
A lo largo de su gestión de gobierno, Iván Duque y sus ministros han devaluado con premeditación y alevosía el valor de la palabra. A la gente hay que creerle, decía el maestro Darío Echandía. Pues a esta gente no se les puede creer ni el “padre nuestro”.
Mienten descaradamente.
En febrero de 2019, se inventaron en la cancillería colombiana, con algún apoyo del Departamento de Estado de los USA y la ingenuidad de Richard Brandson, el de Virgin, un concierto en la frontera venezolana dizque para apoyar el ingreso de ayuda humanitaria a Venezuela y al gobierno legítimo de Juan Guaidó. En esa ocasión el presidente Duque, la vicepresidenta, el ministro de relaciones exteriores y obviamente el mesías del Ubérrimo anunciaron que era cuestión de horas o de días para que el dictador Maduro cayera. Montaron la agenda de la política exterior de Colombia sobre esa gran mentira. Dos años y seis meses después Maduro consolida su poder, la oposición con Guaidó incluido negocia un acuerdo con el gobierno de Maduro y lo único que le queda al mentiroso de Duque es salir a darle línea sobre hacia donde debe ir la negociación a los venezolanos, baboso.
Luego el presidente Duque se volvió presentador de televisión y durante algo más de un año, presentaba un programa de una hora, que era tan aburrido que yo no lo pude ver, así que no sé cuántas mentiras diría.
Con ocasión de una operación militar contra las disidencias de las FARC, fueron asesinados varios niños. Sin sonrojarse el ministro de defensa los calificó como máquinas de guerra. Niños y niñas víctimas de reclutamiento forzado y asesinados por las fuerzas del Estado ¿máquinas de guerra? ¿no les da pena?
Ante el estallido social del 28 de abril de 2021, el presidente sacó a la policía con orden de reprimir la protesta, mientras decía que estaba abierto al diálogo. La violencia desatada por la represión dio nacimiento a una reacción popular igualmente violenta que mediante bloqueos ilegales paralizó a Colombia durante más de un mes y de la que queda como efecto secundario el nacimiento de un movimiento de terrorismo urbano que se escuda bajo el nombre de Primera Línea y que aún hoy en día sigue provocando desmanes y asesinando civiles y policías inocentes. Si el presentadorcito le hubiera dado valor a la palabra diálogo habría abierto un espacio para ese dialogo. Así no sucedió. Hablaban de diálogo y mandaban a matar.
El huracán Iota se ensañó con San Andrés y Providencia. El presentador se apuró a hacer presencia y promesas. Sin empacho dijo : «Lo importante es llegar rápidamente con toda la ayuda humanitaria y, como se lo he dicho al equipo, vamos a poner un plan de reconstrucción de la isla de Providencia para hacerlo, en la medida de lo posible, en menos de 100 días». El 1 de enero de 2021, tras 45 días del anuncio de los 100 días y ante la total falta de avance, el presentador en la cuenta de Tweeter @infopresidencia anuncia “Desde el 1 de enero se dio comienzo al ‘plan 100’ con el que el Gobierno Nacional reconstruirá y construirá en 100 días, hasta le próximo 10 de abril la infraestructura destruida por el paso de los huracanes Eta e Iota”. Se empieza a tejer la mentira.
Han pasado 294 días y obviamente la promesa del presentador no se cumplió. Sin ponerse colorado, en entrevista con Caracol noticia este 7 de septiembre, el presentador cambia el cuento «Yo no dije nunca reconstrucción en 100 días (el subrayado es mío). Yo hablé de un Plan 100. Y el plan 100 que contemplaba: remoción de escombros, atención y restablecimiento de los servicios e inicio de la reconstrucción de las viviendas», fueron las palabras exactas del mandatario. Asimismo, el presidente aseveró que, «a hoy, ya tenemos el 40% de todas las familias de Providencia con una solución integral de vivienda». Primera mentira, el presentadorcito mentiroso dijo que el plan 100 era para reconstruir y construir. Segunda mentira el avance es de 27% no de 40%.
Ni que decir del sartal de mentiras que ha rodeado el escándalo del contrato del Mintic para la conexión a internet para los niños y niñas más desfavorecidos de Colombia. Miente el presidente, miente la ministra, mienten los miembros del partido del mesías del Ubérrimo, mienten los lentejos de los partidos de la coalición de la mermelada. Dice la ministra que el ministerio fue víctima de un entramado de corrupción y que ella como salvadora de la patria es quien encabeza la lucha contra los corruptos. Anoche tuvo que renunciar Adriana Meza, secretaria general del Mintic, la mano derecha e izquierda, la fiel escudera que acompaña a la señora Abudinen desde sus primeros pasos en la burocracia estatal siempre apadrinada por el clan Char. Y esta banda de asaltantes de la buena fe pretenden que les creamos que la señora Abudinen, la enemiga de los corruptos, la guardiana de la ética y defensora de su ilustre apellido no sabía, “eche no jodda” como dicen en la tierra de la señora esa.
En la casa de Nariño no se dan cuenta que la gente ya no les cree, que son los hazmerreir de la mayoría de los colombianos.
Pero no es tiempo de risas. Colombia está sumida en una crisis sin precedentes. La inflación de los primeros 8 meses del año ya supera el aumento del salario mínimo que a su vez determina los aumentos salariales de los colombianos, lo que significa los colombianos verán su ingreso real disminuir dramáticamente de aquí a enero de 2022. La inseguridad alcanza niveles monstruosos, robos fleteos, asesinatos se multiplican cada vez con más descaro y más violencia. La corrupción campea.
Y el presentador sigue echando cuentos, su última ocurrencia es que dijo que quisiera que su gobierno sea recordado como el gobierno de la equidad.
Por: Juan Manuel Urrutia
@Juanmaurrutiav1
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