país invitado de honor a la Feria del Libro de Madrid quedó salpicado de la mediocridad del gobierno de Duque.

DOS, para sumar a la soberbia mediocridad de la selección de autores que nos representarían el presentador presidente se autoseleccionó para presentar su libro.  Desde la Casa de Nariño anunciaron que el presentador presidente con una nutrida comitiva viajaría a Madrid a presentar su libro en la Feria del Libro.   Tal fue la andanada de críticas y comentarios que no les quedó más remedio que cancelar la presentación del libro.

TRES, la cereza del pastel, la constituía la anunciada visita del presentador presidente a la Feria del Libro, programada para el viernes 17 de septiembre.  Desde que se anunció la visita empezaron las manifestaciones de protesta y la feria en lugar de estar decorada con carteles alusivos a la literatura colombiana, país invitado de honor a la feria, estaba inundada de carteles alusivos a la represión desatada por Duque en defensa de la reforma de su ahora representante en la junta del Banco de la República, “Nos están matando” se podía leer con frecuencia en los carteles.  Resultado: al presentador no le quedó más que cancelar su visita a la Feria del Libro y salir con el rabo entre las patas para Washington en donde su embajador, en antes santista, luego independiente y ahora uribista Juan Carlos Pinzón, acuciosamente le organizó una cena de desagravio con el multimillonario Jeff Bessos y tres encuentros con otros magnates de esos que pagan para tener una foto con un jefe de Estado encima del piano de cola de la casa. 

El lunes viajó a Nueva York a participar en al Asamblea General de Naciones Unidas.  Su importante y trascendental discurso ante la asamblea, fue escuchado como año tras año, por un puñado de funcionarios de tercer nivel de alguna que otra misión.  Uno no entiende cuál es la insistencia de países sin influencia real en la agenda internacional de ir a hablar babosadas a la Asamblea General cuando ya sabemos que ese ente inoperante que llaman “la comunidad internacional” la manejan los cinco países con derecho de veto en el Consejo de Seguridad.  Y si no me creen averigüen a ver que está haciendo la tal “comunidad internacional” por las mujeres de Afganistán.

Como nos tiene acostumbrados, Duque elogió su gestión, pobrecito nadie lo elogia, insistió en que su gobierno puso en marcha “la más ambiciosa agenda social de este siglo y tal vez de nuestra historia reciente”.   Extraño que esa agenda social haya producido el levantamiento social más largo y violento que yo haya visto en mis 70 años de vida.  Nuevamente se refirió a la dictadura venezolana y se atrevió a dar instrucciones a los negociadores que se encuentran en México buscando una salida a la profunda crisis social económica que sufre el hermano país. Y ya para terminar como decía el gran Arturo Abella, aprovechó para echarle puyas a los acuerdos de paz.  Afortunadamente fue el último discurso de este payaso en la ONU.

El viaje a España, calificado de trascendental por el gobierno, sus áulicos y claro todos los miembros de la comitiva resultó siendo un paseo al que matizaron con un almuerzo con el Rey Felipe y una reunión con el presidente del Gobierno español, reuniones que no tuvieron realce alguno.  Ah sí, se me olvidaba el presentador presidente le dio un reportaje a El País que desafortunadamente ha sido eclipsado por el que dio su archienemigo Gustavo Petro.

La lógica

Como era de esperarse, con ocho votos a favor y uno en contra, la Sala Plena de la Corte Constitucional ordenó, el jueves 16, al Consejo Nacional Electoral (CNE) otorgar la personería jurídica a la Colombia Humana, movimiento que lidera el senador y precandidato presidencial Gustavo Petro.  Era un despropósito tratar de desconocer la existencia de un partido político que lideró una coalición que obtuvo más de ocho millones de votos en la elección presidencial de 2018. 

Si Gustavo Petro fuera intelectualmente honesto, cancelaría la payasada del Pacto Histórico y encabezaría la candidatura de Colombia Humana, ya que él reclama que los más de ocho millones de votos que obtuvo su candidatura presidencial en 2018 son votos de la Colombia Humana, desconociendo la participación y la contribución de otras fuerzas políticas, incluido el Partido Verde, en ese resultado.

El tal Pacto Histórico se lo inventó Petro para poder encabezar algo en las elecciones parlamentarias de marzo de 2022.  Y para fortalecer su pacto Petro ha ido renunciando a sus principios uno por uno.  

Si la carrera política de Gustavo Petro tuvo algo que le diera consistencia era su decidida oposición, casi visceral, a todo lo que fuera oportunismo y clientelismo, a todo contubernio con la corrupción de los políticos objeto de sus mordaces ataques.  Difícilmente puede uno encontrar dos personajes de la política colombiana que más puedan representar el oportunismo y el constante mantenerse al borde de los límites de la ética, que Roy Barreras y Armando Benedetti.  La fuerza de Gustavo Petro nació de su vehemente y articulada oposición a esas formas de hacer la política en las que tanto el barranquillero como el vallecaucano eran destacados exponentes.

Durante su muy pobre gestión como alcalde mayor de Bogotá, Petro fue un adalid de las causas LGTBI, del feminismo y defendió la despenalización del aborto.  Sin embargo para consolidar su pacto histérico, sin ningún empache recibió con abrazo y foto la adhesión de Alfredo Saade, autoproclamado líder del movimiento cristiano Levántate Caribe que supuestamente reúne 450 iglesias cristianas, confeso homófobo y declarado enemigo de la legalización del aborto.

“A Saade lo presentaron como el líder de un movimiento que reúne a cerca de 450 iglesias evangélicas en varias regiones del país. La Silla Vacía intentó averiguar por su movimiento con pastores de tres iglesias cristianas importantes y con Bibiana Ortega, una experta en el movimiento evangélico y la política, y ninguno de los cuatro lo había oído mencionar. De Saade sabían los políticos”, Juanita León, La Silla Vacía, DIOS LLEGÓ A LA CAMPAÑA DE LA MANO DE LOS PROGRESISTAS. Bogotá, septiembre 19 de 2021.

En su artículo León presenta la verdadera faceta del señor Saade, un oportunista de la política del Cesar, al más puro estilo de sus ahora compañeros de pacto, Benedetti y Barreras.

Pero Petro en su oportunismo demagógico y populista sabe que su tal Colombia Humana no es un partido lo suficientemente sólido.  Petro es audaz, Petro es inteligente, Petro sabe que su alto porcentaje en las encuestas se lo da su posición como líder del “antiuribismo”, y sus cálculos le dicen que la Colombia Humana no le alcanza.  Sabe que necesita aliados oportunistas como Barreras, Benedetti, Saade y Piedad Córdoba que se sienten muy cómodos en el Pacto Histérico y menos en la Colombia Inhumana.  Sabe que necesita la fuerza de la imagen de Iván Cepeda quien no puede hacer parte de una lista de Colombia Inhumana a riesgo de ser acusado de doble militancia. 

Petro a fin de cuentas sabe que un discurso demagógico, alianzas pegadas con babas oportunistas, ataques infundados a otros candidatos, al presidente Duque a quien sin querer queriendo llamó asesino en el reportaje de El País, son los condimentos ideales para que no le pregunten por sus ejecutorias como alcalde de Bogotá, ni por uno que otro pecadillos suyo pero sobre todo de sus aliados y sobre todo para que no le vayan a pedir que explique el fundamento de sus demagógicas propuestas.

… y la noche que viene

Cápsulas

Según The Economist, el acuerdo AUKUS, al que se refirió Camila, genera un profundo cambio en la geopolítica internacional.

Emilio Tapia, uno de los cerebros del robo a Bogotá vuelve a aparecer en los estrados judiciales, esta vez acusado de estar detrás del entramado de corrupción que le costó el puesto a Karen Abudinen y que dejó sin conexión de internet a 7,000 centros educativos a donde van los niños y las niñas menos favorecidos por nuestro inequitativo sistema.

Excelente noticia el regreso de la revista Cambio bajo la dirección de Daniel Coronell.  El uribismo tiembla.

Por: Juan Manuel Urrutia
@JuanMaUrrutiaV1

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