
La pandemia del Covid-19 ha generado la peor crisis económica desde la Segunda Guerra Mundial, según cifras del Banco Mundial, y se proyecta que empujará a millones de personas a la pobreza extrema. La industria turística, consecuentemente, no ha salido ilesa de este periodo sin precedentes, pues de acuerdo con informes de las Naciones Unidas, ha sido de los sectores más afectados teniendo repercusiones directas sobre la hotelería, los restaurantes, medios de transporte, operadores turísticos, aseguradoras de viajes, organizadores de eventos, además de las actividades culturales indirectas como museos, cines, conciertos, ferias, etc. Se calcula que esta industria emplea a 1 de cada 10 personas en el mundo, y puede representar en muchos países el 20% de su PIB (o más).
Las cuarentenas impuestas por los países, además de las restricciones de viaje para entrar o salir de un país, han hecho del turismo una actividad de alto riesgo: el viajero se expone a ser multado al salir de su casa, se expone al contagio en los aeropuertos (en la salida y a la llegada) y en el avión, y expone su billetera a la llegada al ser obligado a pagar hotel para pasar la cuarentena en la nueva ciudad de destino (claro, en algunos sitios). No está fácil.
Asumiendo que toda la población mundial se pone la vacuna (lo cual parece ser imposible con tanto anti vaxxer), y asumiendo que generamos la inmunidad de rebaño suficiente para erradicar la propagación del Covid-19, ¿regresaría entonces el turismo a la normalidad? Tal vez, pero mi propuesta se inclina más hacia la transformación del turismo, un vuelco hacia una tendencia más sostenible y responsable, un turismo que fomente la protección y conciencia ambiental, el empoderamiento de las comunidades, y el fortalecimiento de los negocios locales.
Ahora bien, ¿qué es el turismo sostenible? Según la Organización Mundial del Turismo, el turismo sostenible “tiene plenamente en cuenta las repercusiones actuales y futuras, económicas, sociales y medioambientales para satisfacer las necesidades de los visitantes, de la industria, del entorno y de las comunidades anfitrionas”. En este sentido, el turismo debe estar en armonía con las comunidades locales, los proveedores de servicios, y el medio ambiente. Lo que sucede en uno, afecta a los otros. La pandemia nos ha demostrado que lo que pasa en China, nos afecta en Colombia, en Australia y en el resto del mundo. Y así como afectó la economía, también tuvo un impacto sobre la sociedad y sobre el medio ambiente. Todo está interrelacionado, y no podemos seguir pensando que, porque somos turistas y estamos de paso, no tenemos un impacto duradero sobre la naturaleza ni las comunidades a las que visitamos.
Actualmente los lineamientos de turismo sostenible aceptados globalmente están enmarcados mediante los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas, pactados por 193 países en el año 2015. En total hay 17 ODS, por lo cual voy a aludir a algunos relevantes en materia de turismo.

El turismo ha sido uno de los sectores económicos de más rápido crecimiento desde la década de 1950 con considerables impactos económicos, ambientales y sociales en los destinos de acogida. Para asegurar que los destinos turísticos se desarrollen de manera sostenible, se necesitan políticas públicas, planificación y gestión por parte de los Estados para el desarrollo turístico, en asociación con el sector privado y la sociedad civil (ODS #17 sobre “Asociaciones para el desarrollo”). Demasiado turismo, o un turismo irresponsable, puede generar impactos negativos que no sólo dañan los escenarios que busca proteger, sino que pueden arruinar la experiencia turística.
Tradicionalmente los hoteles all-inclusive han sido catalogados como los que menos derrame económico le dejan al destino. Concebir la idea de sostenibilidad en el turismo, contempla también el tema comunitario. Esto significa que los ingresos generados por el turismo en una ciudad o en un pueblo, deberían en principio filtrarse a las comunidades locales. Lo que muchas veces pasa, es que grandes conglomeraciones de instalaciones turísticas acaparan los ingresos generados por el turismo, y los sacan fuera de la economía local. El turismo comunitario es una forma de garantizar que las ganancias permanezcan en el área (el ODS #1 “eliminación de la pobreza” y ODS #2 “hambre cero”). Y es este el tipo de turismo al cual deberíamos aspirar a llevar a cabo pospandemia, de manera que apoyemos los negocios locales y ayudemos a reactivar las pequeñas economías. Consumir en los restaurantes o puestos de comida callejeros, comprar en las tiendidas de la esquina, visitar atractivos turísticos, consumir local.
Vale la pena destacar que la industria del turismo es también uno de los grandes empleadores de mujeres y jóvenes (ODS #5 es sobre la “equidad de género” y ODS #8 “trabajo decente y crecimiento económico»), el cual permite la generación de empleo y empoderamiento de madres cabeza de familia y de las comunidades locales. El informe de las Naciones Unidas sobre la transformación del turismo por el Covid-19 alerta que “el número de turistas internacionales [a nivel mundial] podría disminuir entre el 58 % y el 78 % en 2020, lo que se traduciría en una caída del gasto que hacen esos turistas de los 1,5 billones de dólares registrados en 2019 a entre 310.000 y 570.000 millones de dólares en 2020. Eso pone en peligro más de 100 millones de puestos de trabajo directos del sector, muchos de ellos en microempresas y pequeñas y medianas empresas (MIPYMES) que dan empleo a una alta proporción de mujeres y jóvenes”.
Por otro lado, el turismo sostenible también puede cumplir una función importante en la conservación y preservación de la biodiversidad, al generar conciencia ambiental y respeto hacia los ecosistemas terrestres y marinos (ODS #15 sobre protección de ecosistemas y “vida terrestre” y ODS #14 “vida bajo el agua”). Por ejemplo, si va a ir uno a la playa, llevarse de regreso toda la basura que generó en vez de dejarla en la arena para que se la lleve la marea. Si sale uno de la habitación del hotel, apagar el aire acondicionado y las luces, no gastar agua, no desperdiciar comida- es decir, tener un consumo responsable. Igualmente aplica a las experiencias del turista.
El cautiverio de animales para nuestro entretenimiento ya no debería de ser tolerado, y es responsabilidad del turista buscar experiencias igualmente gratificantes que no tengan un impacto negativo sobre los ecosistemas. Si lo que se quiere es ver ballenas o delfines y nadar con ellos, la alternativa son los operadores turísticos especializados que hacen excursiones responsables para buscar animales en su hábitat natural, y cuya experiencia de verlos nadando libres será mil veces más gratificante y enriquecedora, cumpliendo siempre con los protocolos de interacción con animales salvajes. También se deben promover las actividades no invasivas con los ecosistemas, como lo es el surf, stand up paddle (SUP), natación, kayak, senderismo, montar en bicicleta, etc., los que permiten disfrutar de la naturaleza sin afectarla. Es responsabilidad del viajero investigar sobre la calidad y el tipo de experiencia que ofrecen los operadores turísticos, y siempre velar por que sean prácticas sostenibles, y es responsabilidad de los gobiernos y del sector privado brindar seguridad y rutas de acceso (o senderos) para tales fines.

Hay destinos donde el atractivo turístico es la liberación de tortugas marinas bebés tras eclosionar. Estas experiencias son valiosas en la medida en que, por lo general, van acompañadas de charlas sobre conservación ambiental, documentación y registro de especies marinas, talleres ecológicos para niños, limpieza de playas, entre muchos otros. Ahora bien, dichas actividades de generación de conciencia ambiental deberían ir de la mano de políticas que a su vez prohíban el ingreso de vehículos motorizados a las playas, debido a su carácter disruptivo hacia el ecosistema. Generan contaminación auditiva y visual que pueden confundir a los animales, además de aplastar los nidos de las tortugas y hasta las mismas tortugas bebés en su rumbo al mar. Pensaría uno que estas políticas son obvias, pero se sorprendería al ver lo poco que son empleadas.

Si bien hay varias iniciativas que los negocios pueden comenzar a incorporar para ser más sostenibles- como lo es la adaptación a energías renovables (ODS #7- energía accesible y no contaminante) construcción con materiales de las zonas aledañas, contratación de empleados locales, reducción de la huella de carbono (ODS# 13 Acción por el clima), brindar capacitaciones para empleados en aras de fomentar su desarrollo profesional (ODS# 4 sobre acceso a “educación de calidad”) etc.,- hay otras que requieren la participación activa de los turistas, y eso no siempre es fácil, pues la gente está de vacaciones y quiere que todo se lo hagan o se le den hecho. Solicitarle a un huésped que separe los desechos orgánicos para compostar, requiere que la persona tenga la iniciativa de hacerlo y tome una actitud proactiva. Es más fácil botar todos los desechos a la basura, en vez de tomarse la molestia de separar la comida, seleccionar los materiales reciclables y apartar lo no reciclable. Como la mayoría de las cosas, es cuestión de costumbre y educación.
Los expertos en la materia especulan que el futuro del turismo pospandemia va a girar en torno a los destinos nacionales, prioritariamente aquellos a donde se pueda llegar en carro – evitar los aeropuertos y reducir al máximo las conglomeraciones de personas para no estar expuesto al contagio. Igualmente se especula que la gente va a buscar los destinos de playa, que sean idealmente aislados, con espacios abiertos y las habitaciones tengan cocinetas para no tener que ir a buffets o a restaurantes y así disminuir los riesgos de estar en espacios cerrados con muchas personas.
Porque no estamos solos y estamos inevitablemente interrelacionados, debemos aspirar a desarrollar y adoptar una industria turística sostenible pospandemia, la cual incorpore a las comunidades de acogida, fortalezca los negocios locales, empodere a las mujeres y a los jóvenes mediante oportunidades laborales y capacitaciones, recurra a las energías renovables, proteja el medio ambiente, brinde alternativas de actividades y experiencias responsables, e involucre a todos los actores interesados en la toma de decisiones y formulación de políticas públicas.
Material de investigación:
Por: Camila Muñoz Ucros
@camunozu
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Se nota que hay conocimiento del tema. La felicito !!
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